no podrá prestar amor

el dulce y tibio calor

de su aliento bendecido.

Va á faltarle la armonía

de sus gritos de alegría,

de su voz, timbre de plata

que la inocencia retrata

y que inunda el alma mía.

¡Te has roto, dulce cadena!

¡Ay! En la noche serena