que es esa dicha demasiado grande

para poder lograrla fácilmente;

y aún cuando su alma cándida le abona,

y aunque la llama de la fé le escuda,

siente que la esperanza le abandona

nublada por las sombras de la duda.

Y por esa, fijando su mirada

en aquella cruz tosca de madera

enfrente de él en la pared colgada,

mientras la muerte su semblante altera