busca en tí el alma herida que padece

la sola realidad que el mundo ofrece.

Te engañas: ni en mi pecho tiembla el miedo,

ni confiado en Dios te reto osado;

y si el cuerpo abatido,

por males y dolores combatido,

la dulce paz de tu retiro anhela,

el alma nó, que con distinta suerte,

busca el cuerpo reposo, el alma vida,

y reposo no más hay en la muerte.