ya pasaron las horas de ventura

en que al mirarme, amante sonreias

con infantil ternura.

Ya ha borrado la mano del olvido

mi nombre de tu mente,

ya no busca tu oido

el tierno halago de mi voz ardiente.

¡Ya no piensas en mí! Ya cuando al cielo

vuelves los claros ojos,

pides calma á tu duelo,