Miró, y vio el arca nadando sobre el agua, que a la sazón iba descendiendo, porque las nubes se alejaban empujadas por el viento sutil del norte, cuyo duro soplo rizaba la líquida superficie a medida que decrecía. Un sol radiante reflejaba en las cristalinas ondas, y como tras larga sed, se saciaba en ellas ansioso de su frescura; y en breve toda aquella inundación, formando un tranquilo lago, fue disminuyendo y estrechándose más y más, y se retiró por fin al profundo abismo, que había ya abierto sus diques, a tiempo que el cielo cerró sus cataratas[140].
Ya no sobrenada el arca, sino que parece afirmada en tierra, y fija en la cima de alguna alta montaña; y ya se descubrían como otras tantas rocas las cumbres de las colinas. Las rápidas corrientes sepultan rugiendo sus airadas olas en el mar que se retira. Sale un cuervo volando del arca; tras él, un mensajero más seguro, una paloma enviada primera y segunda vez en busca de un árbol verde o de terreno donde pudiera asentar sus ligeros pies. Vuelve al segundo viaje, trayendo en el pico una rama de olivo, señal de paz; y al punto aparece seca la tierra; y baja del arca el venerable anciano con toda su familia; y levantando sus manos y sus piadosos ojos al cielo en muestra de gratitud, ve sobre su cabeza una nube de rocío, y en medio de ella un arco formado con tres brillantes fajas de varios colores, que indicaba la paz de Dios y una era de nueva alianza: con lo que el corazón de Adán, antes tan triste, se regocijó sobremanera, y expresó su júbilo en estos términos:
«¡Oh tú, que puedes representar como presentes las cosas futuras, celestial maestro! Ya con este último espectáculo me reanimo, seguro como estoy de que vivirá el Hombre, y de que subsistirán con sus razas todas las criaturas. Al presente me lamento menos de la destrucción de todo un mundo de hijos criminales, cuanto me regocijo de haber hallado un solo hombre tan perfecto y tan justo, que Dios se haya dignado de hacerle principio de otro mundo, y de dar su cólera al olvido. Mas dime: ¿qué significan esas fajas de color que se enarcan en el cielo, como si el ceño de Dios se hubiese ya apaciguado? ¿Sirven, como una margen florida para detener la fluctuación de esa acuátil nube, por temor de que vuelva a disolverse y anegue otra vez la tierra?»
Y le respondió el Arcángel: «Has acertado en tu conjetura, que Dios ha tenido la benevolencia de redimir sus iras, aunque tan arrepentido estaba últimamente de haber criado al Hombre capaz de depravación. Sintiose apesadumbrado cuando al inclinar al mundo su mirada, vio llena la tierra toda de violencias, y que la carne corrompía sus obras. Pero excluidos aquellos impíos, tal gracia ha merecido a sus ojos un hombre justo, que se ha apiadado, y no eliminará de la tierra a la raza humana. Consiente en no aniquilar ya el mundo con un nuevo diluvio, en no permitir que el mar traspase sus límites, ni la lluvia sumerja a hombres y animales. Siempre que tienda una nube sobre la tierra, desplegará su arco y seguirán su invariable curso el día y la noche, la estación de la siembra y de la cosecha, del calor y de los blancos hielos, hasta que el fuego purifique todas las cosas nuevas, y así el cielo como la tierra, donde ha de morar el justo.»
LIBRO DUODÉCIMO
ARGUMENTO
Prosiguió el Ángel Miguel refiriendo lo que acontecerá después del Diluvio. Al hacer mención de Abraham, recorre sucesivamente la escala de los siglos hasta venir a explicar quién será el fruto nacido de la Mujer que se había prometido a Adán y Eva, culpables ya; su encarnación, muerte, resurrección y ascensión; y el estado de la Iglesia hasta su segunda venida. Completamente satisfecho Adán y tranquilizado con aquellos anuncios y promesas, baja de la montaña con Miguel. Despierta a Eva, que había estado durmiendo todo aquel tiempo, y cuyos agradables sueños la habían predispuesto a la tranquilidad de ánimo y a la obediencia. Miguel, llevándolos de la mano, los conduce a ambos fuera del Paraíso, y fulmina su ardiente espada, mientras los querubines se colocan en sus respectivos puestos según les había ordenado.
Como el viajero que precisado a caminar de priesa interrumpe, sin embargo, su marcha al mediodía, suspendió aquí el Arcángel su narración, quedando entre el mundo destruido y el mundo restaurado, por si Adán quería además discurrir sobre lo que había oído; pero a poco, valiéndose de una sencilla transición, prosiguió de nuevo, diciendo:
«Has visto, pues, el principio y el fin de un mundo; has visto renacer al Hombre de un tronco; y aún tienes más que ver, pero conozco que tu vista mortal se debilita: estos objetos divinos no pueden menos de deslumbrar y fatigar los sentidos humanos. Lo que ha de acontecer después es mejor que te lo refiera; y así oye, y estame atento.