y en una cruz muy tosca, de madera,
como si algun secreto le dijera,
los turbios ojos con afan fijaba.
Aquel santo varon, de alma tan pura
como la blanca nieve de sus canas,
que al cabo de una vida de amargura,
consumida en virtudes sobrehumanas,
iba á llevar de Dios á la presencia
cual la de un niño pura su conciencia,
piensa profundamente