y ella, alzando la frente,
donde el santo pudor resplandecia,
le miraba á los ojos fijamente,
y mil veces—«¡Te quiero!»—repetia.
EFECTO DE ÓPTICA.
Porque no te veia,
una vez maldiciendo, otra llorando,
la vista dirigia
y ella, alzando la frente,
donde el santo pudor resplandecia,
le miraba á los ojos fijamente,
y mil veces—«¡Te quiero!»—repetia.
Porque no te veia,
una vez maldiciendo, otra llorando,
la vista dirigia