Á MI MADRE.
¡Madre! ¡Cuán dulce entre mis labios suenas,
oh nombre idolatrado!
¡Cuántos recuerdos en mi mente agitas!
Torcedor y consuelo de mis penas,
de santa idolatría enajenado,
he querido mil veces escribirte,
y mil veces las letras he borrado.
Porque es tal el respeto y el cariño,