11. «Ya sabes, que en la parroquia de la Santíssima Trinidad hay una Capilla dedicada á Santa Ana, que pertenece á la Cofradía de la Santa, á quien la misma Cofradía celebra una fiesta muy solemne. Ya sabes, que este año son Mayordomos Don Luis Flores y Don Francisco Romero, Regidores de este Pueblo; y ya sabes, en fin, que estos dos Cavalleros desterraron á algunas mugeres públicas, que havian venido á avecindarse en él, cuya obra fué sin duda muy grata á los ojos de Dios, y muy aplaudida de todos los buenos. Este es el assunto, estas las circunstancias, que has de tocar precisamente. No tienes mas que ocho dias de término, porque no da mas la Orden. No hay que perder tiempo; á trabajar, y á Dios amigo.»

12. Has visto tal vez un cohete, quando, prendiendo la mecha en el cebo de la caña, que sostenian blandamente los dos dedos de la mano derecha, en un abrir y cerrar de ojos parte desde la mano hasta lo mas elevado de la esfera; y aquella misma vara, que poco ha casi tocaba con su extremidad en el suelo, ya se la ve remontada hasta dar susto á las mismas estrellas; tanto, que la constelacion de Virgo acude pronta á tapar la cara con las dos manos, temiendo, que la va á sacar un ojo? Pues assí, ni mas ni ménos, partió nuestro Fray Gerundio derecha y rápidamente desde la Celda del Predicador á la Librería del Convento. Allí cargó con la Biblia Polyglota de Alcalá, con las Concordancias de Zamora, con el Theatrum vitæ humanæ de Beyerlink, con los Saturnales de Macrobio, con la Mythología de Rabisio Textor, con el Mundo Symbólico de Picinelo, con los Kalendarios Mythológicos de Reusnero, Tamayo, Másculo, y Rosino, que eran los libros y los Santos Padres, que veía revolver á su hombre el Predicador Fray Blas, quando tenia que predicar algun Sermon. No se puede ponderar lo que él leyó, lo que él ojeó, lo que él revolvió en aquellos ocho dias, ni las innumerables idéas, que se ofrecian de tropel á aquella inquieta y turbulenta imaginacion, todas á qual mas confusas, á qual mas embrolladas, á qual mas extravagantes. Nada leía, nada veía, nada oía, que no le pareciesse, que venia de perlas para su assunto, ó por símil, ó por comparacion, ó por texto. Apuntaba, notaba, quitaba, añadia, borrajeaba; hasta que en fin, despues de tres borradores, sacó su Sermon en limpio. Estudióle, repassóle, representóle, y se ensayó mil veces á predicarle en la Celda, sobre todos los cachivaches, que havia en ella: sobre la silla, sobre el taburete, sobre la mesa, sobre un banco, y hasta sobre la misma cama. Pues, dos dias ántes de la funcion, quando entró el dispertador á darle luz, le encontró en camisa predicándole sobre la tarima, y es que se havia levantado en sueños, sin saber lo que se hacia.

13. Como estas especies se havian esparcido por el Convento, era grandíssima la expectacion en que estaba toda la Comunidad por oírle. Amaneció, en fin, el dia deseado, y se dexó ver nuestro Fray Gerundio, ante todas cosas afeytado, rasurado, y lampiño, que era una delicia mirarle á la cara. Estrenó aquel dia un Hábito nuevo, que para el efecto havia pedido á su madre, encargando mucho que viniesse bien doblado, y sobre todo que se passasse la plancha por encima de los dobleces, para que se conociessen mejor, porque esto da á la saya no sé qué gracia, y de camino pidió un par de pañuelos de á vara, uno blanco y otro de color, porque ambos eran alhajas muy precisas para la entradilla. Todo se lo envió la buena de la Catanla con mil amores, solo con la condicion de que, ya que ella no podia oírle, la havia de enviar el Sermon, para que se le leyesse el Señor Cura, ó su Padrino el Licenciado Quijano.

14. Llegada la hora, y hecha con la campana la señal para comer, no faltó aquel dia del Refectorio ni el mas ínfimo Donado de la Comunidad, porque en realidad todos querian bien á Fray Gerundio, assí por su buen genio, como porque era liberal y dadivoso; y tambien porque á todos los picaba la curiosidad, viéndole con tanta manía de Púlpito, la qual entendian era mas innocencia que malicia, ni mucho ménos inclinacion á ser haragan. Subió, pues, al Púlpito del Refectorio con gentil donayre; presentóse en él con tanto desembarazo, que casi comenzó á tenerle envidia el mismo Predicador mayor. Echó un par de ojeadas con desden y con afectada magestad, hácia todas las partes del Refectorio; y, precediendo aquellos precisos indispensables prolegómenos de tremolar successivamente el par de pañuelos, blanco y de color, que havia hecho venir expressamente para el intento, entonó ante todas cosas con voz hueca y gutural el sea Alabado, bendito, y glorificado el Santíssimo Sacramento, concluyendo con lo de en el primer instante de su puríssimo sagrado ser y natural animacion: cláusula, que siempre le havia dado gran golpe. Santiguóse con pleno magisterio; propuso el thema, sin omitir lo de ex Evangelica lectione, capite quarto decimo; relinchó dos veces, y rompió la Salutacion de esta manera: advirtiendo, que no se añade ni se quita una sýlaba de como se encontró de su misma letra.

15. «No es de ménos valor el color verde, por no ser amarillo, que el azul por no ser encarnado: Dominus, o altitudo divitiarum sapientiæ et scientiæ Dei; como ni tampoco faltaron los colores á ser oráculo de la vista, ni las palabras en la fé de los oídos, como dixo Christo: Fides ex auditu; auditus autem per Verbum Christi. Nació Ana, como asegura mi fé, por haverlo oído decir, de color rojo; porque las ceruleas ondas de su funesto sentir la hicieron fuertemente palpitar en el útero materno: Ex utero ante Luciferum genui te. A este, pues, Angel transparente, diáfana inteligencia, y obgeto especulativo de la devocion mas acre, consagra esta extática y fervorosa plebe estos cultos hyperbólicos; pues tiene, como allí se ve, hermoso y ayroso vulto: Vultum tuum deprecabuntur omnes divites plebis. Déxome de exordios, y voy al assunto, aunque tan principal. Empieze, pues, el curioso á percebir: Qui potest capere, capiat

16. «Fué Ana, como todos saben, Madre de nuestra Señora, y afirman graves Autores, que la tuvo veinte meses en su vientre: Hic mensis sextus est illi; y añaden otros, que lloró: Plorans ploravit in noctem: de donde infiero, que fué María Zahorí:[30] Et gratia ejus in me vacua non fuit. Atienda, pues, el Rhetórico al argumento: Santa Ana fué Madre de María: María fué Madre de Christo: luego Santa Ana es Abuela de la Santíssima Trinidad: Et Trinitatem in unitate veneremur: por esso se celebra en esta su Casa: Hæc requies mea in seculum seculi

17. «Y qué te dan, Ana, en retribucion por tus compendios? Quid retribuam Domino? Qué paralelos podrán expressar mis voces al decir tus alabanzas? Laudo vos? in hoc non laudo. Eres aquella mysteriosa red, en cuyas opacas mallas quedan presos los incautos pececillos: Sagenæ missæ in mari. Eres aquella piedra del desierto, que en los Damascenos Campos erigió el amante de Rachel, para dar á su ganado agua: Mulier, da mihi aquam. Pero ménos mal lo diré, siguiendo el tema del Evangelio. Es Santa Ana aquella preciosa Margarita, que, fecundada á insultos del Orizonte, dexa ciego á quien la busca: Quærentibus bonas margaritas: es aquel thesoro ya escondido, Thesaurus absconditus, ya oculto, nihil occultum, que reservó el alma santa para los últimos fines de la tierra: De ultimis finibus prætium ejus: es aquel Dios escondido, como decia Philon: Tuus Deus absconditus: es el mayor de los milagros, como decia Thomas: Miraculorum ab ipso factorum maximum

18. «Varias circunstancias ennoblecen la Fiesta. Unas son agravantes: tolle gravatum tuum; otras, que mudan de especie: specie tua, et pulchritudine tua. Y es, que los Señores Flores y Romero, nobles Athlantes de este Pueblo, llaman, ó á noche hicieron llamar con aquellos truenos, hijos relámpagos del uracan mas ardiente, que subian y baxaban, á modo de aquellos rapidíssimos espíritus de la Escala de Jacob: Angelos quoque ascendentes et descendentes. Y es la razon natural, porque todo lo que baxa, sube, y todo lo que sube, baxa: Zachee festinans descende

19. «Cesse la energía de los labios, y contemplen mis ojos, como áncoras festivas, un texto muy literal, que me ofrecen los Cantares. Dice assí: Vox turturis audita est; flores apparuerunt in terra nostra, tempus putationis advenit: Cantó la Tórtola bella en nuestra macilenta tierra; vinieron á celebrarla las flores, y estas mismas flores desterraron las rameras: tempus putationis advenit. Es tan literal el texto, que no necessita de aplicacion. Pero diré con brevedad para el erudito: está representada en la Tórtola Santa Ana; porque, si esta triste y turbulenta avecilla es trono geroglífico de la castidad, Ana fué casta, pues no tuvo mas que una hija: Filia mea male a Dæmonio vexatur. Lo de tempus putationis viene tan al pié de la letra, pues los ínclitos Cavalleros Mayordomos desterraron aquellas Samaritanas, que alborotaban el barrio.»

20. «Ahora me acuerdo de otro texto, que aun mas bien que el passado comprehende todas las circunstancias del assunto: de aquella gran muger Ana, enemiga de Phenena, como se dice en el libro de las Personas Reales, la qual, á impulso de sus deprecaciones, ayudándola Helí, tuvo un hijo llamado Samuel. Atienda, pues, el Rhetórico al argumento. Helí, en anagramma, suena lo mismo que Joachin: Sonet vox tua in auribus meis. Samuel fué Profeta, María fué Profetisa; con que, en el sentido mýstico, lo mismo es Samuel que María. Tengo probado difusamente el assunto, y solo falta aplicarle á los Romeros; pero, supuesto que el Romero tiene flor, dicho se estaba ello: Flores apparuerunt in terra nostra.»