No busques pues, lector, en mí al poeta

ni al hablista galano,

ni al pensador severo:

Dios me negó favor tan soberano

y yo que fiel su voluntad venero,

á mi modesta inspiracion me allano.

Dotes tan altas, ni fingirlas puede

el mortal á quien Él no las concede.

Mas no por eso cesará mi canto,

que en el concierto inmenso,