razón no comprendió; y en las entrañas
penetrando del mundo, encontraría
del eterno Poder vivificante,
allí dentro, las fuentes escondidas,
y no hiciera, en insulsas peroratas,
tráfago insustancial de charla ambigua.
A mi angustioso afán, ¡oh luna llena!,
da por última vez tu luz amiga:
¡cuántas, a media noche, tus destellos
bebí ansioso, postrado en esta silla,