19. Y no que, en ordenándose de Missa qualquiera Theologuillo, luego solicita sus licencias corrientes para confessar, predicar, bobear, etc. y allá se las campanéa. Pero, siendo esto tan malo, todavía no es lo peor. Hay en una Universidad un manteistilla chusco, pero aplicado, y grande arguidor. Ha estudiado su Philosophía, y sus tres ó quatro años de Theología con créditos de ingenio, y ha sustentado un par de Actos con despejo y con intrepidez. Hacen á su padre ó á su tio Mayordomo de la Cofradía del Santíssimo de su Lugar: echa el Sermon al hijo, ó al sobrino; acude por la licencia; despáchasele por lo comun, sin tropezar en barras; sube al Púlpito con su Sobrepelliz almidonada y de perifollo; representa con desembarazo lo que otro le compuso, ó echa por aquella boca, con grande satisfaccion, los disparates, que él mismo enjurjó; porque un pobre muchacho, sin mas estudio que quatro párrafos escolásticos, qué obligacion tiene á saber componer otra cosa? Acábase el Sermon, ó lo que fuere: hay vítores, hay aclamaciones, hay enhorabuenas, hay despues grandes bríndis, y muchas coplas en la mesa. Y qué sucede no pocas veces? Que al dia siguiente sale una mozuela, poniendo demanda de matrimonio al señor Predicador, y en aquella misma Iglesia, donde le oyeron tantas maravillas del Sacramento de la Eucharistía, le ven recibir pocos dias despues las bendiciones para el del santo Matrimonio.
CAPITULO VI.
En que se parte el Capítulo passado, porque ha crecido mas de lo que se pensó, y se da quenta de la conversacion prometida.
Pues, como iba diciendo de mi quento, de esta y otras bellas especies de Crítica estaba mas que medianamente instruído nuestro Beneficiado; y, como por otra parte no era de aquellos Sectarios plebeyos, ó de escalera abaxo, que hay en todas las Escuelas, los quales miran á los de la contraria con sobrecejo, con desden, y aun con horror, sino de los nobles, de los distinguidos, de los verdaderamente despejados, que, haciendo la debida diferencia entre los dictámenes del entendimiento y los de la voluntad, conocen muy bien, que en todas las Escuelas Cathólicas hay Maestrazos, que se pierden de vista, Doctores sapientíssimos, hombrones de Doctrina consumada, y que tambien hay en todas insignes majaderos; aunque él havia estudiado opiniones contrarias á las que comunmente se enseñaban en el Convento de su Lugar, donde estudiaba nuestro Fray Gerundio, veneraba mucho á algunos de aquellos Padres Maestros, y tenia grande y familiar trato con todos los Padres graves de la Comunidad; los quales, viendo su gran juicio, su porte verdaderamente Eclesiástico, su mucha erudicion, sus bellas y gratíssimas modales, su chiste y gracia natural, sin salir jamas de los términos de una modesta compostura, y sobre todo el sólido amor y estimacion, que professaba á la Orden, acreditadas con buenas pruebas, no solo le correspondian con igual estimacion y cariño, sino que no se reservaban de tocar en su presencia algunas materias domésticas con religiosa y amistosa confianza.
2. A dos de los Padres mas sabios, mas religiosos, y mas graves del Convento, cuyas Celdas eran las que él frequentaba mas, y á quienes él trataba con mayor estrechez, oyó lamentarse muchas veces de los lastimosos desbarros del Predicador mayor de la Casa; pero mucho mas del daño, que hacia con su exemplo y con sus disparatadas máximas, en punto de predicar, á los Colegiales mozos, y especialmente al candidíssimo Fray Gerundio, á quien tenia tan imbuído en que para ser gran Predicador no era menester ser Philosópho, ni Theólogo, ni calabaza, que havia cobrado un sumo horror á todo estudio escolástico, sin haver bastado para hacerle, que se aplicasse á él, ni avisos particulares, ni reprehensiones públicas, ni panes y agua, ni disciplinas, ni otros castigos, que usaba santamente la Orden. Añadian, que ya le huvieran sacado ignominiosamente de los estudios, si no tuviera unas prendas por otra parte tan amables, y á no estar apadrinado de un Padre Ex-Provincial, que le havia dado el Santo Hábito, y sobre todo por el respeto de sus buenos Padres, que, aunque eran unos Labradores honrados y no ricos, con todo esso eran de los hermanos mas devotos y mas proficuos, que tenia la Orden.
3. Una de las ocasiones, en que aquellos dos Reverendíssimos trataron esta materia con mayor vehemencia y con mayor compassion, en presencia de nuestro Beneficiado, les dixo este: «Ora, Padres Maestros, tanto como la cura del Padre Predicador mayor, no me atrevo á emprenderla, porque la tengo por desesperada. Está el mal tan arraygado, que se ha convertido en naturaleza, y el enfermo tan casado con su mal, que echará á passear á quien pretenda curarle. Pero Fray Gerundio es otra cosa; el achaque está muy á los principios, ni está tan duro el alcacer; y, como quiera, nihil tentasse nocebit. Yo, ni confio, ni desespero; mas qué vamos á perder en intentarlo? A Dios y á dicha voy allá sin perder tiempo» — y diciendo, y haciendo partió derecho á su Celda.
4. Entró en ella con familiaridad de doméstico, encontróle leyendo, y le preguntó con festivo desembarazo: Qué hace Vm., amigo Fray Gerundio? — «Qué he de hacer, señor Beneficiado? Havrá una hora, que acabé de trasladar un Sermon, y, cansado ya de escribir, me puse á leer en un libro el mas guapo, que he leído, ni pienso leer en todos los dias de mi vida; y en verdad, que si le leyeran nuestros Padres Maestros, no me aporrearan tanto para que estudiasse las impertinencias, que estudian sus Paternidades.» — «Ay cosa! replicó el Beneficiado; y como es la gracia de esse libro?» — «Por qual me pregunta usted? que tiene muchas, y todo él es una pura gracia.» — «No digo esso, continuó el Beneficiado, sino que como se intitula el libro?» — «Ah! como se intitula? respondió Fr. Gerundio: como se intitula? esso es otra cosa, y no la havia entendido. Como se intitula... par diez, que ya no me acuerdo. Pero tenga usted, que ya se me vino á la memoria. Se intitula el Capuchino... No, no: soy un borracho; no se intitula el Capuchino; pero ello es cosa de barbas. Ah: ya me acuerdo bien; se intitula el Barbon.» — «El Barbon?» — «No: válgate Dios por memoria! mas ello, pues está aquí el mismo libro, hay mas que ir á ver la primera llana, y lo sabremos.»
5. Bien conoció desde luego el Beneficiado, que hablaba de la Obra del Barbadiño, pero no le quiso interrumpir, por el gusto que le daba oírle desatinar, y para ver si caía en quenta de que quien no sabia ni aun el título del libro, que estaba leyendo, como havia de entenderle? Al fin, viéndole tan embarazado, le dixo: «No es menester, que Vm. lea la primera llana, que ya sé, qué libro es esse. Está escrito en Portugués, y se intitula el Verdadero Méthodo de estudiar; y, aunque su Autor quiso esconderse tras de las venerables barbas de un Capuchino de la Congregacion de Italia, y por esso tuvo por bien llamarse el P... Barbadiño, pero, con licencia de sus barbas postizas, ya todo el mundo le conoce por las verdaderas, con sus pelos y señales, y hasta los niños quando passa por la calle, le señalan con el dedo, diciendo, ahí va el Señor Arcediano. Pero á propósito, mi Padre Fray Gerundio, usted entiende la lengua Portuguesa?» — «Toda no, señor, respondió el candidíssimo Religioso, pero tanto como hasta una docena de palabras, ya las entiendo bien, y con ellas me vandéo: como Pregador, Evangelho, Sermoens, Fieis, y assí otras á este tenor. Y, como por el hilo se saca el ovillo, por unas palabras saco otras, y acá á mi modo formo el concepto de lo que quiere decir. Mas puesto que, segun parece, Vm. ha leído esta obra, dígame, qué siente de ella, en Dios y en su conciencia?»
6. — «Esso, Padre mio, es quento largo, respondió el Beneficiado, y hoy no estoy muy de vagar: puede ser, que algun dia se ofrezca ocasion de que hablemos de este punto; aunque de passo diré á Vm., que, como huviera escrito con ménos satisfaccion, sin tanta arrogancia, y con mas respeto de muchos hombres de bien, habidos y reputados por tales entre todos los Literatos del mundo, puede ser, que huviera sido mejor recibida la obra, porque no se puede negar, que tiene muita coiza boa.» — «Entre essas, dixo Fray Gerundio, las que mejor me parecen á mí, son aquellas, en que da contra la Lógica, la Phýsica, la Metaphýsica, la Animástica, y la Theología escolástica, tratándolas de ridicularias, nombre que repite mucho, y á mí me da grande choz, porque me suena tan lindamente.» — «Poco á poco, Padrecito mio, replicó el Beneficiado, no levante Vm. esse falso testimonio al Señor Arcediano de Ebora, aunque no es Vm. el primero, que se lo ha levantado, pero el hecho es, que él no da contra essas facultades. Lo primero, da contra el mal méthodo, con que se enseñan en Portugal, y aun en toda España, y en esso no le falta razon: lo segundo, contra las muchas questiones inútiles é impertinentes, que se mezclan en ellas, y en esto le sobra: lo tercero, contra el demasiado tiempo, que se gasta en enseñar las que pueden ser de algun provecho, y en esto tampoco va descaminado. En materia de Phýsica natural, no dice, que no se estudie, sino que no es Phýsica, ni calabaza, la que comunmente se estudia por acá; y tambien esto, son pocos los hombres verdaderamente sabios los que no lo conozcan, aunque no sean muchos los que lo confiessen.»