buscando, al esconderte entre mis brazos,

oprimiéndome á un tiempo con los tuyos,

tu cabeza en mi pecho sepultando,

camino de llegar hasta mi alma

para buscar en ella tu retrato,

ó el fuego de la llama abrasadora

del amor y el placer ¡crímenes santos!

Y fundidos en uno nuestros séres,

sin idea del tiempo ni el espacio,

sin que tanto placer y dicha tanta