y en aquella mujer, un tiempo hermosa,

con su horrible piedad, desvanecía

de la muerte la calma silenciosa

la horrible agitacion de la agonía.

II.

En tanto que así Juana se acababa,

cerca de allí, sobre otro pobre lecho

de aquel santo hospital, que cobijaba

la pobreza y el mal bajo su techo,

tambien un hombre viejo agonizaba,