4. — «Con que, essa leccioncita le dió el Padre Predicador mayor?» le replicó el Provincial, con un poco de retintin. — «Sí, Padre nuestro, respondió el innocente Fray Gerundio; y con ella no temo predicar el Sermon mas dificultoso y de circunstancias mas enrevesadas, que puede haver; pues, como yo encuentre en las Concordancias la voz correspondiente, bien pueden llover circunstancias sobre mí, que tambien lloverán textos literales sobre el Auditorio.» — «Pero no ve, hijo, le replicó el Provincial, que essa regla no es buena, porque puede el Predicador querer probar una cosa, y el texto, donde se halla la palabra que va á buscar, hablar de otra, que no tenga conexion ni parentesco con lo que él intenta? Pongo por exemplo: qué tiene que ver, que Santa Ana palpitasse ó no palpitasse en el vientre de su madre (dexo á un lado el disparate), con la generacion eterna del Verbo en la mente Divina, de la qual en la sentencia mas comun habla el texto: Ex utero ante Luciferum genui te?» — «Ello, Padre nuestro, respondió Fray Gerundio, allí hay cosa de útero; y, si no viniere el texto al palpitar, vendrá al útero, y esso le basta al Predicador.»

5. — «Pero dígame, y á qué vino el vultum tuum deprecabuntur?» — «A qué havia de venir? á lo de hermoso y ayroso vulto.» — «Pecador de mí! exclamó el Provincial. Pues no sabe, que vultus, vultus, vultui, significa el semblante?» — «Sí, Padre nuestro, ya lo sé; pero significa el semblante de vulto; porque si no, diria faciem tuam, os tuum.» Con dificultad pudo el Provincial contener la risa al oír tan furioso despropósito. «Y lo de tolle gravatum tuum, á qué lo traxo?» le preguntó el Provincial. — «A qué lo havia de traher? respondió Fray Gerundio; pues no se acuerda vuesa Paternidad, que lo traxe á lo de circunstancias agravantes? Hay cosa mas parecida que agravantes y gravatum? Yo á la verdad no sé lo que significa gravatum; pero á mi me suena á cosa de agravante, y lo mismo sonará á qualquiera auditorio, que tenga buen oído; y, como al auditorio le suene, no es menester mas, para que venga bien.»

6. No obstante la natural seriedad y circunspeccion del Padre Provincial, le retozaba tanto la risa, al oír tan continuados y tan tremendos desatinos, que apénas podia reprimirla; pero al fin, conteniéndola lo mejor que pudo y empeñado ya en tocar, aunque de passo, los muchos disparates de otra especie, que havia dicho en la Salutacion, le preguntó: «Y qué graves Autores son los que enseñan, que Santa Ana tuvo á nuestra Señora veinte meses en su vientre?» — «Padre nuestro, respondió Fray Gerundio, yo no lo sé, porque en ninguno lo he leído; pero, como oygo á cada passo decir á los Predicadores mas famosos, afirman graves Autores, dicen graves Autores, enseñan graves Autores, sienten graves Autores, yo creí, que essa era una de las muchas fórmulas, que se usan en los Sermones, como quando se dice: aquí conmigo; ahora á mi intento; vaya para el Theólogo; note el discreto, de las quales fórmulas cada qual puede usar libremente, quando le diere la gana; y que, aunque ningun Autor haya soñado en decir lo que dice el Predicador, este puede citar á vulto Autores, Padres, Concilios, y Theólogos, siempre que le viniere á cuento, como tambien versiones, exposiciones, y leyendas; porque lo demas, Padre nuestro, adonde íbamos á parar? ni quien havia de ser Predicador, si todas las noticias, erudiciones, y textos, que se trahen en los Sermones, se havian de encontrar en los libros?»

7. — «Pues no ve, hijo mio, replicó el Provincial, que esso es mentir? y que la mentira, sobre ser vergonzosa é indigna de un hombre de bien en qualquiera parte, en el Púlpito, que es la Cáthedra de la verdad, es una especie de sacrilegio?» — «Buenos escrúpulos gasta V. Paternidad, respondió Fray Gerundio: yo no he oído tantos Sermones como V. Paternidad, porque hasta ahora he vivido poco; pero puedo assegurar, que en ninguna parte he oído tantas mentiras como en los Púlpitos. Allí se dan á las piedras las virtudes, que no tienen; se fingen flores, árboles, frutas, aves, peces, animales, y plantas, que no se encuentran en toda la naturaleza. Allí se hace decir á los Padres y á los Expositores lo que no les passó por la imaginacion; y á mi parecer hacen muy bien los que lo hacen, porque, si los Padres y los Expositores no dixeron aquello, pudieron decirlo, y nadie los quitó, que lo dixessen. Allí, no pocas veces, se fingen textos aun de la misma Sagrada Escritura, que no se hallan en ella, y esto, á mi ver, no tiene inconveniente; porque, assí como el Espíritu Santo inspiró á los Profetas y á los Evangelistas las cosas, que dixeron, assí puede inspirar á los Predicadores las que ellos dicen. A lo ménos, cierto Predicador de mucha fama assí me lo dixo á mí; y, aunque es verdad, que esta doctrina no asentó muy bien á mi razon, pero al fin bien conocí, que era de mucha conveniencia. Finalmente, allí se fingen ó se cuentan sucessos y exemplos trágicos y horrorosos, que nunca sucedieron, adornándolos y vistiéndolos con tan extrañas circunstancias, que claramente se conoce, que son novelas; y con todo esso vemos, que hacen mucho fruto, porque la gente gime, llora, suspira, y se compunge. Mire ahora V. P. si se miente en los Púlpitos?»

8. — «No le puedo negar, que por nuestros pecados hay mucho de esso, replicó el Provincial, pero siempre es un atrevimiento, y aun una desvergüenza intolerable; y á qualquiera Predicador, á quien le cogieran en alguna de essas imposturas, se le debiera castigar severamente y quitarle para siempre la licencia de predicar.» — «Ah, Padre nuestro! respondió Fray Gerundio, si se hiciera esso, quien havia de predicar los Sermones de Cofradía? Y quantos hombres honrados quedarian por puertas, ó necessitarian aprender otro oficio?»

9. — «Pero dígame, hijo, ya que por essos disparatados motivos levantó á essos graves Autores el falso testimonio de que afirmaban, que Santa Ana havia tenido á la Vírgen veinte meses en su vientre; á qué propósito, ó á qué despropósito traxo para probarlo el texto de hic mensis sextus est illi? Seis meses son por ventura veinte?» — «Lo primero, Padre nuestro, que yo no traxe el texto para lo de veinte, sino para lo de meses; y para esso el hic mensis venia que ni de molde. Lo segundo, que, aunque le huviera trahido para lo de veinte, tampoco podia venir mas al caso; porque la cuenta es clara: donde hay seis, hay cinco, seis y cinco son once: donde hay once, hay nueve, y nueve y once son veinte: con que vele ahí los veinte clavados, por las equipolencias, que no estoy tan en ayunas de Súmulas, como algunos piensan.»

10. Reventaba de risa el Provincial, no obstante su genio adusto y algo cetrino, al oír unos disparates, por una parte tan garrafales, y por otra tan innocentes; y, prosiguiendo ya por entretenimiento lo que havia comenzado por via de amorosa correccion, le preguntó: «Y qué graves Autores dicen, que Santa Ana fué Abuela de la Santíssima Trinidad? No ve, que essa es una heregía formalíssima; porque la Santíssima Trinidad es increada, es improducible, es eterna, y consiguientemente no puede tener Madre, ni Abuela? Por aquí conocerá ahora, quanto le conviene estudiar Theología aun para ser Predicador; porque, si la estudia, no dirá heregías como esta.» — «Como yo no diga otras heregías (respondió Fray Gerundio), no me llevarán á la Inquisicion.» — «Tambien yo lo creo (replicó sonriéndose el Provincial), porque á la Inquisicion no llevan á los tontos; pero dexará de conocer, que essa es heregía?» — «Buena heregía de mis pecados! dixo Fray Gerundio. Pues dígame V. Paternidad, Padre nuestro: Santa Ana no fué Madre de nuestra Señora? Sí; porque assí lo dice el texto: Dixit discipulo: ecce mater tua. Nuestra Señora no fué Madre de Christo? Tambien; porque assí lo afirma San Juan: Dixit matri suæ: ecce filius tuus. Luego Santa Ana fué Abuela de la Santíssima Trinidad.» — «Si no estuviera mas en ayunas de Súmulas de lo que piensa (replicó el Provincial), no havia de sacar essa consequencia, sino esta: Luego Santa Ana fué Abuela de Christo.» — «Pues, qué mas me da una que otra, Padre nuestro?» preguntó Fray Gerundio. — «Pues qué? le dixo el Provincial, Christo es la Santíssima Trinidad?» — «Assí lo fuera yo, respondió Fray Gerundio: Et Trinitatem in unitate veneremur. Con que me negará V. Paternidad muy Reverenda, que Christo es la Santíssima Trinidad?» — «Y como que lo negaré, respondió el Provincial: es la segunda Persona de la Trinidad, pero no es la Trinidad; assí como Fray Gerundio es persona del Convento, pero no es el Convento. Y si no argüiria bien el que dixesse: Cecilia Rebollo fué madre de Catanla Cebollon; Catanla Cebollon fué madre de Fr. Gerundio de Zotes, persona del Convento de Colmenar de abaxo; luego Cecilia Rebollo fué Abuela del Convento de Colmenar de abaxo, tampoco arguyó bien el Hermano Fray Gerundio; y cierto huviera sido mejor, que el Rhetórico no huviesse atendido al argumento.» — «Padre nuestro, le respondió Fr. Gerundio, todas essas son galanterías de la Escuela, como dice el Barbadiño.»

11. — «Y son galanterías de la Escuela, replicó el Provincial, decir, que Santa Ana, como buena Madre, enseñó á la Vírgen á rezar el Ave María?» — «Pues qué? dixo Fray Gerundio, querrá V. Paternidad negar tambien una verdad tan clara y tan patente? Una Madre tan Santa y tan cuydadosa de la buena crianza de su hija, como fué la Señora Santa Ana, dexaria de enseñarla la Doctrina Christiana, ni mas ni ménos como está en el Cathecismo de Astete, comenzando por el todo Fiel Christiano, hasta acabar; y mas, que hay quien diga, que tambien la enseñó aun el mismo ayudar á Missa, y que la Santa Niña á los siete años de su edad ayudaba á todas las missas, que se decian en la Iglesia de su Lugar con mucha devocion y con mucha gracia; porque ya sabe V. Paternidad, que en tiempos antiguos, como lo leí en no sé qué libro, las mugeres ayudaban á missa.» — «Déxelo, Fray Gerundio, déxelo, que no hay paciencia para oírle ensartar tantos y tan furiosos disparates, repuso el Provincial. Es possible, que sea tan pobre hombre, que no advierta que el Ave María es una Oracion, que se reza á la misma Vírgen, y que, si Santa Ana se la huviera enseñado, la enseñaria á que se rezasse á sí misma? No ha leído siquiera en el Cathecismo aquella pregunta: Quien dixo el Ave María? El Archángel San Gabriel, quando vino á saludar á la Vírgen, y que esta fué la primera Ave María, que se rezó en el mundo, quando ya no estaba en él la gloriosa Santa, que havia muerto tres años ántes, que esto sucediesse?»

12. «No quiero ya hacerle mas preguntas sobre la substancia de la Salutacion, porque seria nunca acabar; pero no puedo ménos de hacerle algunas acerca del estilo, porque algunas cláusulas me dieron mucho golpe. V. gr. qué quiso decir en esta prodigiosa cláusula: A este, pues, Angel transparente, diáfana inteligencia, y obgeto especulativo de la devocion mas acre, consagra esta extática y fervorosa plebe estos cultos hyperbólicos?» — «Padre nuestro, respondió Fray Gerundio, lléveme el Diablo, si yo sé lo que quise decir; solo sé, que la cláusula es retumbante, y que, en sonando bien á los oídos, no hay que pedirla mas. Y si no, dígame V. Paternidad, quien hasta ahora ha puesto tachas á estas cláusulas, que andan impressas en un solo Sermon de San Andrés? y en verdad que no son mas claras que la mia:»

13. «Y porque el lleno de tan celestes luces no ofusque atingencias visuales, atemperaré la discrecion atenta con las lustrosas circunstancias del assunto... Al destellar los crepúsculos matutinos, iluminaban el Templo de flamantes resplandores, siendo el brillante candor feliz panegyris de su sacra solemnidad... Nítidos ráfagos de flamulosas antorchas, brillantes destellos de solares luces, animaban afectos obsequiosos, excitando admiraciones festivas: