y recostando la arrugada frente
en mi mano convulsa, que abrasaba,
maldecia el presente
y, cobarde, lloraba...
¡Como si el árbol que de hermosas flores
la Primavera plácida engalana,
las conservára en el ardiente Estío!
El sol marchita y borra sus colores
dando al tiempo tributo,
y tras la flor galana