solo en la copa bebía,
fiel al recuerdo tenaz,
y al beber humedecía
una lágrima su faz.
Llegó el momento postrero,
y al hijo su reino entero
cediole, como era ley:
solo negó al heredero
la copa el constante rey.
En la torre que el mar besa,
solo en la copa bebía,
fiel al recuerdo tenaz,
y al beber humedecía
una lágrima su faz.
Llegó el momento postrero,
y al hijo su reino entero
cediole, como era ley:
solo negó al heredero
la copa el constante rey.
En la torre que el mar besa,