23. «Dice, pues, que es indispensable de toda indispensabilidad, que el tal Candidato de Theólogo se arme con el Atlas Geográphico de Janson, que se compone de ocho grandes volúmenes, ó por lo ménos con el Compendio de él, que se reduce á un volumen de á folio, se entiende en papel de marca, como libro de Choro, ó de Solfa de Facistol. Item del Atlas de Blaeu, que son once grandes volúmenes del mismo tamaño. Item del Atlas mas breve de los Señores Sanson. Item del de Monsieur de l’Isle. Y basta esto para Cartas generales: para las particulares no se le puede dispensar en que haga provision de las siguientes. De las de Inselim, que comprehenden la Inglaterra, Países-Baxos, Francia, España, y Portugal. De las de Nolin, que describen la Venecia y la Istria. De las del P. Placido, que siguen todo el curso del Po. De las de Ensishmid que representan la Alemania, y de las de Scheuchzero, que demarcan la Elvecia. Estos Autores (aquí llamo la atencion de mi auditorio) débense saber, para buscarse en las ocasiones. Con que, si estos Autores no se saben, y consiguientemente si no se tienen, voló el primer prolegómeno de la Theología; y el que tuviere vocacion de estudiarla, ofrezca al Señor sus buenos deseos, y aprenda otro oficio.»
24. «Bueno es, que hasta aquí estábamos todos en la persuasion de que, para equipar á un Estudiante Theólogo, no era menester mas que proveerle de un vade, que no passasse de catorce quartos; de un plumero, que se arma en un abrir y cerrar de ojos, con un par de naypes; de una redoma de tinta; de media docena de plumas; de la quarta parte de una resma de papel; sus opalandas raídas, y á Dios amigo. Al Theólogo, que no fuesse por la pluma, con meterle en una alforja el par de tomos de Gonet, estaba ya ajustado todo su matalotage Escolástico; y, si se le añadia á Lárraga ó á la Suma de Busembaum, era una India. Y ahora, segun el nuevo méthodo Barbadiñal, ve aquí Vm. que un triste aprendiz de Theólogo, solo para libros, ha menester llevar mas equipage que un Mariscal de Campo. Porque, qué piensa Vm. que, aun precisamente para la Geographía, se contenta con los citados? Bueno era esso para su humor! Todavía le encaja otra runfla de ellos, que debió encontrar despues en otro catálogo, especialmente de Diccionarios Geográphicos, de los quales protesta, que tambien es necessario tener noticia, como son de el de Varea, Baudrand, Ferrario, Maty, y sobre todo de el de la Martiniere.»
25. «Síguense despues los libros Chronológicos, que ha de llevar para mantenerse los primeros meses de Estudiante Theólogo. En esto está parco el Barbadiño, porque la Chronología es algo indigesta, y pudiera ocasionar crudezas al Estudiante, si cargara de ella el estómago con demasía. Conténtase con que al principio no coma mas que Strauchio, ó Beveregio, y algo del Rationarium del P. Petavio. Pero quien se sintiere con calor para digerir mayores noticias, puede engullirse la Doctrina temporum, del mismo Petavio, la Chronología Sacra de Userio, y con el tiempo podrá cargar de mas vianda, si su estómago lo consintiere.»
26. «Pero lo que no tiene remedio es, que para la Historia Universal se eche en el maleton la primera parte del Rationarium del susodicho Petavio; el Compendio Latino de Celario, y no le hará daño el del Padre Turselino, aunque este (dice él) es mas estimado por el Latin que por la Historia. El Compendium historiæ universalis de Gotlob Krancio: este (dice el Padre Calificador) es el mejor de todos: el de Brietio, especialmente despues de Christo, y el de Leschi, que es buen Autor. Para la Historia Eclesiástica hasta Christo, el compendio de Bolerano, que es sufrible para un principiante: despues de Christo, provéase de Riboty y de Graveson. Y, porque no le tengan por impertinente, ó por hombre que receta libros como píldoras un Médico Charlatan, concluye con grandíssima bondad: Isto basta para um principiante. Yo añado, que esto sobra para conocer, que no solo le duraba el vertigo al Santo Padre, quando escribió esto, sino que debia estar en la fuerza de su mayor vigor. Porque, si cree, que todo esto es necessario saber, como primer prolegómeno de la Theología, á los Orates; y, si no lo cree, para qué se quebró la cabeza, y nos la rompió á nosotros?»
27. «Ex ungue Leonem, Padre mio Fray Gerundio. Por aquí conocerá Vm. qué cosazas no dirá nuestro Methodista, quando entra en lo vivo de la Theología y del méthodo, que se ha de observar en su estudio. Es un embrollo de embrollos, un embolismo de embolismos, y un lazo de lazos, para enredar á los incautos. En los lugares theológicos, que señala, hace distincion entre la Iglesia Universal y la Iglesia Romana, como si huviera mas que una Santa Iglesia Cathólica, Apostólica, Romana; no toma en boca al Papa para nada; dice, que la autoridad de la Iglesia Universal, de la Iglesia Romana, de los Concilios Generales, nace de la tradicion; enseña, que, ántes que Christo viniesse al mundo, en el Pueblo Judayco y en la Ley Escrita, la declaracion del Sumo Sacerdote lo terminaba todo; pero, despues que vino Christo á completar as coizas, su doctrina se conserva pura en los Prelados, de los quales la pudiessen aprender los Fieles. En conformidad de este su amado principio afirma, que creen los Cathólicos, que la mayor parte de los Obispos Christianos (como si huviera verdaderos Obispos, que no lo fuessen) UNIDOS AL PAPA, no puede errar en las definiciones de Fé. Lo que creemos los Cathólicos, que estudiamos por Astete, es, que el Papa para nada ha menester la mayor ni la menor parte de los Obispos, para no errar en dichas definiciones, porque la infalibilidad no se la prometió Christo á estos, sino á aquel. Déxase caer, assí como al soslayo, lo que sucedió en los dos Conciliábulos de Rimini y de Seleucia, en que los Padres, engañados en uno, y violentados en otro, admitieron primero, y confirmaron despues, una confession de Fé verdaderamente Ariana: y diciendo, como quien no quiere la cosa, que presidieron en ellos dos Legados de la Santa Sede, y que el número de los Obispos fué mas que bastante para formar un Concilio General, dexa el argumento assí, contentándose con decir, que sin el socorro de la Historia no se puede desatar. Qué le costaba añadir siquiera una palabrita, por donde se conociesse, que dichos Concilios havian sido ilegítimos, no en su convocacion, sino en su prosecucion; que los Legados havian sido depuestos y anathematizados; y que el Papa estuvo tan léxos de aprobar sus Actas, que ántes las condenó, primero por sí, y despues en un Concilio? Pero esto no le venia á quento para sus idéas, ni para el nuevo méthodo, que propone, de estudiar Theología. Líbrenos Dios (que sí librará) de que se introduzca en su Iglesia, porque la quiere mucho, la tiene prometida su assistencia, y los esfuerzos del Methodista no prevalecerán contra ella.»
28. «A vista de esto, mi Padre Fray Gerundio, se confirma Vm. en su opinion, con autoridad del Barbadiño, de que la Theología Escolástica es inútil y aun perjudicial, y en que no quiere estudiarla?» — «Señor Beneficiado (le respondió con tanto candor como frialdad nuestro Fray Gerundio), es cierto, que ya no me suenan tan bien las cosas de esse Padre Portugués, como me sonaban ántes, y que no sé qué diantres de reconcomios siento acá dentro del corazon, que me dan muy mala espina acerca de esse sugeto. Al fin, Dios le haga mucho bien; pero á mí su Magestad no me lleva por las Cáthedras, sino por los Púlpitos, y assí estudiaré yo Theología Escolástica como ahora llueven albardas.» — «Si llovieran, replicó el Beneficiado, se malograrian todas las que no cayessen sobre las costillas de Vm.», y, haciéndole una cortesía, se salió algo enfadado de su Celda, y se volvió á la otra de donde havia salido.
29. Esperábanle con impaciencia aquellos dos graves y doctos Religiosos, con quienes havia tenido la conferencia acerca de Fray Gerundio, y, como duraba tanto la sesion, apénas dudaban ya de que le havia convencido. Luego que le vieron entrar, le preguntaron ansiosos, como le havia ido con el Padre Colegial? A lo que el socarron del Beneficiado respondió con gran cachaza: «Saque qualquiera de V. Reverendíssimas la caja, denme un polvo, y óyganme un cuento. Havia en la Universidad de Cohimbra un Mediquillo theórico, gran disputador, y muy presumido, pero ignorante y necio á par de su presuncion. Tenia estomagados á todos los de la Facultad, y, haviendo de presidir unas conclusiones públicas, rogaron al famoso Curvo Semedo, que tomasse de su cuenta arguírle, concluírle, y correrle, para ajarle la vanidad. Juan Curvo le arguyó de empeño, y á pocas paletadas, para los inteligentes, le tumbó patas arriba; pero el Mediquillo garlaba, manoteaba, se reía, le despreciaba, y en fin se llevó la voz del populacho. Concluída la funcion, uno, que no havia assistido á ella, preguntó á Curvo, como le havia ido con el Presidente; á lo que respondió el discreto Portugués: Taon grandissimo burro è, que naon le pudem convencer. A Dios, Padres mios, que es tarde, y el Ama estará esperando.» Dixo, y retiróse á su casa.
CAPITULO VIII.
Predica Fray Gerundio el primer Sermon en el Refectorio de su Convento; encaja en él una graciosíssima Salutacion y dexa los Estudios.