al hijo tuyo! ¡Pronto! Marcha, sigue
aquel arroyo, el puentecillo pasa,
entra en el bosque lóbrego, y dirige
el paso hacia la izquierda... Allí, en la balsa,
¡allí está!... Mira, mira: ya va a hundirse;
¡y aún se remueve el pobrecito! ¡Vuela!
Fausto
¡Vuelve en ti! Un solo paso, y estás libre.
Margarita
¡Si hubiéramos traspuesto la montaña!