7. «De estas veinte y quatro letras, unas se llaman bocales, y otras consonantes. Las bocales son cinco, a, e, i, o, u: llámanse bocales, porque se pronuncian con la boca.» — «Pues acaso las otras, señor Maestro (le interumpió Gerundico con su natural viveza), se pronuncian con el cu...?» y díxolo por entero. Los muchachos se rieron mucho; el Cojo se corrió un poco, pero, tomándolo á gracia, se contentó con ponerse un poco sério, diciéndole: «no seas intrépido, y déxame acabar lo que iba á decir. Digo, pues, que las bocales se llaman assí, porque se pronuncian con la boca, y puramente con la voz; pero las consonantes se pronuncian con otras bocales. Esto se explica mejor con los exemplos. A, primera bocal, se pronuncia abriendo mucho la boca, A.» Luego que oyó esto Gerundico, abrió su boquita, y, mirando á todas partes, repetia muchas veces a, a, a: tiene razon el señor Maestro. Y este prosiguió: «la E se pronuncia acercando la mandíbula inferior á la superior, esto es, la quijada de abajo á la de arriba, e.» — «A ver, á ver como lo hago yo, señor Maestro, dixo el niño, e, e, e: a, a, a, e: Jesus, y qué cosa tan buena!» — «La i se pronuncia acercando mas las quijadas una á otra, y retirando igualmente las dos extremidades de la boca hácia las orejas, i, i.» — «Dexe usted, á ver si yo sé hacerlo? i, i, i.» — «Ni mas ni ménos, hijo mio, y pronuncias la i á perfeccion. La O se forma abriendo las quijadas, y despues juntando los labios por los extremos, sacándolos un poco hácia fuera, y formando la misma figura de ellos como una cosa redonda, que representa una o.» Gerundillo con su acostumbrada intrepidez luego comenzó á hacer la prueba y á gritar o, o, o: el Maestro quiso saber si los demas muchachos havian aprendido tambien las importantíssimas lecciones que los acababa de enseñar, y mandó que todos á un tiempo y en voz alta pronunciassen las letras que les havia explicado. Al punto se oyó una gritería, una confusion, y una algarabía de todos los diantres: unos gritaban, a, a; otros e, e; otros i, i; otros o, o. El Cojo andaba de banco en banco, mirando á unos, observando á otros, y emendando á todos: á este le abria mas las mandíbulas, á aquel se las cerraba un poco; á uno le plegaba los labios, á otro se los descosía; y en fin era tal la gritería, la confusion y la zambra, que parecia la Escuela, ni mas ni ménos, al Choro de la Santa Iglesia de Toledo en las Vísperas de la Expectacion.[18]

8. Bien atestada la cabeza de estas impertinencias, y muy aprovechado en necedades y en extravagancias, leyendo mal y escribiendo peor, se volvió nuestro Gerundio á Campazas, porque el Maestro havia dicho á sus padres, que ya era cargo de conciencia tenerle mas tiempo en la Escuela, siendo un muchacho, que se perdia de vista, y encargándoles que no dexassen de ponerle luego á la Gramática, porque havia de ser la honra de la Tierra. La misma noche que llegó, hizo nuestro Escolin ostentacion de sus habilidades, y de lo mucho que havia aprendido en la Escuela, delante de sus Padres, del Cura del Lugar, y de un Frayle, que iba con Obediencia á otro Convento, porque de estos apénas se limpiaba la casa. Gerundico preguntó al Cura: «A que no sabe usted, quantas son las letras de la Cartilla?» El Cura se cortó, oyendo una pregunta, que jamas se la havian hecho, y respondió: «Hijo, yo nunca las hé contado.» — «Pues cuéntelas usted, prosiguió el chico, y va un ochavo á que, aun despues de haverlas contado, no sabe quantas son?» Contó el Cura veinte y cinco, despues de haverse errado dos veces en el a, b, c; y el niño, dando muchas palmadas, decia: «Ay! ay! que le cogí, que le gané, porque cuenta por dos letras las dos A a primeras, y no es mas que una letra escrita de dos modos diferentes.» Despues preguntó al Padre: «Vaya otro ochavo á que no me dice usted como se escribe burro; con b pequeña, ó con B grande?» — «Hijo, respondió el buen Religioso, yo siempre le he visto escrito con b pequeña.» — «No señor, no señor, le replicó el muchacho: si el burro es pequeñito, y anda todavía á la Escuela, se escribe con b pequeña; pero, si es un burro grande, como el Burro de mi padre, se escribe con B grande; porque dice señor Maestro, que las cosas se han de escribir como ellas son, y que por esso una pierna de baca se ha de escribir con una P mayor, que una pierna de carnero.» A todos les hizo gran fuerza la razon, y no quedaron ménos admirados de la profunda sabiduría del Maestro, que del adelantamiento del discípulo, y el buen Padre confessó, que, aunque havia cursado en las dos Universidades de Salamanca y Valladolid, jamas havia oído en ellas cosa semejante; y vuelto á Anton Zotes y á su muger, los dixo muy ponderado: «Señores hermanos, no tienen que arrepentirse de lo que han gastado con el Maestro de Villaornate, porque lo han empleado bien.» Quando el niño oyó arrepentirse, comenzó á hacer grandes aspamientos, y á decir: «Jesus! Jesus! qué mala palabra! arrepentirse! no señor, no señor, no se dice arrepentirse, ni cosa que lleve arre; que esso, dice señor Maestro, que es bueno para los burros, ó para las Ruecas (Requas querrás decir, hijo, le interrumpió Anton Zotes, cayéndosele la baba): Sí señor, para las Requas, y no para los Christianos; los quales debemos decir enrepentir, enremangar, enreglar el papel, y cosas semejantes.» El Cura estaba aturdido; el Religioso se hacia cruces; la buena de la Catanla lloraba de gozo; y Anton Zotes no se pudo contener sin exclamar: Vaya, que es bobada! que es la frase con que se pondera en Cámpos una cosa nunca vista ni oída.

9. Como Gerundico vió el aplauso, con que se celebraban sus agudezas, quiso echar todos los registros, y, volviéndose segunda vez al Cura, le dixo: «Señor Cura, pregúnteme usted de las bocales y de las consonantes.» El Cura, que no entendia palabra de lo que el niño queria decir, le respondió: De qué brocales, hijo? del brocal del pozo del Humilladero, y del otro que está junto á la Hermita de San Blas? — «No señor; de las letras consonantes, y de las bocales.» Cortóse el bueno del Cura, confessando, que á él nunca le havian enseñado cosas tan hondas. «Pues á mí sí», continuó el niño, y de rabo á oreja, sin faltarle punto ni coma, los encajó toda la ridícula arenga, que havia oído al Cojo de su Maestro sobre las letras vocales y consonantes; y en acabando, para ver si la havian entendido, dixo á su madre: «Madrica, como se pronuncia la A?» — «Hijo, como se ha de pronunciar: assí, A, abriendo la boca.» — «No madre; pero como se abre la boca?» — «Como se ha de abrir, hijo, de esta manera, A.» — «Que no es esso, señora: pero, quando usted la abre para pronunciar la A, qué es lo que hace?» — «Abrirla, hijo mio», respondió la boníssima Catanla. — «Abrirla! esso qualquiera lo dice: tambien se abre para pronunciar E, y para pronunciar I, O, U, y entónces no se pronuncia A. Mire usté, para pronunciar A, se baxa una quijada, y se levanta otra, de esta manera»: y, cogiendo con sus manos las mandíbulas de la madre, la baxaba la inferior, y la subia la superior, diciéndola, que quanto mas abriesse la boca, mayor seria la A que pronunciaria. Hizo despues, que el padre pronunciasse la E, el Cura la I, el Frayle la O, y él escogió por la mas dificultosa de todas la pronunciacion de la U, encargándolos, que todos á un tiempo pronunciassen la letra que tocaba á cada uno, levantando la voz todo quanto pudiessen, y observando unos á otros la postura de la boca, para que viessen la puntualidad de las reglas, que le havia enseñado el Señor Maestro. El metal de las voces era muy diferente; porque la Tia Catanla la tenia hombruna y carraspeña; Anton Zotes, clueca y algo aternerada; el Cura, gangosa y tabacuna; el Padre, que estaba ya aperdigado para Vicario de Choro, corpulenta y becerril; Gerundico, atiplada y de chillido. Comenzó cada uno á representar su papel y á pronunciar su letra, levantando el grito á qual mas podia: hundíase el quarto; atronábase la casa; era noche de Verano, y todo el Lugar estaba tomando el fresco á las puertas de la calle. Al estruendo y á la algazara de la casa de Anton Zotes, acudieron todos los vecinos, creyendo que se quemaba, ó que havia sucedido alguna desgracia: entran en la sala; prosiguen los gritos descompasados: ven aquellas figuras; y, como ignoraban lo que havia passado, juzgan que todos se han vuelto locos. Ya iban á atarlos, quando sucedió una cosa, nunca creída ni imaginada, que hizo cessar de repente la gritería, y por poco no convirtió la música en responsos. Como la buena de la Catanla abria tanto la boca para pronunciar su A, y naturaleza liberal la havia proveído de este órgano abundantíssimamente, siendo muger que de un bocado se engullia una pera de donguindo hasta el pezon, quiso su desgracia que se la desencajó la mandíbula inferior tan descompassadamente, que se quedó hecha un mascaron de retablo, viéndosela toda la entrada del esóphago y de la traquiarteria, con los conductos salivales, tan clara y distintamente, que el Barbero dixo descubria hasta los vasos lympháticos, donde excretaba la respiracion. Cessaron las voces; assustáronse todos; hiciéronse mil diligencias para restituir la mandíbula á su lugar; pero todas sin fruto, hasta que al Barbero le ocurrió cogerla de repente, y darla por debaxo de la barba un cachete tan furioso, que se la volvió á encajar en su sitio natural, bien que, como estaba desprevenida, se mordió un poco la lengua, y escupió algo de sangre. Con esto paró en risa la funcion; y, haviéndose instruído los concurrentes del motivo de ella, quedaron pasmados de lo que sabia el niño Gerundio, y todos dixeron á su padre que le diesse estudios, porque sin duda havia de ser Obispo.


CAPITULO VII.

Estudia gramática con un Dómine, que, por lo que toca al entendimiento, no se podia casar sin dispensacion con el Cojo de Villaornate.

En esso estaba ya Anton Zotes; pero toda la duda era, si le havia de enviar á Villagarcía, ó á cierto Lugar no distante de Campazas, donde havia un Dómine, que tenia aturdida toda la Tierra, y muchos decian, que era mayor Latino que el famoso Taranilla. Pero la Tia Catanla se puso como una furia, diciendo, que primero se havia de echar en un pozo, que permitir, que su hijo fuesse á Villagarcía, á que se le matassen los Theatinos; porque su marido toadía tenia las señales de una guelta de azotes, que le havian dado en junta de Generales, solo porque de quando en quando bebia dos ó tres azumbres de vino mas de las que llevaba su estógamo, y porque se iba á divertir con las mozas del Lugar, que todas eran niñerías, y cosas que las hacen los mozos mas honrados, sin que pierdan por esso casamiento, ni dexen de cumplir honradamente con la Perrochia, como qualquiera Christiano viejo. Con esto, por contentarla, se determinó finalmente, que el muchacho fuesse á estudiar con el Dómine; y mas, que Anton Zotes afirmaba con juramento, que solo él havia construído la elegante Dedicatoria de su hermano el Gymnasiarca, sin errar punto: cosa, que no havian hecho los mayores Moralistas de todo el Páramo, ni ninguno de quantos Religiosos doctos se havian hospedado en su casa, aunque algunos de ellos havian sido Definidores.[19]

2. Luego, pues, que llegó San Lucas, el mismo Anton llevó á su hijo á presentársele y á recomendársele al Dómine. Era este un hombre alto, derecho, seco, cejijunto, y populoso; de ojos hundidos, nariz adunca y prolongada, barba negra, voz sonora, grave, pausada, y ponderativa, furioso tabaquista, y perpetuamente aforrado en un tabardo talar de paño pardo, con uno entre becoquin y casquete de cuero rayado, que en su primitiva fundacion havia sido negro, pero ya era del mismo color, que el tabardo. Su conversacion era taraceada de latin y de romance, citando á cada passo dichos, sentencias, hemistichios, y versos enteros de Poetas, Oradores, Historiadores, y Gramáticos Latinos antiguos y modernos, para apoyar qualquiera friolera. Díxole Anton Zotes, que aquel muchacho era hijo suyo, y que como padre queria darle la mejor crianza, que pudiesse. «Optime enim vero, le interrumpió luego el Dómine, essa es la primera obligacion de los padres, maxime quando Dios les ha dado bastantes conveniencias. Díxolo Plutarco: Nil antiquius, nil parentibus sanctius, quam ut filiorum curam habeant: iis præsertim quos Pluto non omnino insalutatos reliquit.» Añadió Anton Zotes, que él havia estudiado tambien su poco de Gramática, y queria que su hijo la estudiasse. «Qualis pater, talis filius, le replicó el Preceptor: aunque mejor lo dixo el otro, hablando de las madres y de las hijas:

De Meretrice puta, quod sit semper filia puta,

Nam sequitur leviter filia matris iter.