4. Era el caso, que por mal de sus pecados se encontró nuestro Fr. Gerundio con un Predicador mayor[27] del Convento, el qual era un mozalvete, poco mas ó ménos de la edad de su Lector, pero de traza, gusto, y carácter muy diferente.

5. Hallábase el Padre Predicador mayor en lo mas florido de la edad, esto es, en los treinta y tres años cabales. Su estatura procerosa, robusta, y corpulenta; miembros bien repartidos, y assaz symétricos y proporcionados; muy derecho de andadura, algo salido de panza; cuelli-erguido, su cerquillo copetudo, y estudiosamente arremolinado; hábitos siempre limpios, y muy prolixos de pliegues, zapato ajustado, y sobre todo su solidéo de seda, hecho de aguja, con muchas y muy graciosas labores, elevándose en el centro una borlita muy ayrosa; obra toda de ciertas Beatas, que se desvivian por su Padre Predicador. En conclusion, él era mozo galan, y juntándose á todo esto una voz clara y sonora, algo de cecéo, gracia especial para contar un cuentecillo, talento conocido para remedar, despejo en las acciones, popularidad en las modales, boato en el estilo, y osadía en los pensamientos, sin olvidarse jamas de sembrar sus Sermones de chistes, gracias, refranes, y frases de chimenéa, encajadas con grande donosura, no solo se arrastraba los concursos, sino que se llevaba de calles los estrados.

6. Era de aquellos cultíssimos Predicadores, que jamas citaban á los Santos Padres, ni aun á los Sagrados Evangelistas por sus propios nombres, pareciéndoles, que esta es vulgaridad. A San Mathéo le llamaba el Angel Historiador, á San Márcos el Evangélico Toro, á San Lucas el mas divino Pincel, á San Juan el Aguila de Patmos, á San Gerónimo la Púrpura de Belen, á San Ambrosio el Panal de los Doctores, á San Gregorio la Alegórica Thiara. Pensar, que al acabar de proponer el tema de un Sermon, para citar el Evangelio y el capítulo de donde le tomaba, havia de decir sencilla y naturalmente: Joannis capite decimo tertio: Matthæi capite decimo quarto, esso era cuento, y le parecia, que bastaria esso, para que le tuviessen por un Predicador Sabatino: ya se sabia, que siempre havia de decir: Ex Evangelica lectione Matthæi, vel Joannis capite quarto decimo; y otras veces, para que saliesse mas rumbosa la colocacion: Quartodecimo ex capite. Pues qué! dexar de meter los dos deditos de la mano derecha, con garbosa pulidez, entre el cuello y el tapacuello de la Capilla, en ademan de quien desahoga el pescuezo, haciendo un par de movimientos dengosos con la cabeza, miéntras estaba proponiendo el tema, y, al acabar de proponerle, dar dos ó tres brinquitos dissimulados, y, como para limpiar el pecho, hinchar los carrillos, y, mirando con desden á una y otra parte del Auditorio, romper en cierto ruído gutural, entre estornudo y relincho! esto afeytarse siempre que havia de predicar, igualar el cerquillo, levantar el copete, y, luego que, hecha ó no hecha una breve oracion, se ponia de pié en el Púlpito, sacar con ayroso ademan de la manga izquierda un pañuelo de seda de á vara y de color vivo, tremolarle, sonarse las narices con estrépito, aunque no saliesse de ellas mas que ayre, volverle á meter en la manga á compas y con harmonía, mirar á todo el concurso con despejo, entre ceñudo y desdeñoso, y dar principio con aquello de sea ante todas cosas bendito, alabado, y glorificado, concluyendo con lo otro de en el primitivo instantaneo ser de su natural animacion: no dexaria de hacerlo el Padre Predicador mayor en todos sus Sermones, aunque el mismo San Pablo le predicara, que todas ellas eran, por lo ménos, otras tantas evidencias de que allí no havia ni migaja de juicio, ni assomo de syndéresis, ni gota de ingenio, ni sombra de meollo, ni pizca de entendimiento.

7. Sí, andaos á persuadírselo, quando á ojos vistas estaba viendo, que solo con este preliminar aparato se arrastraba los concursos, se llevaba los aplausos, conquistaba para sí los corazones, y no havia estrado ni visita, donde no se hablasse del último Sermon, que havia predicado.

8. Ya era sabido, que siempre havia de dar principio á sus Sermones, ó con algun refran, ó con algun chiste, ó con alguna frase de bodegon, ó con alguna cláusula emphática ó partida, que á primera vista pareciesse una blasfemia, una impiedad, ó un desacato; hasta que, despues de tener suspenso al Auditorio por un rato, acababa la cláusula, ó salia con una explicacion, que venia á quedar en una grandíssima friolera. Predicando un dia del Mysterio de la Trinidad, dió principio á su Sermon con este período: Niego, que Dios sea Uno en Essencia, y Trino en Personas; y paróse un poco. Los oyentes, claro está, comenzaron á mirarse los unos á los otros, ó como escandalizados, ó como suspensos, esperando en qué havia de parar aquella blasfemia heretical. Y quando á nuestro Predicador le pareció, que ya los tenia cogidos, prosigue con la insulsez de añadir: Assí lo dice el Evionista, el Marcionista, el Ariano, el Manichéo, el Sociniaino; pero yo lo pruebo contra ellos con la Escritura, con los Concilios, y con los Padres.

9. En otro Sermon de la Encarnacion, comenzó de esta manera; A la salud de ustedes, Cavalleros; y, como todo el Auditorio se riesse á carcajada tendida, porque lo dixo con chulada, él prosiguió, diciendo: «No hay que reírse, porque á la salud de ustedes, de la mia, y la de todos, baxó del Cielo Jesu-Christo, y encarnó en las Entrañas de María. Es artículo de Fé. Pruébolo: Propter nos homines, et propter nostram salutem, descendit de cœlis, et incarnatus est.» Al oír esto, quedaron todos como suspensos y embobados, mirándose los unos á los otros, y escuchándose una especie de murmurío en toda la Iglesia, que faltó poco para que parasse en pública aclamacion.

10. Havia en el Lugar un Zapatero, truhan de profession y eterno decidor, á quien llamaban en el Pueblo el azote de los Predicadores, porque en materia de Sermones su voto era el decisivo. En diciendo del Predicador: Gran pájaro! pájaro de quenta! bien podia el Padre desvarrar á tiros largos, porque tendria seguros los mas principales Sermones de la Villa, incluso el de la Fiesta de los Pastores, y el de San Roque, en que havia Novillos y un Toro de muerte. Pero, si el Zapatero torcia el hozico, y al acabar el Sermon decia: Polluelo! Cachorrillo! Iráse haciendo; mas que el Predicador fuesse el mismíssimo Vieyra, en su mesma mesmedad, no tenia que esperar volver á predicar en el Lugar, ni aun el Sermon de San Sebastian, que solo valia una rosca, una azumbre de hypocras, y dos quartas de cerilla. Este, pues, formidable censor de los Sermones estaba tan pagado de los del Padre Fray Blas (que esta era la gracia del Padre Predicador mayor), que no encontraba voces para ponderarlos: llamábale pájaro de pájaros, el non prus hurta de los Púlpitos, y en fin el Orador por Antonio mesía, queriendo decir, el Orador por Antonomasía; y, como el tal Zapatero llevaba en el lugar, y aun en todo aquel contorno, la voz de los sermones, no se puede ponderar lo mucho que acreditó con sus elogios á Fray Blas, y la gran parte que tuvo, en que se hiciesse incurable su locura, vanidad, y bobería.

11. Compadecido igualmente de la sandez del Predicador, que de la perjudicial simpleza del Zapatero, un Padre grave, religioso, docto, y de gran juicio, que, despues de haver sido Provincial de la Orden, se havia retirado á aquel Convento, emprendió curar á los dos, si podia conseguirlo; y, como el dia despues del famoso Sermon de la Anunciacion, le fuesse á calzar el Zapatero (porque era el Maestro de la Comunidad), y este, con su acostumbrada bachillería comenzasse á ponderar el Sermon del dia antecedente, pareciendo tambien, que en aquello lisongeaba al Reverendíssimo, por ser Frayle de su Orden, el buen Padre Ex-Provincial quiso aprovechar aquella ocasion, y sacando la caxa dió un polvo á Martin (que este era el nombre del Zapatero), hízole sentar junto á sí, y encarándose con él le dixo con grandíssima bondad:

12. «Ven acá, Martin, qué entiendes tú de Sermones? Para qué hablas de lo que no entiendes, ni eres capaz de entender? Si no sabes escribir, ni apénas sabes deletrear, como has de saber, quien predica mal, ni bien? Díme: si yo te dixera á tí, que no sabias cortar, coser, desvirar, ni estaquillar, y que todo esto lo hacia mejor fulano ó citano, de tu misma profession, no me dirias con razon: Padre, déxelo, que no lo entiende; métase allá con sus libros, y déxenos á los Maestros de obra prima con nuestra tixera, con nuestra lesna, y con nuestro trinchete? Esto siendo assí, que saber qual zapato está bien ó mal cosido, bien ó mal cortado, es cosa, que puede conocer qualquiera, que no sea ciego. Pues, si un Maestro y un Predicador haria mal en censurar, y mucho peor en dar reglas de cortar ni de coser á un Zapatero; será tolerable, que un Zapatero se meta en dar reglas de predicar á los Predicadores, y en censurar sus Sermones? Mira, Martin: lo mas mas que tú puedes conocer, y en que puedes dar tu voto, es en si un Predicador es alto ó baxo, derecho ó corcobado, Cura ó Frayle, gordo ó flaco, de voz gruessa ó delgada, si manotéa mucho ó poco, y si tiene miedo ó no le tiene; porque para esto no es menester mas que tener ojos y oýdos: pero, en saliendo de aquí, no solo te expones á decir mil disparates, sino á elogiar cien heregías.»

13. — «Vítor, Padre Reverendíssimo, dixo el truhan del Zapatero. Y por qué no acaba su Reverendíssima con Gracia y Gloria, para que el Sermoncillo tenga su debido y legítimo final? Segun esso tendrá V. Rma. por heregía aquella gallarda entradilla, con que el Padre Predicador mayor dió principio al Sermon de la Santíssima Trinidad: Niego, que Dios sea Uno en Essencia, y Trino en Personas.» — «Y de las mas escandalosas, que se pueden oír en un Púlpito Cathólico,» respondió el grave, y docto Religioso. — «Pero, si dentro de poco (replicó Martin) añadió el Padre Fr. Blas, que no lo negaba él, sino el Evarista, el Marconista, el Marrano, el Macabéo, y el Sucio Enano, ó una cosa assí, y sabemos, que todos estos fueron unos perros Hereges; qué heregía de mis pecados dixo el buen Padre Predicador, sino puramente referir la que estos Turcos y Moros dixeron?» Sonrióse el Reverendo Ex-Provincial, y, sin mudar de tono, le replicó blandamente: «Dígame, Martin; si uno echa un voto-á-Christo redondo,[28] y de allí á un rato añade valillo, dexará de haver echado un juramento?» — «Claro es que no, respondió el Zapatero, porque assí lo he oído cien veces á los Theatinos, quando vienen á missionarnos el alma. Y á fé, que en esto tienen razon; porque el valillo, que se sigue despues, ya viene tarde, y es assí á la manera que digamos de aquel lo que dice el refran: romperle la cabeza, y despues labarle los cascos.» — «Pues á la letra sucede lo mismo en essa proposicion escandalosa, y otras semejantes, que profieren muchos Predicadores de mollera por cocer (repuso el buen Padre): la heregía ó el disparate sale rotundo, y en todo caso descalabran con él al Auditorio, y esso es lo que ellos pretenden, teniéndolo por gracia; despues entran las hilas, los parchecitos y las vendas para curarle. De manera que todo el chiste se reduce á echar por delante una proposicion, que escandalice, y quanto sea mas dissonante, mejor; despues se la da una explicacion, con la qual viene á quedar una grandíssima friolera. No te parece, Martin, que, aun quando assí se salve la heregía, á lo ménos no se puede salvar la insensatez y la locura?»