10. «Qué le parece á Vm. que entiende por Theólogos, que abrazaron con todo su corazon el Peripato? Lea un poquito mas abaxo, y lo encontrará. Entiende los que estudian la Theología Escolástica, por cuyo nombre (dice él) se entiende una Theología fundada en los perjuicios de la Philosophía Peripatética: quiere decir sobre las formas substanciales y accidentes, y sobre todas las otras galanterías de la Escuela. Pero no me dirá donde encontró esta casta de Theólogos? ni donde halló Theología de esta especie? La Theología Escolástica, que se usa por acá, no está fundada sobre las preocupaciones de la Philosophía Peripatética, ni se vale de ella para maldita la cosa, sino única y precisamente para el uso de los términos facultativos, á los quales se les dió una significacion arbitraria, como Essencia, Predicados, Formas, Accidentes, Propiedades, Emanaciones, ut quo, ut quod, Formaliter, Materialiter, Auxilium quo, et sine quo, Ecceidades, Individuaciones, Relativos, Absolutos, etc. Todas estas galanterías solamente la sirven para explicar con ménos palabras lo que quiere decir, y se vale de estas voces, por suponerlas ya entendidas desde la Lógica y Philosophía Peripatética, donde se usa de ellas para los mismos significados; pero estos significados se aplican á principios y assuntos muy distintos, y aun inconexos con casi toda la Theología Escolástica. Es esto estar fundada esta Theología sobre los perjuicios de la Philosophía Peripatética? De essa manera tambien dirá, que están fundados sobre el Peripato todos los Príncipes de Europa, sean de Paces, sean de Comercio, sean de Alianza, sean tambien aquellos que se llaman Tratados de Familia; porque en casi todos ellos se lee el terminillo, de que se quedarán las cosas in statu quo, que es tan peripatético como el ut quo, y el ut quod, el in eo quod quid, y el quoad an est. Si hay algunas questiones en la Theología Escolástica, que en la substancia sean amphibias, esto es, que igualmente pertenezcan á la Theología que á la Philosophía, como son las que tratan de la existencia de Dios, como primera causa de la Creacion del Mundo en tiempo, de la espiritualidad del alma, del libre albedrío ó de la libertad de los actos humanos, y algunas otras pocas mas; estas se tratan con total independencia de los principios Aristotélicos, y muchas de ellas con positiva oposicion á ellos, y para nada recurrimos á la Philosophía del Estagyrita, sino puramente para explicarnos, y para que recíprocamente nos entendamos. Pues, qué Theología Escolástica de mis pecados es esta, que está fundada en la Philosophía Peripatética? Vaya, que, quando escribió esto, todavía le debia de durar el vertigo al Santo Padre.»
11. «Y con qué conciencia dice, que ainda no vió Theólogo alguno, de los que abrazaron con todo su corazon el Peripato, que, queriendo censurar á los que introduxeron el méthodo moderno, tomasse el trabajo de examinar bien las razones, en que se fundan los contrarios? De qué méthodo habla su Paternidad muy Arcediana? Porque, si habla del méthodo de la Theología Escolástica (que es la Theología en question), ni los modernos, ni los antiguos, ni los Peripatéticos, ni los Newtonianos han inventado otro méthodo, que el que introduxo Pedro Lombardo, imitó Santo Thomas, y siguieron despues todos los demas. Y si no, díganos su merced por su vida, donde encontró otro méthodo de Theología Escolástica? Si habla del méthodo de la Theología puramente dogmática (que será un grande despropósito para el assunto), lo primero, hasta ahora no se ha escrito cuerpo alguno entero, que comprehenda methódicamente todos los tratados pertenecientes á esta Theología; y si no, díganos el Señor Barbadiño, como es la gracia del Autor que los escribió, ó que á lo ménos hizo la coleccion de ellos? Lo segundo, en los innumerables Tratados Dogmáticos, que se han escrito, cada Autor ha seguido el méthodo, que mejor le ha parecido, ó el que le ha venido mas á cuento: unos Oratorio, otros Académico; estos con ergos, aquellos sin ellos; los mas por libros ó tratados, muchos por disputas y questiones, algunos en figura de Diálogos; y finalmente los Dogmáticos moderníssimos, que han escrito contra las heregías del tiempo, y especialmente contra la que hoy es de la gran moda, de la qual muestra tener grandes noticias el Señor Fray Arcediano, han preferido el méthodo de cartas dialogizadas, el idioma vulgar, y el ayre un poco chufletero, para lo qual no les han faltado buenas y sólidas razones. Ningun Theólogo Escolástico y Cathólico ha censurado hasta ahora alguno de estos méthodos; ó señálenosle con el dedo el Padre de las barbas á tiros largos. Pues, para qué es meter tanta bulla, y fingir fantasmones para dar de palos al ayre?»
12. «Mas no es esta la madre del cordero. Con el sobre-escrito del méthodo, su verdadero intento es desterrar del mundo la Theología Escolástica, como él mismo lo confiessa sin rebozo, pues de ella dice constantemente, que no solo es superflua, sino perjudicial á los dogmas de la Religion. Esto hiede que apesta. Luthero, Beza, Calvino, Melanchton, y el Barbadiño de su tiempo Erasmo de Roterdam, dixeron lo mismo en propios términos. Los amigotes del Señor Arcediano son de la misma opinion; y nada acredita mas la utilidad, y aun la necessidad de la Theología Escolástica, para la inteligencia y para la defensa de los Dogmas, que lo mucho que incomoda á estos Monsiures.»
13. «Pues el Padre de las barbas postizas escribe dentro de Italia, ya tendrá noticia (y si no la tiene, yo se la doy ahora) de las Obras de Benedicto Alctini (alias el Padre Benedicti Jesuíta), y de las explicaciones Theológicas de los Cánones del Concilio de Trento sobre los Sacramentos, que el sabio Servita Juan María Bertoli imprimió en Venecia el año de 1714. Lea lo que escribieron estos dos Autores de á folio contra cierto Autorcillo Italiano, que salió por entónces con el mismo proyecto, con que sale ahora el Señor Barbazas, de querer desterrar del mundo la Theología Escolástica, para substituir en lugar de ella la leccion y la explicacion de las Obras de los Ss. Padres. Allí verá, que el Autor Italiano supone tan en falso, como el Señor Portugués, que en las Escuelas no se hace caso del estudio de los Santos Padres. Impostura palmaria! Pues la Theología Escolástica apénas es mas que un compendio de sus Obras, en el qual ó se examinan sus diferentes opiniones sobre principios ciertos, comunes, y admitidos por todos ellos, ó se comparan y se cotejan unos con otros, para discernir por medio de este exámen y comparacion lo que en su modo de hablar no parece tan exacto; ó juntando las opiniones de todos acerca de los dogmas, se forma una especie de cadena y serie chronológica de tradicion; y en fin, en ella se encuentra toda la doctrina de los Padres, pero digerida segun el órden de las materias, desembarazada de digressiones inútiles, limpia, y como acrivada de todos los descuidos, que pudo mezclar en ella la flaqueza humana, ilustrada y confirmada con la autoridad de la Escritura, y con el peso de la razon. De manera que estudiar Theología Escolástica es estudiar á los Santos Padres, pero estudiarlos con méthodo. El Autor Italiano, dice el sabio Servita (y óygalo con atencion, con docilidad, y con espíritu de compuncion el Pseudo-Capuchino): el Autor Italiano y sus semejantes, poco versados en este género de estudios, ingenios y genios superficiales, amigos de la novedad, que, afectando hacerse distinguir, se apartan del camino carretero, introducirian en las Escuelas una extraña confusion, si llegasse á abrazarse su proyecto. El estudio vago y mal arreglado de los Santos Padres, reducido á leer sus Obras, sin haverse instruído ántes en los principios necessarios para entenderlas bien, y para formar recto juicio de lo que quieren decir, llenaria al mundo de hereges, ó de Sabios de perspectiva, bien cargada su memoria de lugares, de sentencias, y de centones en monton, pero su pobre entiendimiento mas oprimido que ilustrado con todo aquel estudio ó embolismo. Hasta aquí el docto Servita.»
14. «Y luego nos dirá en nuestras barbas el barbadíssimo, y aun barbaríssimo señor, que la Theología Escolástica no solo es superflua, sino perjudicial á los dogmas de la Religion! Sea por amor de Dios la desvergüenza. Si se contentara con decir, que en casi todos los Tratados de ella se mezclan algunas questiones inútiles, que pudieran y aun debieran ahorrarse; que aun muchas de las útiles y necessarias se tratan con una prolixidad intolerable; que, en varias de ellas, de cada argumento se ha formado una question, y aun una disputa, y aun tal vez una materia entera, para cuyo estudio no sé yo, si el mismo Job tendria bastante paciencia, adelante: ya se le oiría con christiana conformidad, y aun puede ser, que en esta opinion no fuesse solo. Pero espetarnos á red barredera y en cerro, que la Theología Escolástica no solo es superflua, sino perjudicial á los dogmas de la Religion! voto á... que si yo fuera Inquisidor General. Mas tomemos un polvo, mi Padre Fray Gerundio, y refresquémonos un poco, que ya me iba calentando.»
15. Con efecto le tomó el bueno del Beneficiado, sonóse, gargajeó, y prosiguió en su tono y frescura natural: «No es tan lerdo el Barbadiño, que no conociesse, que luego le havian de dar en las barbas con los Patronos y Sequaces de la Theología Escolástica, como v. gr. Alberto Magno, Santo Thomas, San Buenaventura, San Juan Capistrano, y en fin todos los Santos Theólogos, que han florecido desde el Siglo XII acá, porque su Paternidad no quiere hacer mas anciana á dicha Theología; á algunos de los quales Santos los tiene admitidos la Iglesia por sus Doctores, y parece terrible osadía decir que los Doctores de la Iglesia enseñaron una Theología perjudicial á los dogmas de la Religion. No dissimula el Padre Barbeta este feroz argumento, aunque es verdad, que le propone blandamente, y como al soslayo. Pero qué solucion dará á él?»
16. «Dice, lo primero, que esto importa un bledo, porque los Santos florecieron en un Siglo, en que casi no se sabia otra cosa, y que, conformándose con lo que se practicaba en su tiempo, tienen alguna disculpa. Vamos, que la solucion se lleva los vigotes; y queda el entendimiento plenamente satisfecho de que la Iglesia pudo, con grandíssima razon y con no menor serenidad de conciencia, colocar en la classe de sus doctores á unos Santos, que enseñaron una Theología perjudicial á sus dogmas, por quanto los pobres no tuvieron la culpa de florecer en un Siglo, en que casi no se sabia otra cosa; y, en caso de tener alguna en conformarse con lo que se practicaba en su tiempo, seria una culpilla venial, que se quitaba con agua bendita, y no podia perjudicarles para obtener la suprema borla de Doctores de la Iglesia.»
17. «Pero vaya una preguntita, assí como de passo y sobre la marcha: Con qué Theología confundió Santo Thomas á los Hereges, que se levantaron en su tiempo? Fué con la que aprendió y enseñó, ó con la que todavía no se havia fundado ni se fundó hasta que essos Theologazos modernos, llenos de zelo y de charidad, abrieron los ojos á la pobre Iglesia, que por tantos siglos los havia tenido lastimosamente cerrados ó á lo ménos legañosos? Y en qué consistirá, que todos los Hereges están de tan mal humor con este Santo Doctor, como dice con discrecion cierto Moderno? Si su Theología es tan perjudicial á los dogmas de la Religion, por qué no la abrazan? por qué no la siguen? por qué no hacen muchas cortesías al Santo, y celebran su fiesta con un Octavario de Sermones? El hecho es, dice el citado Recencior, que el verdadero motivo, porque todos los Hereges están tan avinagrados contra este admirable Doctor, es porque á él se le debe aquel méthodo regular, que reyna en las Escuelas, con el qual se desenredan las opiniones, se quita la mascarilla al error, se pone de claro en claro la verdad, se explican con limpieza y con claridad los dogmas de la Fé, segun el verdadero sentido de la Iglesia y de los Padres. Y concluye: No ha tenido la heregía enemigo mayor que nuestro Santo, porque nunca ha podido defenderse contra la solidez y, si me es lícito hablar assí, contra la casi infalibilidad de su doctrina. A seo Calcillas: y todavía dirá Vm., y lo dirá constantemente, que la Theología Escolástica es perjudicial á los dogmas de la Fé? Pues yo tambien le diré á Vm. constantemente, que creo á ciegas en la del Sýmbolo de los Apóstoles; mas, para creer en la que Vm. professa, necessito mucho exámen. Y le advierto á Vm., que el Autor de dichas palabras no es algun Padre Dominico, á quien le ciegue la passion, sino otro de profession muy distinta, que sabe venerar las opiniones del Santo Doctor y, si algunas no le arman, separarse de ellas con reverencia.»
18. «Dice, lo segundo, que, si Alberto Magno y su discípulo Santo Thomas comentaron á Aristóteles, no fué, á lo que él cree, porque lo juzgassen útil, sino por hacer esse servicio al público, que en aquel tiempo estaba muy preocupado por Aristóteles. Hizo bien en añadir á lo que creo; porque el hombre da muchos indicios de creer enrebesadamente. Esto es decir en buenos términos, que cree, que Alberto Magno y Santo Thomas fueron unos hombres aduladores, unos Doctores lisongeros, unos Maestros de aquellos, que caracteriza San Pablo, los quales, por acomodarse al gusto y á las passiones del Pueblo, le enseñan doctrina falsa, inútil, y aun perniciosa, y, apartando voluntariamente los ojos de la verdad, aunque saben muy bien házia donde cae, le embocan fábulas, patrañas, ó embelecos inútiles. Pobres Lumbreras de la Iglesia, y en qué manos haveis caído! Siquiera no os dexa el carácter de hombres de bien, de honor, y de sinceridad, que no saben engañar á nadie, sin que primero se engañen á sí mismos: y, quando en qualquiera materia es la mayor vileza de un Autor escribir contra lo que siente, por lisongear el mal gusto del público, en una materia de tanta gravedad y de tanta importancia como la Sagrada Theología, no repara en hacer reos de semejante ruindad á unos hombres, como Alberto Magno y Santo Thomas de Aquino, á quienes sobraba su santidad, y bastaria al uno su dignidad de Obispo de Ratisbona, y al otro su nacimiento, para que los hiciesse mas merced y mas justicia. Si esto lo dixera un rapagon desbarbado, adelante, pudiera passar por rapazada; pero decirlo y estamparlo un hombre, que afecta profession de barbas largas, no merecia que se las arrancassen todas pelo á pelo?»
19. «Ora bien, mi sinceríssimo Padre Fray Gerundio, un año duraria nuestra conversacion, si huviera de seguir pié á pié al Barbadiño en todos los disparates, que dice con su acostumbrada satisfaccion y regüeldos, en sola esta Carta sobre el méthodo con que se estudia la Theología Escolástica, y si me huviera de empeñar en impugnarlos. Yo estoy ya cansado, y solo el hablar de este hombre me fastidia. El abrirle los ojos á él, que los tiene cerrados con la presuncion, y el abrírselos á sus apassionados, que se conoce lo son á cierra ojos, y no mas que por el sonsonete, seria una grande obra de charidad, pero seria obra muy larga, aunque no muy dificultosa; porque yo, con ser assí que soy un pobre pelon, me atrevia á hacerle ridículo y á poner de par en par, mas claros que la luz que nos alumbra, los innumerables desbarros, que profiere en casi todas las materias que trata, aunque, como dixe á Vm. al principio de nuestra conversacion, no dexe de traher muita coiza boa. Pero, ni yo estoy de vagar, ni esto es por ahora de mi instituto. Solo diré á Vm., que en esta Carta sobre la Theología Escolástica muestra una grande adhesion á los enemigos mas solapados y mas perniciosos de la Iglesia; que adopta sus máximas; que celebra sus Libros, ó sus Ediciones de las Obras de los Santos Padres, que están prohibidas por adulteradas; que insinúa con grande artificio su doctrina; y en fin, que todas quantas reflexiones hace sobre la Theología Escolástica, con intento de desterrarla del mundo, de ellos las tomó, y en sus cenagosos charcos las bebió; especialmente de los seis Libros, que el año de mil y setecientos dió á luz Juan Owen, no el célebre Poeta Inglés, sino otro de su mismo nombre y apellido, que los intituló de Natura, ortu, progressu, et studio veræ Theologiæ. Y ya que hablamos de Juan Owen, no debe llevar á mal el Padre Barbadiño, que me den en rostro muchas cosas suyas, quando hago justicia al mérito de otras, siquiera porque no me comprehenda la paulina del Poeta al principio de sus Epigrammas