Lo que ya Vm. ve, quan fácilmente se puede acomodar á los hijos respecto de los padres; y obiter sepa Vm., que á estos llamamos nosotros versos Leoninos; porque, assí como el Leon (animal rugibile le define el Philósopho), quando enrosca la cola, viene á caer la extremidad de ella (cauda caudæ, cola de la cola la llamé yo en una Dedicatoria á la Ciudad de Leon) sobre la mitad del cuerpo ó de la espalda de la rugible fiera; assí la cola del verso, que es la última palabra, como que se enrosca y viene á caer sobre la mitad del mismo verso. Nótelo Vm. en el exámetro; puta-puta: clavado; despues en el pentámetro: iter-leviter, de quien iter es eco. Porque, aunque un moderno (quos Neotericos dicimus cultissimi Latinorum) quiera decir, que esto de los ecos es invencion pueril, ridícula, y de ayer acá; pace tanti viri, le diré yo en sus mismas barbas, que ya en tiempo de Marcial era muy usado entre los Griegos, juxta illud: Nusquam Græcula quod recantat echo. Y si fuera menester citar á Aristóteles, á Eurípides, á Callímaco, y aun al mismo Gauradas, que no porque sea un Poeta poco conocido, dexa de tener mas de dos mil años de antigüedad, yo le haria ver luce meridiana clarius, si era ó no era invencion moderna esto de los ecos: y luego le preguntaria, si era verisímil, que inventasse una cosa pueril y ridícula un hombre que se llamaba Gauradas. O furor! O insania maledicendi!»
3. — «Pues, señor, prosiguió Anton Zotes, este niño muestra mucha viveza, aunque no tiene mas que diez años.» — «Ætas humanioribus litteris aptissima (interrumpió el Pedante), como dixo Justo Lipsio; y aún con mayor elegancia en otra parte: decennis Romanæ linguæ elementis maturatus. Porque, si bien es verdad, que de essa, y aun de menor edad se han visto en el mundo algunos niños, que ya eran perfectos Gramáticos, Rhetóricos, y Poetas (quos videre sis apud Anium Viterbiensem de præcocibus mentis partubus); pero essos se llaman con razon monstruos de la naturaleza: monstrum horrendum, ingens. Y Quinto Horacio Flacco (quem Lyricorum Antistitem extitisse mortalium nemo iverit inficias) no gustaba de essos frutos anticipados, pareciéndole que casi siempre se malograban; y assí solemne erat illi dicere: odi puero præcoces fructus.» — «Y el Cojo de Villaornate, que fué su Maestro...» (iba á proseguir el buen Anton). — «Tenga Vm., le cortó el enlatinizado Dómine: Siste gradum, viator. El Cojo de Villaornate fué Maestro de este niño?» — «Sí, señor,» respondió el padre. — «O fortunate nate! exclamó el eruditíssimo Preceptor. O niño mil veces afortunado! Muchos Cojos famosos celebró la antigüedad, como lo avrá leído Vm. en el curiosíssimo tratado de Claudis non claudicantibus, de los Cojos que no cojearon, tomando el presente por el pretérito, segun aquella figura rhetórica, præsens pro præterito, á quien nosotros llamamos Enalage: tratado que compuso un Prevoste de los Mercaderes de Leon de Francia, llamado Monsiur Pericon, porque, sépalo usted de passo, en Francia hasta los Pericones son Monsiures, y pueden ser Prevostes. Imo potius, sin recurrir á tiempos antiguos, novissimis his temporibus, en nuestros dias huvo en la misma Francia un celebérrimo Cojo, llamado Gil Menage, que, aunque no fué cojo natura sua, al fin, sea como se fuesse, él fué cojo real y verdadero, esto es, cojo realiter & a parte rei, como se explica con elegancia el philósopho; y no obstante de ser cojo, él era hombre sapientíssimo: Sapientissimus claudorum quotquot fuerunt & erunt, que dixo doctamente Plinio el mozo. Pero, meo videri, en mi pobre juicio todos los cojos antiguos y modernos fueron cojos de teta, respecto del cojo de Villaornate; hablo, intra suos limites, en su linea de Maestro de Niños; y por esso dixe, que este niño havia sido mil veces afortunado en tener tal Maestro: O fortunate nate!»
4. — «No lo es ménos, prosiguió Anton Zotes, en que Vm. lo sea suyo.» — «Non laudes hominem in vita sua; lauda post mortem, dixo mesurado el Dómine. Son palabras del Espíritu Santo, pero mejor lo dixo el Profano:
Post fatum laudare decet, dum gloria certa.»
— «Señor Preceptor, mejor que el Espíritu Santo!» le preguntó Anton Zotes. — «Pues qué! ahora se escandaliza Vm. de esso? Quantas veces lo havrá oído en essos Púlpitos á Predicadores, que se pierden de vista? Assí el Profeta Rey; assí Jeremias; assí Pablo; pero yo de otra manera. Esso qué quiere decir sino: pero yo lo diré mejor? Præterquam quod: yo no digo que el dicho sea mejor, sino que está mejor dicho, porque las palabras de la Sagrada Escritura son poco á propósito para confirmar las reglas de la Gramática: Verba Sacræ Scripturæ Gramaticis exemplis confirmandis parum sunt idonea.» — «Esso ya lo leí yo en no sé qué libro, quando estudiaba en Villagarcía, replicó el buen Anton, y cierto que no dexé de escandalizarme.» — «A esse llaman los Theólogos, dixo el Dómine, scandalum pusillorum, escándalo de parvulillos; y aunque dicen que no debe despreciarse, y en este particular me parece que llevan razon, pero tambien dicen ellos otras mil cosas harto despreciables, por mas que ellos las digan.»
5. — «Yo no me meto en essas honduras, respondió el bonazo de Anton Zotes: y lo que suplico á Vm. es, que me cuide de este muchacho, que yo cuidaré de agradecérselo, y que le mire como si fuera padre suyo.» — «Prima magistrorum obligatio, respondió el Dómine, quos discipulis parentum loco esse decet, dixo á este intento Salustio. Es la primera obligacion del Maestro tratar á los discípulos como hijos, porque ellos están en lugar de padres. Y díme, hijo, le preguntó al niño Gerundio, mirándole entre recto y cariñoso, has estudiado algunos Cánones Gramaticales?» — «No señor, respondió el chico prontamente; los cañones que yo traigo no son Grajales, que son plumas de pato, que mi madre se las quitó á un pato grande, que tenemos en casa: no es assí, padre?» Sonrióse el Preceptor de la viveza y de la intrepidez del muchacho, y le dixo: «non quæro a te hoc, no te pregunto esso; pregúntote, si trahes alguna talega?» — «Señor, la talega era quando andaba en sayas; pero, despues que me puso calzones, me la quitó Señora madre.» — «Non valeo a risu temperare, dixo el Dómine, y enmedio de su grande seriedad soltó una carcajada, añadiendo: ingenium errando probat, aun en los desaciertos muestra su viveza. Hijo, lo que te pregunto es, si has estudiado algo del Arte?» — «Ah! esso sí Señor: ya llegué hasta Musa, æ.» — «No has de decir assí, querido; sino Musa, Musæ.» — «No Señor, no Señor: mi Arte no dice Musa, Musæ, sino Musa, æ.» — «Vaya, segun esso has estudiado en el Arte de Nebrija?» — «No, Señor, en mi Arte no está pintada ninguna Lagartija, sino un Leon muy guapo; mírele usté», y enseñóle el Leon, emblema, ó insignia de la Oficina, que está en la llana del fróntis.
6. No dexaron de caer en gracia á la rectíssima severidad del Preceptor las candideces de Gerundico; pero volviéndose al padre, le dixo en tono ponderativo: «Ecce tibi sebosus. Ve aquí uno de los errores tan crassos, como velas de sebo, que yo noto en este Arte de Nebrija, ó de la Cerda, de que usan los Padres de la Compañía, con quienes tambien estudié yo. Es cierto que son Varones sapientíssimos, pero son hombres, y hominum est errare: son agudos, son buenos ingenios, y muy despiertos; pero muy despierto y muy bueno fué el ingenio de Homero, y con todo esso quandoque bonus dormitat Homerus. Lo primero, comenzar la Gramática por Musa, Musæ, es comenzar por donde se ha de acabar: cæpisti qua finis erat: porque las Musas, esto es la Poesía, es lo último, que se ha de enseñar á los muchachos, despues de la Rhetórica. Argumento es este, que le he puesto á muchos Jesuítas, claríssimos Varones, y ninguno ha sabido responderme. Pero qué me havian de responder, si no tiene respuesta? Deinde, en la impression de muchos Artes, en lugar de poner Nominativo Musa, Genitivo Musæ, Dativo Musæ, Accusativo Musam, todo á la larga y por extenso; por ahorrar papel lo ponen en abreviatura: Nom. Musa. Gen. æ. Dat. æ. Accus. am. Y qué sucede? ó que los pobres chicos lo pronuncian assí, quod video quam sit ridiculum; que sea menester gastar tiempo malamente en enseñárselo á pronunciar; & nihil est tempore pretiosius. Pero, donde se palpan ad oculum los inconvenientes de estas abreviaturas, son en los Thesauros, ya sea de Salas, ya de Requejo. Va un niño á buscar un nombre, exempli causa, qué hay por Madre, y en lugar de encontrar mater, matris, halla mater, tris. Quiere saber qué hay por enviar, y en vez de hallar mitto, mittis, encuentra mitto, is. Busca qué hay por camisa, y en lugar de subucula, subuculæ, no lee mas que subucula, æ. Antójasele, como al otro muchacho, escribir á su madre una carta latina, para darla á entender lo mucho que havia aprovechado, en la qual la dice, que la envía una camisa sucia, para que se la lave, y encájala esta sarta de disparates: Mater, tris; mitto, is; subucula, æ; ut labo, as. Quid tibi videtur? Qué le parece á Vm. señor Anton Zotes?» — «Qué me ha de parecer? que, aunque havia oído mil cosas de la estupendíssima sabiduría de usted, y yo tenia alguna experiencia, pero haviéndole oído ahora, me he quedado aturdido, y, en llegando á mi Lugar, he de dar muchas gracias á la mi Catanla, porque me quitó de la cabeza el unviar al mi Gerundio á Villagarcía; pues, dempues de Dios, á ella se le debe el que m’ijo mereza tener tan doctíssimo Maestro.» Con esto se despidió del Preceptor, dexó á su hijo en una posada, y se restituyó á Campazas, donde luego que llegó, dixo á su muger y al Cura, que le estaban esperando á la puerta de la calle, que, si Gerundico havia tenido fortuna en topar con el Cojo de Villaornate, mas enfortunado havia sido entoadía en dar con un Maestro, como el Dómine, con quien le dexaba, porque era un Latino de todos los diantres, y que todos los Theatinos de Villagarcía juntos no llegaban al zancajo de su sabiduría. «Déxelo, señor, aquello era una Gabilonia: mas de una hora estuvimos palrando mano á mano, y á cada palabra, que yo le decia, luego me sacaba un rimero de testos en latin, que no parecia sino que los trahia en el balsopeto de una enguarina muy larga que tenia puesta. Por fin y por postre, el Cojo de Villaornate bien puede ser el Tuauten de los Maestros de Escuela; pero en linia de Preceptor, el Dómine de Villamandos es el per omnia secula seculorum, y miéntras Cámpos sea Cámpos, no havrá quien le desquite.»
7. Con efecto el paralelo no podia ser mas justo; porque, si el cultíssimo Cojo tenia una innata propension á todo lo extravagante en órden á la ortographía, y á la propiedad de la lengua Castellana, el Latiníssimo Dómine no podia tener gusto mas estrafalario en todo lo que tocaba á la Latinidad, comenzando por la Ortographía Latina, y acabando por la Poesía. A la verdad él entendia medianamente los Autores, y havia leído muchos; pero pagábase de lo peor, y sobre todo le caían mas en gracia los que eran mas retumbantes, y mas ininteligibles. Preferia la afectada pomposidad de Amiano y Plinio el mozo, á la grave magestad de Ciceron; la obscuridad y la dureza de Valerio Máximo, á la dulce elegancia de Tito-Livio; los entusiasmos de Estacio, á la elevacion sublime y juiciosa de Virgilio: decia que Marcial era un insulso, respecto de Catulo, y que todas las gracias del inimitable Horacio no merecian descalzar el menor de los chistes de Plauto. Los cortadillos de Séneca le daban grandíssimo gusto; pero de quien estaba furiosamente enamorado era de aquel sonsonete, de aquel paloteado, de aquellos triqui-traques del estilo de Cassiodoro; y, aunque no le havia leído sino en las aprobaciones de los libros, se alampaba por leerlas, assegurado de que hallaria pocas, que no estuviessen empedradas de sus cultíssimos fragmentos, porque Aprobacion sin Cassiodoro es lo mismo, que Sermon sin Agustino, y olla sin tocino.
8. Para él no havia cosa como un libro, que tuviesse título sonoro, pomposo, y altisonante, y mas si era alegórico, y estaba en él bien seguida la alegoría. Por esso hacia una suprema estimacion de aquella famosa obra, intitulada: Pentacontarchus, sive quinquaginta militum ductor; stipendiis Ramirezii de Prado conductus, cujus auspiciis varia in omni Litterarum ditione monstra profligantur, abdita panduntur, latebræ ac tenebræ pervestigantur & illustrantur. Quiere decir: El Pentacontarcho, esto es, el Capitan de cinquenta Soldados, á sueldo de Ramirez de Prado, con cuyo valor y auspicio se persiguen y se ahuyentan varios monstruos de todos los dominios de la Literatura, se descubren cosas no conocidas, se penetran los senos mas ocultos, y se ilustran las mas densas tinieblas. Porque, si bien es verdad, que el título no puede ser mas ridículo, y mas quando nos hallamos con que todo el negocio del señor Pentacontarcho se reduce á impugnar cinquenta errores, que al bueno de Ramirez de Prado le pareció haver encontrado en varias facultades; y no embargante de que á la tercera paletada se le cansó la alegoría, pues no sabemos que hasta ahora se hayan levantado Regimientos ni Compañías de Soldados, para salir á caza de monstruos ni de fieras, y mucho ménos que sea incumbencia de la Soldadesca examinar escondrijos, ni quitar el oficio á los candiles, á cuyo cargo corre esto de desalojar las tinieblas; pero el bendito del Dómine no reparaba en estas menudencias, y atronado con el estrepitoso sonido de Pentacontarcho, Capitan, Soldados, y estipendio, decia á sus discípulos, que no se havia inventado título de libro semejante, y que este era el modo de bautizar las obras en estilo culto y sonoroso. Por el mismo principio le caía muy en gracia aquella parentacion latina, que se hizo en la muerte de cierto personage llamado Fol de Cardona, Varon pio y favorecido con muchos consuelos celestiales; á la qual se la puso este oportuníssimo título: Follis spiritualis, vento consolatorio turgidus, acrophytio Sacræ Scripturæ armatus, manuque Samaritani applicatus. Es decir: Fuelle espiritual, hinchado con el viento de la consolacion, aplicado al Organo de la Sagrada Escritura, siendo su entonador el Samaritano. «Quien hasta ahora, decia el Pedantíssimo Preceptor, ha excogitado cosa mas discreta ni mas elegante? Si alguna pudiera competirla, era el incomparable título de aquel eloquentíssimo libro, que se imprimió en Italia á fines del siglo passado, con esta harmoniosa inscripcion: Fratrum Roseæ crucis fama scancia redux, buccina jubilæi ultimi, Evæ hyperboleæ prænuncia, montium Europæ cacumina suo clangore feriens, inter colles & valles Araba resonans: Fama recobrada de los hermanos de la Roja Cruz; Trompeta sonora del último Jubiléo, precursora de la hyperbólica Eva, cuyos ecos, hiriendo en las cumbres de los montes de Europa, retumban en los valles y en las concavidades de Arabia. Esto es inventar y elevarse, que lo demas es arrastrar por el suelo. Y no que los preciados de críticos y de cultos han dado ahora en estilar unos títulos de libros tan sencillos, tan claros, y tan naturales, que qualquiera vejezuela entenderá la materia de que se trata en la obra á la primera ojeada, queriéndonos persuadir, que assí se debe hacer, que lo demas es pedantería, nombre sucio y mal sonante.» Y al decir esto se espritaba de cólera el enfurecido Dómine. «Por toda razon de un gusto tan ratero y tan vulgar, nos alegan, que ni Ciceron, ni Tito-Livio, ni Cornelio Nepote, ni algun otro Autor de los del Siglo de Augusto, usaron jamas de títulos rumbosos, sino simples y naturales. Ciceronis Epistolæ: Orationes Ciceronis: Cicero de Officiis: Historia Titi-Livii: Annales Cornelii Taciti; y daca el Siglo de Augusto, torna el Siglo de Augusto, que nos tienen ensiglados y en-Augustados los sessos, como si en todos los Siglos no se huvieran estilado hombres de mal gusto, y que cometieron muchos yerros, como lo dice expressamente la Iglesia en una oracion que comienza: Deus qui errantibus, y acaba: per omnia secula seculorum. Digan Ciceron, Tito-Livio, y Tácito, y cien Tácitos, cien Tito-Livios, y cien Cicerones lo que quisieren, todo quanto ellos hicieron no llega al carcañal de aquella estupendíssima obra, intitulada: Amphitheatrum sapientiæ æternæ, solius, veræ, Christiano-Cabalisticum, divino-Magicum, necnon Physico-Chymicum, ter-triunum-Catholicum; instructore Henrico Conrath: Amphiteatro de la Sabiduría eterna, única, verdadera, Christiano-cabalístico, divino-Mágico, Phýsico-Chýmico, uni-trino-Cathólico, construído ó fabricado por Henrico Conrath. Que me den en toda la antigüedad, aunque entre en ella su Siglo de Augusto, cosa que se le parezca. Dexo á un lado aquella oportunidad de adjetivos encadenados, cada qual con su esdrújulo corriente, que son comprehensivos de todas las materias tratadas en el discurso de la obra. Despues de haverla llamado á esta Amphiteatro, qué cosa mas aguda, ni mas oportuna, ni mas al caso, que decir construído, fabricado, y no escrito, ni compuesto por Henr. Conrath, siguiendo la alegoría hasta la última boqueada? Si este no es primor, que me quiten á mí el crisma de la verdadera Latinidad.»