cuando aquí, entre volúmenes y folios,

tristes y misteriosos descendían!

¡Fuérame dado en tu viviente lumbre

feliz vagar sobre las altas cimas;

en los antros seguir los vagarosos

espíritus; flotar con tu indecisa

muriente claridad en las praderas,

y olvidando las ásperas vigilias

del inútil saber, en tu rocío

bañar feliz la sien enardecida!