Al hombre inútil, para el bien estéril,

nada puedo enseñar que de algo sirva,

y sin caudal, ni crédito, ni honores,

vida arrastro que un can despreciaría.

Doyme a la Magia, pues. ¡Oh, si pudiera

el vigor del Espíritu, que anima

al Verbo humano, la secreta clave

revelarme de todos los enigmas!

No con pálido afán sudara sangre

para hacer comprender lo que mi misma