¡Ah! no es ciego extravío
la fuerza poderosa que arrebata
la templada razon, y se apodera
del pensamiento mio.
Nó; no es la duda ni la envidia artera,
no es la fiera afliccion de la amargura,
ni el débil grito del herido esclavo.
La envidia mata, si la duda altera,
la amargura tan sólo el llanto funde,