como el mar al alzarse enfurecido,

hacen llegar sin tregua hasta mi oido

un grito de dolor que me enloquece.

Por fin, tras largas horas

de ignorado martirio, el mal se aleja

trocándose en hondísima amargura

que ya nunca me deja.

Entónces, á mi afan suelto la llave

y escribo, sin pensar adquirir gloria

ni de fama ó de títulos ansioso,