de la rica armonía,

ni en las anchas regiones

donde mi pensamiento desvaría,

llenas de luz, de amor y de belleza,

puedo encontrar alivio á mi tristeza.

Si vuelvo á Dios el ánimo contrito

y piedad de mi pena le demando

con humilde fervor y acento blando,

el aliento maldito

de la duda cobarde y acerada