[48] August. lib. Categoriarum cap. 10. in 1. tomo.

[49] Lib. 16. cap. 9.

[50] Nacianc. Epistol. 17. ad Posthumianum.

[51] Luc. 2.

[52] 1. Machab. 1.

[53] Colos. 1.

[54] Plinius lib. 2. cap. 69.

CAPÍTULO IX

De la opinion que tuvo Aristóteles cerca del nuevo Mundo; y qué es lo que le engañó para negarle.

Hubo, demás de las dichas, otra razon tambien, por la cual se movieron los Antiguos á creer que era imposible pasar los hombres de allá á este nuevo Mundo, y fué decir, que de la otra parte de la
inmensidad del Océano, era el calor de la region que llaman Tórrida ó Quemada tan excesivo, que no consentía, ni por mar, ni por tierra, pasar los hombres, por atrevidos que fuesen, del un polo al otro polo. Porque aun aquellos Filósofos, que afirmaron ser la tierra redonda, como en efecto lo es, y haber hácia ambos polos del mundo, tierra habitable, con todo eso negaron, que pudiese habitarse del linaje humano la region que cae en medio, y se comprehende entre los dos Trópicos, que es la mayor de las cinco zonas ó regiones en que los Cosmógrafos y Astrólogos, parten el mundo. La razon que daban de ser esta zona tórrida inhabitable, era el ardor del Sol, que siempre anda encima tan cercano, y abrasa toda aquella region, y por el consiguiente la hace falta de aguas y pastos. De esta opinion fué Aristóteles, que aunque tan gran Filósofo, se engañó en esta parte. Para cuya inteligencia será bien decir en qué procedió bien con su discurso, y en qué vino á errar. Disputando, pues, el Filósofo[55] del viento abrego ó sur, si hemos de entender, que nace del medio día ó no, sino del otro polo contrario al norte, escribe en esta manera: La razon nos enseña, que la latitud y ancho de la tierra que se habita, tiene sus límites; pero no puede toda esta tierra habitable continuarse entre sí, por no ser templado el medio. Porque cierto es que en su longitud, que es de oriente á poniente, no tiene exceso de frio, ni de calor; pero tiénele en su latitud, que es del polo á la línea equinoccial; y así podría sin duda andarse toda la tierra en torno por su longitud, sino lo estorváse en algunas partes la grandeza del mar que la ataja. Hasta aquí no hay mas que pedir en lo que dice Aristóteles; y tiene gran razon, en que la tierra por su longitud, que es de oriente á poniente, corre con mas igualdad, y mas acomodada á la vida y habitación humana, que por su latitud, que es del norte al medio dia: y esto pasa así no solo por la razon que toca Aristóteles de haber la misma templanza del Cielo de oriente á poniente, pues dista siempre igualmente del frío del norte, y del calor del medio dia, sino por otra razon tambien, porque yendo en longitud, siempre hay dias y noches sucesivamente, lo cual yendo en latitud, no puede ser, pues ha de llegar forzoso á aquella region polar, donde hay una parte del año noche continuada, que dure seis meses, lo cual para la vida humana es de grandísimo inconveniente. Pasa mas adelante el Filósofo, reprehendiendo á los Geógrafos, que describian la tierra en su tiempo, y dice así: Lo que he dicho se puede bien advertir en los caminos que hacen por tierra, y en las navegaciones de mar, pues hay gran diferencia de su longitud á su latitud. Porque el espacio que hay desde las columnas de Hércules que es Gibraltar, hasta la India oriental, excede en proporcion mas que de cinco á tres, al espacio que hay desde la Etiopia hasta la laguna Meotis, y últimos fines de los Scitas: y esto consta por la cuenta de jornadas, y de navegacion, cuanto se ha podido hasta ahora con la experiencia alcanzar. Y tenemos noticia de la latitud que hay de la Tórrida habitable, hasta las partes de ella que no se habitan. En esto se le debe perdonar á Aristóteles, pues en su tiempo no se había descubierto mas de la Etiopia primera, que llaman exterior, y cae junto á la Arabia y África: la otra Etiopia interior no la supieron en su tiempo, ni tuvieron noticia de aquella inmensa tierra, que cae donde son ahora las tierras del Preste Juan: y mucho menos toda la demás tierra que cae debajo de la equinoccial, y va corriendo hasta pasar el Trópico de Capricornio, y para en el cabo de Buena-Esperanza, tan conocido y famoso por la navegacion de los Portugueses. Desde el cual cabo, si se mide la tierra, hasta pasada la Scitia y Tartaria, no hay duda sino que esta latitud y espacio será tan grande, como la longitud y espacio que hay desde Gibraltar hasta la India oriental. Es cosa llana, que los Antiguos ignoraron los principios del Nilo, y lo último de la Etiopia; y por eso Lucano reprehende[56] la curiosidad de Julio Cesar en querer inquirir el principio del Nilo; y dice en su verso: