17. «Ve aquí, Fray Gerundio amigo, los principales sueños de los Philósophos antiguos, y las principales imaginaciones de los modernos, que apénas se diferencian de aquellos mas que en media docena de terminillos, y en haver sacado al theatro sus opiniones con otro trage mas de moda. Yo no negaré, que unos y otros hicieron lo que pudieron, para averiguar sus secretos á la naturaleza, y para sacar á luz sus escondrijos, y que esto es lo que se llama Philosophía. Pero quien le ha dicho al Reverendo Señor Don Barbadiño, que esta Philosophía se ignora en Portugal y en España? Cierto que, teniendo su merced tanta obligacion, como se sabe, á no ignorar lo que ha passado en su misma Universidad de Cohimbra, causa admiracion, que afecte ignorar lo que escribieron los Sabios Jesuítas Conimbricenses en su Curso Philosóphico. Allí verá explicados muy extensamente todos estos systemas, y tambien los verá impugnados con el mayor nervio. Es verdad, que, como aquellos Padres no alcanzaron á estos Monsiures novíssimos, no pudieron impugnarlos en sus propios términos. Pero sí es cosa averiguada, que la que se llama Philosophía nueva y flamante es solo un texido de las mas añejas y de las mas podridas del mundo; todos los que tienen noticia de estas, tienen noticia de aquella, y todos los que impugnan las unas, impugnan la otra. Pues por esta quenta, no solo en el Curso de los Conimbricenses, sino en muchos de los Cursos Philosóphicos, que de docientos años á esta parte se han impresso en España, hallará mucha noticia de la que su Paternidad Barbadiña llama Philosophía legítima, castiza y verdadera.»

18. «Pero, si todavía no se contenta con esto y pretende, que sea cierta su proposicion, miéntras no se verifique, que en los Cursos de España se conoce en su propia y mismíssima figura esta Philosophía del tiempo, aun assí será preciso, que la vuelva al cuerpo. Porque, si le dieran lugar para saber lo que passa por acá sus estrechas correspondencias con ciertos amigos de Francia, y su aplicacion infatigable á entender mal, ó á interpretar peor las Bulas y Breves Pontificios sobre las Missiones del Oriente, tendria sin duda noticia de que mas ha de treinta años se publicó en España el Curso Philosóphico del Sabio Padre Luis de Lossada, cuya admirable Phýsica comienza por un largo y docto discurso preliminar, en que se exponen, se examinan, y se baten en brecha casi todos los Systemas Philosóphicos, que se llaman Modernos por mal nombre, representándolos todos con sus pelos y señales. Aunque esta impugnacion, como imparcial, y como verdaderamente sabia, no es tan en cerro, ni tan á destajo, que en el discurso de la obra no se abracen algunas opiniones de los Philósophos experimentales, desamparando la de los Aristotélicos, á cuyo Gefe, por lo demas, se sigue con juicio y sin empeño.»

19. «Acordaríase tambien de que el insigne Valenciano Don Vicente Tosca no solo nos dió larga noticia de todas las recientes Sectas Philosóphicas, sino que aun se empeñó el santo Clérigo en que havia de introducirlas en España, desterrando de ella la Aristotélica. No logró el todo de su empeño, pero le consiguió en gran parte; porque en los Reynos de Valencia y de Aragon se perdió del todo el miedo al nombre de Aristóteles; se examinaron sus razones, sin respetar su autoridad; se conservaron aquellas opiniones suyas, que se hallaron estar bien establecidas, ó por lo ménos no concluyentemente impugnadas; y al mismo tiempo se abrazaron otras de los Modernos, que parecieron puestas en razon; de manera que en las Universidades de aquellos dos Reynos se tiene tanta noticia de lo que han dicho los novíssimos Terapeutas de la Naturaleza, como se puede tener en la mismíssima Berlin; y hay Philósophos, que pueden hablar con tanta inteligencia en estas materias á las barbas de la misma Academia de las Ciencias de Paris, como los Regis y los Regaults en su mesma mesmedad.»

20. «Finalmente, ahora, ahora en fresco y, como dicen, todavía chorreando tinta, se acaba de imprimir en Salamanca el primer tomo de un Curso Philosóphico, que ha de constar no ménos que de doce volúmenes, en el qual, segun promete el Autor, quando llegue al tercero, todo él le ha de emplear en llamar á juicio todas las Sectas Philosóphicas, recien nacidas ó resucitadas, y el quarto en examinar los recobecos de la Naturaleza, al gusto de los Modernos, sin perjuicio del derecho, que se reserva, de averiguar en el quinto las verdaderas causas de tantas travesuras, como hacen los Metéoros, y de passearse en el sexto por los Cielos, como pudiera por su Celda, donde es preciso, que vuelva á encontrarse con los Neotéricos, y ó los abrace como amigos, ó los precipite de aquellas alturas, como espíritus rebeldes, que no merecen pisar el estrellado país, que no conocen. Ora bien, yo salgo por fiador de la habilidad del Autor, pero no respondo del acierto de su execucion; y mas quando él mismo destina ya in prævisione el tomo undécimo para corregir los errores, descuidos, ó equivocaciones de los diez precedentes; lo que parece señal de que á lo ménos en estos diez tiene ánimo de errar, descuidarse, ó equivocarse mucho, pues le ha hecho tan de antemano á dedicar todo un tomo á este único assunto. Verdad es, que para esso está seguro de que en el tomo duodécimo y último no ha de padecer la menor equivocacion, error, ó descuido en los Prolegómenos á la Theología Positiva y Dogmática, de que ha de tratar, si Dios fuere servido, para abrir los ojos á los Theólogos, y Predicadores novicios; pues, á no estar muy cierto de que este último volumen no ha de contener alguna errata ó descuidillo, era natural, que el tomo de las erratas le reservasse para el postrero, para comprehender tambien en él las de los Prolegómenos, como lo han hecho hasta aquí todos aquellos Escritores, que quisieron dexarnos el buen exemplo de confessar, que fueron hombres.»


CAPITULO VII.

Cánsase de hablar el Beneficiado, saca la caja, toma un polvo, estornuda, suénase, límpiase, y prosigue la conversacion.

«De todo lo qual inferirá Vm., mi Padre Fray Gerundio, que el señor Arcediano Barbadiño habló con sobrada indigestion en punto de Philosophía de España; pues, aunque bien se pudiera ahorrar mucho de lo que en ella se enseña, y emplearlo mejor sin salir de la materia, pero no se pierde tanto tiempo, como pondera su merced muy Reverenda; y al cabo el Philósopho Gasendista, el Cartesiano, el Newtoniano, y el Aristotélico, algaravía mas, algaravía ménos, todos salimos á nuestra algaravía. Pero bien entendido que, sin este tal qual estudio de la Naturaleza, apénas se puede dar passo con acierto en las demas Sagradas Facultades.»

2. Atónito estuvo oyendo el pacientíssimo Fray Gerundio todo el largo razonamiento del señor Beneficiado, sin toser, sin escupir, sin cespitar, y aun sin pestañear, sino una sola vez allá házia el medio de la harenga, que se le puso una mosca de burro sobre la ceja zurda, y se le pegó de modo, que le costó mucho trabajo el desprenderla. Pasmóse de lo que le havia oído ensartar, con la leve ocasion de lo que le havia preguntado acerca del Barbadiño; y, aunque zorroclonco, no dexó de conocer, que tenia razon en lo que havia dicho, pero que sobraba la mitad, y aun las tres partes y media, para lo que pedia una conversacion, en que no se trataba, sino por incidencia, acerca de este Autor. Pero, como en efecto le havia dado gusto todo lo que acababa de oírle, y el empeño del Fraylecito era escapar el cuerpo, si pudiesse, á todo estudio Escolástico, por dedicarse quanto ántes al baratillo del Verbum Dei, segun la instruccion del Lego, su Cathequista, y de su Héroe el Padre Predicador mayor de la Casa, quiso apurar del todo la materia. Y pareciéndole, que por lo ménos lo que decia el Barbadiño acerca de la Theología Escolástica no tenia respuesta, le dixo: «Señor Beneficiado, todo lo que Vm. me acaba de explicar acerca de la Philosophía me parece lindamente; y aunque, la verdad sea dicha, que en lo mas de ello yo no hé entendido palabra, pero á mí me suena bien, y convengo en que no hace daño saber un poco de Philosophía, aunque sea de la que nos enseñan por acá. Yo, bien ó mal, ya estoy para acabar mis tres años, y tanto como hablar de materia primera, de formas substanciales, de union, de compuesto in fieri, de principio quod y quo, y assí de otras zarandajas, ya me atreveré á hacerlo como qualquiera Arcipreste. Pero esso de pensar nuestros Padres en que me han de obligar á que estudie Theología Escolástica, tararira! no lo conseguirán, aunque me emparedaran.»

3. — «Y por qué, amigo Fray Gerundio?» le preguntó el Beneficiado. — «Por qué? por las cosas, que dice de la tal dichosa Theología el susodicho Barbadiño.» — «Pues, qué dice?» le replicó el bellacuelo del Clérigo. — «Qué ha de decir, mejor lo sabe Vm. que yo. Dice, lo primero, que esta facultad se trata pésimamente en Portugal, no solo en los Conventos, sino tambien en las Universidades. Y consiguientemente lo mismo dirá de toda España, porque en toda ella no se trata la Theología de otra manera que en Portugal.» — «Y esso, como lo prueba, Padre mio?» — «Como lo ha de probar: con una razon, que no tiene respuesta; porque dice, que acá se estudian quatro años de Theología, assistiéndose á quatro Cáthedras, en las quales se explican cada año dos materias de Theología Escolástica, una de Moral, y otra de Escritura, á la que ningun Estudiante concurre, porque dicen, que solo es buena para los Predicadores.» — «Y en esto, en verdad, que tiene razon; porque en este nuestro Convento por lo ménos, donde tambien hay Estudios de Theología, yo no he visto otro modo de enseñarle, y discurro, que lo mismo sucederá en los demas.» — «Y parécele á Vm., que esso basta, le preguntó el Beneficiado, para decir, que se trata pésimamente la Theología?» — «A mí me parece que sí», respondió Fray Gerundio. — «Pues á mi me parece que no, replicó el Beneficiado. Porque esso á lo sumo probará, que el méthodo no es bueno; que al cabo de los quatro años es poca Theología la que se trata; que ocho Materias, ó Tratados Escolásticos, quatro de Moral, y otros tantos de Escritura, no bastan para que el Estudiante salga Theólogo hecho, ni aun para que tenga noticia de la vigésima parte de la Theología, y en esto no iria descaminado; pero no prueba, que la Theología, poca ó mucha, que se trata, se trate pésimamente, que es lo que suena su valiente y atrevida proposicion. Fuera de que, no puede ignorar el Barbadiño, que en una de las célebres Escuelas de España, al cabo de los quatro años se estudian ó se recorren todos los Tratados de la Theología Escolástica, por un famoso Compendio, que no le hizo ningun Español, sino un docto Religioso Francés, y por lo mismo será de su aprobacion. Si en otra de las Escuelas no ménos célebres se observa el méthodo, que él satyriza, será, ó porque todavía no tiene un Compendio Theológico, segun sus principios, de su satisfaccion, y acomodo para el uso de los Estudiantes, ó por otras razones, que allá él se tendrá; pues al fin, como decia un Alcalde de Villaornate, si es Theatino, y se ahogó, cuenta le tendria