Vesperi quarta mactabimus suem,
Ad se venire.
15. Faltó poco para que el Preceptor se volviesse loco de contento, y luego incontinenti le declaró Emperador perpetuo[21] de la vanda de Roma: hízole tomar possession del primer assiento, ó trono Imperial; mandó que provisionalmente fuesse laureado con una corona de malvas y otras yervas, por quanto no havia otra cosa mas á mano en uno, que se llamaba huerto, y era un erreñal de la casa del Dómine, miéntras se hacia venir de la montaña un ramo de laurel; y ordenó, que desde allí adelante, y por todos los siglos venideros, hasta la fin del mundo, fuesse habido, tenido, y reputado por el Archi-Poeta Paramés (era del Páramo el rayo del muchacho), para diferenciarle, y no confundirle jamas con Camilo Cuerno, Archi-Poeta de la Pulla.
16. Pararse el Dómine á explicar á sus discípulos, en qué consistia la alma y el divino furor de la Poesía; pedirle, que los hiciesse observar el carácter y la diferencia de los mejores Poetas; esperar, que los enseñasse á conocerlos, á distinguirlos, y á calificarlos; pretender, que los instruyesse, en que no se pagassen de atronamientos, ridiculeces, y puerilidades: no havia que pensar en esso, porque ni él lo sabia, ni él mismo se pagaba de otra cosa. Naturalmente se le iba la inclinacion á lo peor, que encontraba en los Poetas, como tuviesse un poco de retumbancia, ó algun sonsonetillo ridículo, insulso, y pueril. Por el primer capítulo, elevaba hasta las nubes aquellas dos bocanadas ó ventosidades poéticas de Ovidio:
Semi-bovemque virum, semi-virumque bovem:
Egelidum boream, egelidumque notum.
Y decia con grande satisfaccion, que en este Poeta no encontraba otra cosa que alabar. Por el segundo, no havia para él cosa igual á aquella recancanilla tan ridícula y tan fria de Ciceron, que para siempre le dexó tildado por tan pobre hombre entre los Poetas, como máximo entre los Oradores:
O fortunatam natam, me Consule, Romam!
17. Pero nada le assombraba tanto, como el divino ingenio de aquel Poeta oculto, que en solas dos palabras compuso un verso exámetro cabal, y ajustado á todas las reglas de la Prosodía, pero tan escondido, que sin revelacion apénas se puede conocer que es verso. Porque sin ella, quien dirá, que lo es este:
Consternabatur Constantinopolitanus?