la voz del desaliento envenenado,
eco perpétuo en la conciencia mia;
y yo triste, temblando, dolorido,
escuchaba ese grito desgarrado,
que el alma en mil pedazos me partia.
Yo recordaba el tiempo venturoso
en que todo en mi sér hallaba un eco,
que avaro el corazon guardaba ansioso.
Y al mirarlo ya léjos, engañado,