20. Por un gran rato quedó atónito el bueno del Provincial, no sabiendo lo que le passaba, y pareciéndole, que con efecto era sueño lo que le sucedia. Pero al fin, volviendo en sí, estregándose los ojos y palpando el libro, conoció, que no soñaba. Quiso ver quien havia tenido valor para aprobar aquel immenso conjunto de desatinos y para votar, que se diessen á luz unos Sermones, que no solo no debieran imprimirse, aunque no fuesse mas que por el honor de la Nacion, pero ni debieran los Superiores, á quienes tocaba, haver permitido que se predicassen; «pues, no metiéndonos por ahora en mas honduras, y sin detenernos en examinar una infinidad de proposiciones osadas, dissonantes, y aun erroneas respectivamente, solo la broza, el fárrago, el hacinamiento pueril de citas, textos, autoridades, y lugares de todas especies, trahidos sin méthodo, sin juicio, sin eleccion, sin oportunidad, y las mas veces por pura asonancia; solo el intolerable abuso de valerse, por lo ménos, tanto de los Autores profanos como de los Sagrados, hombreando Marcial, Horacio, Catulo, y Virgilio con San Pablo y con los Profetas, y usando mas de Beyerlink, Mafejan, Aulio Gelio, y Natal Cómite, que de los Padres de la Iglesia; solo el estrafalario, el loco, y aun el sacrílego empeño de apoyar los Mysterios mas Sagrados y las acciones mas exemplares y mas sérias de los Santos con una fábula, con una noticia mythológica, ó con una supersticion gentílica; solo el estilo tan fantástico, tan estrambótico, tan puerilmente hinchado y campanudo; solo un lenguage tan esguízaro, tan bárbaro, tan mestizo, que ni es Latino, ni Griego, ni Castellano, sino una extravagantíssima mezcla de todos estos tres idiomas; solo por esto, vuelvo á decir, que verá y notará qualquiera, que tenga ojos en la cara, merecia el tal Predicador, que desde el primer Sermon le huvieran quitado la licencia de predicar. Pero no solo no haver hecho esto, sino haverle permitido, que imprimiesse tales Sermones! Haver encontrado quien se los aprobasse! Veamos quienes fueron los Censores.»
21. Aún mas pasmado quedó el zeloso Provincial, quando leyó el número, la autoridad, y los elogios, que daban al Autor los aprobantes. Es verdad, que en medio de los elogios le pareció, como que divisaba algunas cláusulas, que le sonaban á pullas, ó á discretas advertencias del modo con que el Padre Predicador Apostólico debiera haver escrito; bien que temió, que esto acaso podia ser malicia suya. «Los primeros Aprobantes dicen, que han leído el Florilegio Sacro con singularíssimo gusto; y añaden immediatamente: ojalá, que con igual aprovechamiento! Qué sabemos si en esto quisieron decir: ojalá, que el Padre Predicador Apostólico nos huviera edificado tanto, como nos ha divertido? Ojalá, que huviera hablado mas al alma y al aprovechamiento, que al gusto y á la diversion! Ojalá, que se huviera dexado de flores, y de flores tan vulgares, tan inútiles, y tan sylvestres, y que nos huviera dado sazonados frutos!» Notó tambien, que dichos Aprobantes aplicaban á la Obra un elogio, que Cyno y Praxitelo dieron á la Cloaca de Galeno, y se le ofreció, si acaso lo decian por lo que esta Obra tiene tambien de Sentina, pues toda ella huele á Gentilidad y á Pedantismo, que apesta.
22. «El segundo Aprobante, sumamente respetable por todas las circunstancias de su dignidad y de su persona, da bastantemente á entender, que aprobó la Obra in fide parentum, y que la leyó por poderes, siendo muy verisímil, que sus muchas y graves ocupaciones no le diessen lugar para registrarla de otra manera. Y á la verdad fué disculpable en los excessivos elogios, que la dió; porque quien se havia de persuadir á que no los merecian unos Sermones, que pretendia estampar un Predicador Apostólico, un Lector de Theología, y un Chronista de su Orden? Fuera de que quizá tendria presente, lo que dixo cierto Poeta en caso semejante: Que los Poetas que alaban, y los Censores que aprueban, nunca dicen lo que los Autores son, sino lo que debieran de ser. Finalmente, en todo caso, al fin de la censura, hablando de cierto Sermon, que el Autor predicó en la misma Ciudad, donde vivia á la sazon el Reverendíssimo, dice que tuvo la fortuna ingrata de no haverle oído. Y, si yo me conozco en desengaños, no es corto el que le ofrece en esta breve cláusula; pues ello, ingrata ó no ingrata, ya dice, que el no haverle oído fué fortuna suya. Yo á lo ménos por tal la tengo.»
23. «El tercer Aprobante, de circunstancias no ménos respetables que el segundo, no se anda en dibujos, y con toda la claridad y gravedad, que correspondia á su elevado carácter, desde luego le declaró lo mucho, que le sobresaltó el título de Florilegio Sacro, que le hizo entrar ya leyendo el libro con advertencia, que es decir en cortesía, con desconfianza, por lo mucho que disuena lo florido con lo Apostólico, siendo muy extrañas del Apostólico Predicador las flores. Y, aunque despues procura dorarle suavemente la píldora, para que la trague, en todo acontecimiento el acíbar medicinal allá va; si no hiciere buen efecto, atribúyalo el enfermo á su mala disposicion.»
24. «Pero al fin, concluyó el Provincial, volviéndose á Fray Gerundio, sea lo que fuere de las Aprobaciones, dígole, que no le he de volver este libro, porque cosa mas á propósito para acabarle de rematar en esse perverso gusto, que tiene de componer Sermones, es impossible que se haya estampado, ni que se estampe en todos los siglos de los siglos.» — «Padre nuestro, dixo Fray Gerundio, el libro me le volverá V. Paternidad, porque no es mio.» — «Pues, de quien es?» preguntó el Provincial. — «No se lo puedo decir á V. Paternidad, respondió Fray Gerundio, porque me le prestaron en confession.» Resonó en toda la Celda una espantosa carcajada, al oír tan gracioso despropósito; pero Fray Gerundio, sin turbarse, prosiguió diciendo: «Y en órden á las tachas, que V. Paternidad le pone, lo que yo veo es, que corre con grande aplauso, que la impression se despachó luego, y no se halla uno por un ojo de la cara, porque los que le tienen le guardan como oro en paño; y en verdad que todos son hombres de buen gusto, y que el Autor se hizo famosíssimo en España por una Obra, que publicó, dicen que en el mismo estilo que el Florilegio, contra cierto Escritor, que ha metido gran ruído en este Siglo. Con que, si esto es predicar mal y con mal estilo, yo digo claramente á V. Paternidad, que no pienso predicar con otro estilo ni de otra manera, miéntras Dios me guarde el juicio.» Dixo y, sin hablar mas palabra, volvió las espaldas, y se despidió broncamente de aquella Reverendíssima Assambléa.
25. No se puede ponderar lo irritado que quedó el Provincial, á vista de aquel desahogo y de una despedida tan irreverente y tan desatenta. Iba á mandar con el primer movimiento de la cólera, que le emparedassen; pero algunos Padres Maestros, que conocian mejor la candidez de Fray Gerundio, le asseguraron, que aquella no era malicia, sino pura innocencia, y una mera simplicíssima intrepidez. Con esto se sossegó, y se contentó con decir, que, si como él estaba ya para acabar el Provincialato, huviera de proseguirle, tarde subiria al Púlpito el majadero de Fray Gerundio: expression, que no se sabe como se le escapó, porque era hombre moderado y comedido. Pero Dios nos libre de un hombre colérico, quando todavía están calientes las paredes.
26. Miéntras passaba esto en la Celda del Provincial, andaba una terrible zambra en el Convento entre los Frayles de escalera abaxo sobre la misma Salutacion. Es verdad, que los mas eran de la propia opinion que nuestro Padre, conviene á saber, que era impossible predicarse cosa mas disparatada; pero otros defendian, que havia sido un assombro, y, aunque no dexaban de conocer, que havia dicho muchos desatinos, pero los disculpaban con la poca edad, con los ningunos estudios, y en fin decian, que el talentazo, el garbo, la voz, y la presencia lo suplian todo. Sobre todo, el formidable partido de los Legos se le calzó enteramente, y no le faltó siquiera un voto, para que desde luego le ordenassen y le hiciessen Predicador. Pero los que mas á vanderas desplegadas se declararon por él entre los Legos, fueron el Socio del Provincial y el Sacristan segundo de la Casa. Estos eran votos de grande consequencia; porque el Socio havia cogido al bueno del Provincial las sobaqueras, de tal manera que hacia mas caso de él, que de muchos Padres graves, y era voz comun en la Provincia, que le dominaba.
27. El Sacristancillo segundo por su término no le iba en zaga. Era un Leguito que ni de molde: de mediana estatura, cariredondo, agraciado, lampiño, ojos alegres y chuscos, pulcríssimo de hábito, vivaracho, oficioso, servicial, y mañoso, porque sabia hacer mil enredillos de manos. Cortaba flores, dibujaba decentemente, componia Reloxes, acomodaba vidrios, y para una cazuelita, para una tarta, para una bebida, tenia unas manos de Angel. A favor de estas habilidades y de su genio blando y un si es no es zalamero, se insinuaba en las Celdas, con especialidad de los Padres graves, hacíalos la cama, limpiábales las mesas, batíalos el chocolate, servíalos en otros mil menesteres; y, como le encontraban pronto para todo, se havia grangeado no solo el cariño, sino la confianza de los mas, tanto que casi los daba la ley y los hacia querer todo lo que él queria, y alabar todo lo que él alababa. No es decible, quanto importaron á Fray Gerundio estos dos votos, y despues el de los demas Legos; porque los dos primeros llegaron á hacer blandear, el uno al Provincial, y el otro á casi todos los Padres gordos, y los demas, como cada qual tenia su santo de devocion, poco á poco le fueron conquistando á los Frayles de Missa y Choro, de manera que en breves dias ya casi todo el Convento se declaró á favor de sus predicaderas.