In Barbara et Celarent,

Ita ut omnes admirarent

In Fapesmo et Frisesomorum;

Orate pro animis eorum


CAPITULO II.

Prosigue Fr. Gerundio estudiando su Philosophía, sin entender palabra de ella.

La verdad sea dicha (porque, qué provecho sacará el curioso lector, de que yo infierne mi alma?), que, quanto mas cuidado ponia el incomparable Fr. Toribio en embutir á sus discípulos en estas inútiles sutilezas, ménos entendia de ellas nuestro Fr. Gerundio: no porque le faltasse bastante habilidad y viveza, sino porque, como el genio y la inclinacion le llevaban hácia el Púlpito, que contemplaba carrera mas amena, mas lucrosa, y mas á propósito para conseguir nombre y aplauso, le causaban tedio las materias Escolásticas, y no podia acabar consigo el aplicarse á estudiarlas. Por esso era gusto oírle las idéas confusas, embrolladas, y ridículas, que él concebia de los términos facultativos, conforme iban saliendo al teatro en la explicacion del Maestro. Llegó este á explicar los grados metaphýsicos de ente, substancia, criatura, cuerpo, etc., y por mas que se desgañitaba en enseñar, que todo lo que existe es ente; si se ve, y se palpa, es ente real, phýsico, y corporeo; si no se puede ver, ni palpar, porque no tiene cuerpo, como el alma y todo quanto ella sola produce, es ente verdadero y real, pero espiritual, immaterial, é incorporeo; si no tiene mas ser, que el que le dá la imaginacion y el entendimiento, es ente intelectual, ideal, é imaginario: siendo esta una cosa tan clara, para Fray Gerundio era una algaravía; porque, habiendo oído muchas veces en la Religion, quando se trataba de algun sugeto exótico y estrafalario, vaya que esse es ente, jamas pudo entender por ente otra cosa que un hombre irregular, ó risible por algun camino. Y assí, despues que oyó á su Lector las propiedades del ente, contenidas en las letras iniciales de aquella palabra bárbara R. E. V. B. A. U., quando veía á alguno de genio extravagante, decia, no sin vanidad de su comprehension escolástica: este es un Reubau, como lo explicó mi Lector.

2. Por la palabra substancia, en su vida entendió otra cosa, mas que caldo de gallina, por quanto siempre havia oído á su madre, quando havia enfermo en casa, voy á darle una substancia. Y assí se halló el hombre mas confuso del mundo, el año que estudió la Phýsica. Tocándole arguir á la question, que pregunta, si la substancia es immediatamente operativa? su Lector defendia que no; y Fray Gerundio perdia los estrivos de la razon y de la paciencia, pareciéndole, que este era el mayor disparate, que podia defenderse, pues era claramente contra la experiencia, y á él se le havia ofrecido un argumento, á su modo de entender demonstrativo, que convencia concluyentemente lo contrario. Fuése, pues, al General muy armado de su argumento, y propúsole de esta manera: El caldo de gallina es verdadera substancia; sed sic est, que el caldo de gallina es immediatamente operativo: luego la substancia es immediatamente operativa. Negáronle la menor, y probóla assí: Aquello, que, administrado en una ayuda, hace obrar immediatamente, es immediatamente operativo. Sed sic est, que el caldo de gallina, administrado en una ayuda, hace obrar immediatamente: luego el caldo de gallina es immediatamente operativo. Rióse á carcajada tendida toda la mosquetería del Aula; negáronle la menor de este segundo sylogismo; y él enfurecido, parte con la risa, y parte con que le huviessen negado una proposicion, que tenia por mas clara, que el Sol que nos alumbra, sale del General precipitado y ciego, sin que nadie pudiesse detenerle, sube á la Celda, llama al Enfermero, dícele, que luego luego le eche una ayuda con caldo de gallina, si por dicha havia alguno prevenido para los enfermos. El Enfermero, que le vió tan turbado, tan inquieto, y tan encendido, creyendo sin duda, que le havia dado algun accidente cólico, para el qual havia oído decir, que eran admirable específico los caldos de pollo, juzgando, que lo mismo serian los de gallina, va volando á su cocinilla particular, dispónele la lavatiba, y adminístrasela; hace prontamente un prodigioso efecto; llena una gran vasija, de las que se destinan para este ministerio, y, baxando al General sin detenerse, dixo colérico al Lector, al que sustentaba, y á todos los circunstantes: Los que quisieren ver si el caldo de gallina hace ó no hace obrar immediatamente, vayan á mi Celda, y allí encontrarán la prueba; y despues que se vayan á defender, que la substancia no es immediatamente operativa.

3. Este lance acabó de ponerle de muy mal humor con todo lo que se llamaba estudio Escolástico. Y, aunque algunos Padres graves y verdaderamente doctos, que le querian bien, procuraron persuadirle, que se dedicasse algo á este estudio, á lo ménos al de aquellas materias, assí Phýsicas, como Metaphýsicas, que no solo eran conducentes, sino casi necessarias para la inteligencia de las questiones mas importantes de la Theología en todas sus partes, Escolástica, Expositiva, Dogmática, y Moral, sin cuya noticia era impossible saber hacer un Sermon, sin exponerse á decir mil necedades, heregías, y dislates, no fué possible convencerle; ni, aunque le dieron algunos panes y agua, hasta llegar tambien á media docena de despojos, ni por essas se pudo conseguir, que se aplicasse á lo que no le llevaba la inclinacion, y mas haviendo en casa quien le ayudaba á lo mismo.