no paciencia á mi queja y mis enojos.
Ya cuando pinta el éter la mañana
con brillantes albores,
no corres presurosa á la ventana,
porque yo no la adorno con mis flores.
Ya al esquivar el celo con presteza
de importuno testigo,
no vuelves la cabeza
á ver si yo te sigo.
De otros sitios respiras el ambiente