Hijo de Dios, al misterioso espejo
de la eterna verdad llegar quería,
y los terrenos lazos desatando,
aspiraba feliz la luz divina.
Superior al querub, en el regazo
del mundo derramé mi propia vida,
y mezclando mi sangre con su savia,
audaz soñé la Creación ya mía.
¡Estéril presunción! Una palabra
rayo fue que fulgura y me aniquila.