Admirado estará, sin duda, el curioso Lector, de que, haviéndose dicho en el Capítulo antecedente, como salia en él de la Gramática el ingenioso y aplicado Gerundico, todavía le dexemos en ella, oyendo con atencion las acertadas lecciones de su Doctíssimo Preceptor, contra la fé de la Historia, ó á lo ménos contra la inviolable fidelidad de nuestra honrada palabra. Pero si quisiere tener un poco de paciencia, y prestar oídos benignos á nuestras poderosíssimas razones, puede ser, que se arrepienta de la temeridad y de la precipitacion, con que ya en lo interior de su corazon nos ha condenado sin oírnos.

2. Lo primero es una intolerable esclavitud, por no llamarla ridícula servidumbre, esto de querer obligar á un pobre Autor á que cumpla lo que promete, no solo en el título de un Capítulo, sino en el título de un Libro. Qué Escritura de obligacion hace el Autor con el Lector para obligarle á esso, ni en juicio, ni fuera de él? Y assí vemos, que Autores, que no son ranas, ponen á sus Libros los títulos que se les antoja, aunque nunca tengan parentesco con lo que se trata en ellos, y ninguno los ha hablado palabra, ni por esso han perdido casamiento. Verbi gratia, al leer el título de Margarita Antoniana, ó de Antoniana Margarita, con que bautizó su Obra el famosíssimo Español Gomez Pereyra, que fué el verdadero Patriarcha de los Descartes, de los Newtones, de los Boyles, y de los Leibnitzes; quien no creerá, que va á regalarnos con algun curiosíssimo Tratado sobre aquella margarita ó aquella perla, que valia no sé quantos millones, con la qual, desatada en vino, ó en agua (que esto aún no está bien averiguado), brindó Cleopatra á la salud de su Antonio, ó se la dió á este de colacion en un dia de ayuno, que de una y otra manera nos lo cuentan las Historias? Pues no, señor, no es nada de esso. La Antoniana Margarita no es mas que un delicadíssimo Tratado de Philosophía, para probar que los brutos no tienen alma sensitiva, y para citar á juicio, con esta ocasion, otras muchas opiniones de Aristóteles, que por larga serie de Siglos estaban en la quieta y pacífica possession de ser veneradas en las Escuelas, no solo como opiniones de tal Autor, sino como principios indisputables, que solo el dudar de ellos seria especie de herética pravedad: y no obstante aquel travieso, sútil, y litigioso Gallego, se atrevió á ponerles á pleyto la propiedad, ya que no pudiesse litigarles la possession. Pero por qué puso á su Obra un título tan distante del assunto? Por qué? por una razon igualmente fuerte que piadosa, y que ninguno se la impugnará: porque su padre se llamaba Antonio, y su madre Margarita; y ya que no se hallaba con caudal para fundar un Aniversario por sus almas, quiso á lo ménos dexar fundada esta agradecida memoria. Pues que se me vengan ahora á hacerme cargo, de que no cumplo lo que ofrezco en mis Capítulos.

3. Amen de esso: por grave que sea el Capítulo de un Libro, lo será nunca tanto como el Capítulo de una Religion? Y no obstante, quantas veces vemos, que nada de lo que se decia al principio del Capítulo sale despues al fin de él? Y qué Capítulo se ha declarado hasta ahora nulo, precisamente por este motivo? Finalmente, si un pobre Autor comienza á escribir un Capítulo con buena y sana intencion de sacarle moderado, y de justa medida y proporcion, y de cumplir honradamente lo que prometió al principio de él, y despues se atraviesan otras mil cosas, que ántes no le havian passado por el pensamiento, y le da gran lástima dexarlas; es possible que no se le ha de hacer esta gracia, ni dissimularle esta flaqueza, siendo assí, que á cada passo vemos en las conversaciones atravesarse especies, que interrumpen el hilo del assunto principal por una y por dos horas, y no por esso se hacen aspamientos, ántes bien se llevan en paciencia adversidades y flaquezas de nuestros próximos, y vamos adelante. Pues, por qué no se usará la misma charidad, y se exercitará la misma obra de misericordia con los Autores y con los Libros? Fuera de que, no seria gran lástima, que, solo por cumplir con lo que prometió el Capítulo inconsideradamente, sacássemos á nuestro Gerundio de la Gramática ántes de tiempo, y sin haver oído otras lecciones, no ménos curiosas que necessarias, con que enriquecia á sus discípulos el pedantíssimo Maestro?

4. Decíales, pues, que en sus composiciones Latinas, fuessen de la especie que se fuessen, se guardassen bien de imitar el estilo de Ciceron, ni alguno de aquellos otros estilos, á la verdad propios, castizos, perspicuos, y elegantes; pero por otra parte tan claros y tan naturales, que qualquiera Lector, por boto que fuesse, comprehendia luego á la primera ojeada lo que le querian decir. Esto por varias razones, todas á qual mas poderosas: la primera, porque hasta en las Sagradas Letras se alaba mucho á aquel no ménos valeroso que discreto Héroe, que trataba las Ciencias magníficamente: Magnifice etenim scientiam tractabat; y ciertamente nada se puede tratar con magnificencia, quando se usa de voces obvias, triviales, y comunes, aunque sean muy propias y muy puras. La segunda, porque, si no se procura tener atada la atencion de los lectores y de los oyentes con la obscuridad, ó á lo ménos, con que no esté á primer folio la inteligencia de la frase, enseña la experiencia, que unos roncan, y otros piensan en las babias, por quanto es muy volátil la imaginacion de los mortales. La tercera, porque, miéntras el Lector anda revolviendo Calepinos, Vocabularios, y Lexicones, para entender una voz, se le queda despues mas impresso su significado, y á vueltas de él la doctrina y el pensamiento del Autor. La quarta, y mas poderosa de todas, para que sepan essos Extrangerillos, que notan el Latin de los Españoles de despeluzado, incurioso, ó desgreñado, que tambien acá sabemos escribir á la papillota y sacar un Latin con tantos bucles, como si se huviera peynado en la calle de San Honorato de Paris: lo que no es possible que sea, miéntras no se ande á caza de frases escogidas, crespas, y naturalmente ensortijadas.

5. «Ahí teneis al Inglés, ó al Escocés Juan Barclayo (que yo no tengo ahora empeño, en que fuesse de Londres ó de Edimburgo), el qual no dirá exhortatio, aunque le quemen, sino parænesis, que significa lo mismo, pero un poco mas en Griego; ni obedire por obedecer, que lo dice qualquiera Lego, sino decedere, que, sobre tener mejor sonido, es de significado mas abstruso, por lo mismo que es equívoco. Llamar Prologus al Prólogo, qué Lego no entenderá esse Latin? llamarle Proœmium suena á zaguan de Lógica: Præfatio parece cosa de Missal, y luego ofrece á la imaginacion la idéa del Canto Gregoriano: llámese Alloquium, Ante-loquium, Præloquium, Præloquutio, y dexadlo de mi cuenta. Al estilo doctrinal llámesele siempre en Latin Stilus didascalicus, y cayga quien cayere: quando se quiera notar á algun Autor Latino, aunque sea de los mas famosos, de que aún no ha cogido bien el ayre de la lengua Romana, y que hasta en ella se descubre el propio de la suya Nacional, dígase: á Dios, te la depare buena, redolet Patavinitatem; porque, si bien es assí, que todavía no han convenido los Gramáticos en el verdadero significado de esta voz, qualquiera que la usa queda ipso facto calificado de un Latino, que se pierde de vista, elegante, culto, y terso. Sobre todo os encargo mucho, que ni á mí, ni á algun otro Preceptor, Maestro, ó Doctor, apellideis jamas con los vulgaríssimos nombres de Doctor, Magister, Præceptor. Jesus, qué parvulez, y qué patanismo! A qualquiera que enseñe alguna facultad, llamadle siempre Mystagogus; porque, aunque es cierto, que no viene á propósito, aun el mismo, que lo conoce, os lo agradecerá, por ser voz, que presenta una idéa mysteriosa y extraordinaria. La mejor advertencia se me olvidaba. Es de la mayor importancia: quando leais alguna Obra Latina, de las que están mas en voga (frase que me cae muy en gracia), decir de quando en quando: hic est Trasonismus, este es Trasonismo: y no os dé cuidado, que vosotros, ni los que os oyeren, entendais bien lo que en esso quereis decir; porque yo os empeño mi palabra de que los dexareis aturrullados, y arqueando los ojos de admiracion. Con esto, y con hacer grande estudio en no escribir jamas trabados los diphtongos de a y e, ni de o y e, como lo han hecho hasta aquí muchos Latinos honrados, sino con sus letras separadas, escribiendo, v. g. feminae en lugar de feminæ, y Phoebus en vez de Phœbus; con no contar las datas por los dias del mes, sino por las Kalendas, los Idus, y las Nonas; con guardaros mucho de no llamar á los meses de Julio y Agosto con sus nombres sabidos y regulares, sino con los de Quintilis y Sextilis, como se llamaban in diebus illis; y finalmente con desterrar los números Arábigos de todas vuestras composiciones Latinas, usando siempre de las letras Romanas, en vez de números, y essas dibujadas á la antigua, v. gr. para poner anno millesimo septingentesimo quinquagesimo quarto, año de mil-setecientos-y-cinquenta-y-quatro, no poner, como pudiera un Contador ó un Comerciante, anno 1754, sino an. CIↃ.DCC.LIV: digo, hijos mios, que con solo esto podeis echar piernas de latin por todo el mundo: et peream ego, nisi cultissimi omnium latinissimorum hominum audieritis

6. Muy atento estaba nuestro Gerundio á las lecciones del Dómine, oyéndolas con singular complacencia, porque como tenia bastante viveza, las comprehendia luego; y por otra parte, como eran tan conformes al gusto extravagante, con que hasta allí le havian criado, le quadraban maravillosamente. Pero como vió, que el Dómine inculcaba tanto en que el latin fuesse siempre crespo, y todo lo mas obscuro que fuesse possible; y por otra parte, en fuerza de la inclinacion, que desde niño havia mostrado á predicar, su Padrino el Licenciado Quijano le havia enviado los quatro tomos de Sermones del famoso Juan Raulin, Doctor Parisiense, que murió en el año de 1514, los quales, por ser de un latin muy llano, muy chavacano, y casi macarrónico, los entendia perfectamente Gerundico, dixo al Dómine muy desconsolado, hablándole en latin, porque havia pena para los que en el Aula hablassen en romance: Domine, secundum ipsum, quidam sermones latini, quos ego habeo in pausatione mea, non valebunt nihil, quia sunt plani, et clari sicut aqua: Pues, Señor, segun esso, unos Sermones Latinos, que yo tengo en mi posada, no valdrán nada, porque son llanos y claros como el agua. — Qui sunt hi sermones? le preguntó el Dómine: Qué Sermones son essos? — Sunt cujusdam Prædicatoris, respondió el chico, qui vocatur Joannes de... non me recordor, quia habet appellitum multum enrebesatum: Son de un Predicador, que se llama Juan de... no me acuerdo, porque tiene un apellido muy enrevesado. — De quo agunt? le volvió á preguntar el Dómine; de qué tratan? — Domine, respondió el muchacho, de multis rebus, quæ faciunt ridere: Señor, de muchas cosas, que hacen reír. — «Anda, ve, y tráhelos, le dixo el Preceptor, y veremos, qué cosa son ellos, y qué cosa es el latin.»

7. Partió volando el obediente Gerundio; traxo los Sermones; abrió el Dómine un tomo, y encontróse con el Sermon 3. de Viduitate, donde leyó en voz alta este admirable passage.

8. Dicitur de quadam vidua, quod venit ad Curatum suum, quærens ab eo consilium, si deberet iterum maritari, et allegabat, quod erat sine adjutorio, et quod habebat servum optimum, et peritum in arte mariti sui. Tunc Curatus dixit: Bene, accipite eum. E contrario illa dicebat: Sed periculum est accipere illum, ne de servo meo faciam Dominum. Tunc Curatus dixit: Bene, nolite eum accipere. Ait illa: quomodo ergo faciam? Non possum sustinere pondus illud, quod sustinebat maritus meus, nisi unum habeam. Tunc Curatus dixit: Bene, habeatis eum. At illa: sed si malus esset, et vellet me disperdere et usurpare? Tunc Curatus: non accipiatis ergo eum. Et sic Curatus semper juxta argumenta sua concedebat ei. Videns autem Curatus, quia vellet illum habere, et haberet devotionem ad eum, dixit ei, ut bene distincte intelligeret, quid campanæ Ecclesiæ ei dicerent, et secundum consilium campanarum quod ipsa faceret. Campanis autem pulsantibus intellexit, juxta voluntatem suam quod dicerent: prends ton varlet, prends ton varlet. Quo accepto, servus egregie verberavit eam, et fuit ancilla, quæ prius fuerat domina. Tunc ad Curatum suum conquesta est de consilio, maledicendo horam, qua crediderat ei. Cui ille: non satis audisti, quid dicant campanæ. Tunc Curatus pulsavit campanam, et tunc intellexit, quod campanæ dicebant: ne le prends pas, ne le prends pas: tunc enim vexatio dederat ei intellectum.

9. No obstante la seriedad innata y congénita del gravíssimo Preceptor, afirma un Autor coetaneo, sýncrono, y fidedigno, que, al acabar de leer este gracioso trozo de Sermon, no pudo contener la risa; y, para que le entendiessen hasta los niños que havian comenzado aquel año la Gramática, mandó á Gerundio, que le construyesse. Este dixo, que de puro leerle se le havia quedado en la cabeza, y que sin construirle, si queria su merced, le relataria todo seguidamente, y aun le predicaria como si fuera mesmamente el mismo Predicador. Parecióle bien la proposicion, hizo silencio, dando sobre la mesa tres golpes con la palma: plantóse Gerundio con gentil donayre enmedio del general; limpióse los mocos con la punta de la capa; hizo la cortesía con el sombrero á todos los condiscípulos, y una reverencia con el pié derecho, á modo de quien escarba; volvió á encasquetarse el sombrero, gargajeó, y comenzó á predicar de esta manera, siguiendo punto por punto el Sermon de Juan Raulin.

10. «Cuéntase de cierta viuda, que fué á casa de su Cura á pedirle consejo, sobre si se volveria á casar, porque decia, que no podia estar sin alguno, que la ayudasse, y que tenia un criado muy bueno, y muy inteligente en el oficio de su marido. Entónces la dixo el Cura: Bien, pues cásate con él. Mas ella le decia: pero está á pique, si me caso con él, que se suba á mayores, y que de criado se haga amo mio. Entónces el Cura la dixo: Bien, pues no te cases tal. Pero ella le replicó: no sé, que me haga; porque yo no puedo llevar sola todo el trabajo que tenia mi marido, y he menester un compañero, que me ayude á llevarle. Entónces la dixo el Cura: Bien, pues cásate con esse mozo. Mas ella le volvió á replicar: y si sale malo, y quiere tratarme mal, y desperdiciar mi hacienda? Entónces el Cura la dixo: Bien, pues no te cases. Y assí la iba respondiendo siempre el Cura, segun las proposiciones y las réplicas, que la viuda le hacia. Pero al fin, conociendo el Cura, que la viuda en realidad tenia gana de casarse con aquel mozo, porque le tenia passion, díxola, que atendiesse bien lo que la dixessen las Campanas de la Iglesia, y que hiciesse segun ellas la aconsejassen. Tocaron las Campanas, y á ella le pareció que la decian, segun lo que tenia en su corazon: ca-sa-te-con-él, ca-sa-te-con-él. Casóse, y el marido la azotó, y la dió de palos tan lindamente, passando á ser esclava, la que ántes era ama. Entónces la viuda se fué al Cura, quejándose del consejo, que la havia dado, y echando mil maldiciones á la hora, en que le havia creído. Entónces el Cura la dixo: sin duda, que no oíste bien lo que decian las Campanas. Tocólas el Cura, y á la viuda le pareció entónces, que decian clara y distintamente: no-te-cases-tal; no-te-cases-tal; porque con la pena se havia hecho cuerda.»