la cobardía besa al que la azota.

Yo vivo y pienso, y, al error atento,

del tirano el poder no me confunde

ni doblego á su antojo el pensamiento;

pues sé que ante la voz conmovedora

de la santa verdad, en su flaqueza

caerán, sobre su asiento mal seguros,

como de Jericó los anchos muros,

sus sueños, su poder y su grandeza.

Y esa verdad sus alas me ha prestado,