21. «Mas todavía quiero apropiar con mas propiedad las circunstancias al assunto. Publicando están las Historias, que la Vírgen Santíssima tendia los pañales de su recien nacido hijo Dios sobre los Romeros: y esto quien se lo enseñó? su Madre Santa Ana; pues todo quanto supo, ella se lo enseñó, ipse vos docebit omnia. Con que los Romeros servian á Santa Ana. Pues, esso es lo que hacen el dia de hoy: con que tenemos lo que hemos menester.»

22. «Ea, pues, pidamos la gracia. Pero quien la pedirá? Isaías? Ea, que no. Gregorio? Ea, que sí. La Hija ayudará en la labor á su Madre: Filia Regum in honore suo. Ea, pues, digámosla aquella acróstica oracion, que ella en sus niñeces enseñó á su Hija María; porque, como buena Madre, al punto la enseñó á rezar el... AVE MARIA.»

23. Esta fué, sin quitar ni poner, la famosíssima Salutacion, que el incomparable Fray Gerundio de Campazas encajó en el Refectorio de su Convento, por estrena y muestra de paño de sus predicaderas, en presencia de toda aquella Venerable Comunidad, incluso el Reverendíssimo Padre Maestro Provincial, que, por una feliz casualidad, havia llegado la noche ántes á visitar el Convento. Esta es aquella Salutacion, que debiera perpetuarse en los moldes, eternizarse en las prensas, immortalizarse en los mármoles, buriles, y sincéles, por pieza original, pieza única, pieza rara, pieza inimitable en su especie. Y Dios se lo perdone al Reverendíssimo Padre Provincial, que por su genio grave, sério, maduro, y demasiadamente circunspecto, despues de haver echado un jarro de agua á la fiesta, privó del cuerpo del Sermon á la República de las letras, la qual ha hecho en esto una pérdida, que jamas la podrá llorar bastantemente. Porque quien duda, sino que seria un modelo de despropósitos, de locuras, de necedades, de heregías, de cosas inconexas y disparatadas, el mas gracioso y el mas divertido, que ha salido hasta ahora del fondo, ó del sudor de las agallas? Pues, aunque en realidad andan por ahí impressos innumerables, infinitos Sermones, especialmente de estos, que llaman circunstanciados, los quales, á lo ménos en la Salutacion, que es lo que hemos visto del de Fray Gerundio, no le pierden pinta; pero es de creer, que en el alma y en el chiste no llegarian al zancajo del de nuestro recien nacido Predicador.

24. Fué, pues, el caso, que, como durante la Salutacion huvo tanta bulla, tanta risa, tanta zambra en el Refectorio, que á cada passo resonaban las carcajadas á mandíbulas batidas, hasta llegar un Padre Presentado á vomitar la comida de pura risa, el Lector del Caso[31] á atragantarse con un bocado de queso, y hasta el Lego, que andaba con la cajeta, siendo assí, que no entendia mucho de Sermones ni de latines, cogiéndole uno de los despropósitos con el Jesus en el pico, volvió á arrojar en él por boca y por narices como cosa de media azumbre, que ya se havia embanastado, con tal ímpetu que aspergeó y roció medianamente á los dos colaterales: digo, pues, que, como por todos estos incidentes fuesse menester, que Fray Gerundio se parasse á cada passo, haciendo mil pausas, para dar lugar á la mosquetería, y ya estuviesse para acabarse la mesa, pero principalmente porque el Padre Provincial hizo escrúpulo de dexarle proseguir en tanta sarta de disparates, y mas, que ya le pareció aquella demasiada bulla para un acto de Comunidad tan sério; por todos estos motivos le mandó, que lo dexasse y que se baxasse del Púlpito, lo que fué para el pobre Fray Gerundio un exercicio de obediencia, lleno de amarguíssima mortificacion; sucediendo despues, lo que verá el curioso Lector en el Capítulo siguiente.


CAPITULO IX.

De los varios pareceres, que huvo en la Comunidad acerca de la Salutacion y talentos de nuestro Fray Gerundio, y de como prevaleció, en fin, el de que era menester hacerle Predicador.

La primera diligencia, que hizo el Padre Provincial, luego que salió del Refectorio, fué pedir á Fray Gerundio el papel, y, miéntras este comia á segunda mesa, se leyó todo el Sermon en la Celda de su Reverendíssima, adonde concurrieron á cortejarle todos los Padres graves del Convento, sirviendo esto de rato de conversacion. Y, aunque allí se repitieron con mas libertad las carcajadas, porque asseguraron los que fueron testigos de oídas, que el cuerpo del Sermon no le iba en zaga á la Salutacion, no huvo forma de quererle soltar jamas el Provincial, por mas instancias que le hicieron aquellos Reverendos Padres; escusándose con que hacia escrúpulo de exponerle á que se hiciesse mas ridículo, y solo á duras penas alargó la Salutacion, permitiendo que se sacassen algunas copias, por quanto esta ya la havia oído toda la mosquetería y populacho del Convento.

2. Despues, vuelto á los Padres, que le cortejaban, dixo con seriedad: «Es cierto, que me lastima este mozo; el talento exterior no solo es bueno, sino sobresaliente, pero los disparates, que ensarta, no se pueden tolerar; y todos nacen, lo primero de la falta de estudio, y lo segundo de los zenagales donde bebe, ó de los malditos modelos, que se propone para imitarlos, los quales no pueden ser peores, por el modo y por la substancia.» Maliciaron algunos, que esto último lo decia el Provincial por el Predicador mayor de la Casa, pues no ignoraba la amistad particular, que professaban los dos, ni las pésimas instrucciones, que le daba; y aun el mismo Predicador debió de sospechar algo, porque es fama, que se puso colorado. Pero, sea lo que fuere, prosiguió el Provincial: «Yo quiero ver en presencia de vuessas Paternidades, si con maña y con suavidad puedo hacer, que este muchacho conozca su bobería, estudie, se aplique, y lea á lo ménos buenos libros de Sermones, para que tome el verdadero gusto de predicar, y la Orden se aproveche de sus especiosos talentos.» Mandó, pues, al Lego su Socio (que havia ido á servir á aquellos Padres un traguito de vino rancio y unos vizcochos de canela, por modo de postre), que baxasse al Refectorio y dixesse á Fray Gerundio, que en acabando de comer subiesse á la Celda del Provincial.

3. Subió al punto, apresurado, sobresaltado, y azorado; pero luego se serenó, viendo que el Provincial le decia con mucho agrado: «Venga acá, hijo, y deme un abrazo, que lo ha hecho ni mas ni ménos como yo esperaba; y, si no le permití, que acabasse su Sermon, no fué porque no le oyéssemos todos con gran gusto, pues ya vió quanto se celebró, sino porque estaba ya acabando de comer la Comunidad.» No es creíble quanto se solazó y quanto se alentó Fray Gerundio, al oír hablar á su Provincial en un tono, que ciertamente no esperaba; pero, llevando este adelante su prudente artificio, le preguntó: «Ea, dígame la verdad; quien le compuso la Salutacion?» — «Padre nuestro (le respondió con una intrepidez y una sinceridad columbina), lléveme el Diablo, si no la saqué yo toda de mi cabeza.» — «Pues, aquellos textos tan literales y tan apropiados (le replicó el Provincial), como los podia saber, si nunca ha leído la Biblia?» — «Padre nuestro (respondió Fr. Gerundio), esso, con una leccioncita que me dió en cierta ocasion el Padre Predicador mayor, es para mí la cosa mas fácil del mundo.» — «Pues, qué leccioncita fué essa?» — «Díxome, que, quando quisiesse aplicar algun texto á qualquiera palabra Castellana, no tenia mas que buscar en las Concordancias la palabra latina, que la correspondiesse, y que allí encontraria para cada voz textos á porrillo, con que podia escoger el primero, que me diesse la gana. Assí lo hice, y en verdad que los textos, si no me engaño mucho, me salieron á pedir de boca. Por esso, quando dixe, que Santa Ana palpitaba en el útero materno, luego encajé: Ex utero ante Luciferum genui te. Mire V. Paternidad muy Reverenda el útero clarito como el agua. Quando dixe, que tenia hermoso y ayroso vulto, al instante espeté lo de vultum tuum deprecabuntur, que ni de molde podia venir mejor. En hablando de hija, allí está en las Concordancias, filia mea male a Dæmone vexatur; y, si huviera querido traher otros cien textos de filia, tambien pude. Para las circunstancias agravantes, mire V. Paternidad, si el tolle gravatum tuum podia venir mas al caso, y para aquello de las Rameras, el tempus putationis advenit, me parece que vino como nacido.»