10. — «Y essa prevencion, Padre Maestro, preguntó Fray Gerundio, como se ha de hacer?» — «Ya te lo he dicho, respondió el Maestro Prudencio: primeramente estudiando las Facultades necessarias, y despues leyendo con mucha reflexion, observacion, y penetracion á los Santos Padres, á los Expositores, y Oradores mas acreditados.» — «Jesus, Padre Maestro! replicó Fray Gerundio, seria ya un hombre carcuezo ántes de ser Predicador, porque para estudiar todo esso eran menester muchos años.» — «A lo ménos, respondió el Maestro, ninguno debiera ser Predicador, que no fuesse maduro y bien adulto; porque el demasiadamente jóven puede tener ingenio, puede tener habilidad, puede tener viveza, puede tener talentos, y todo lo demas que se quisiere; pero no puede tener la ciencia, noticias, especies, y extension necessaria, porque esta no se adquiere sin mucho estudio y lectura, y para la mucha lectura son menester muchos años. Añádese, que á los Predicadores demasiadamente jóvenes, si no suplen la falta de representacion con una virtud extraordinaria, nunca se les puede tener el respeto y la veneracion, que son tan necessarias para que hagan fruto los que exercitan de oficio este Sagrado ministerio, sin hablar de otros inconvenientes, que no es menester decirlos, para que qualquiera se haga cargo de ellos.»
11. — «Pues, por qué se empeñó V. Paternidad, le preguntó Fray Gerundio, en que á mí me hiciessen Predicador, siendo assí que apénas he hecho mas que cumplir los veinte y cinco?» — «Extraño mucho, que me hagas essa pregunta, respondió el Padre Maestro, no sin algun enfadillo. Tan presto te has olvidado de lo que tú mismo me importunaste, para que hiciesse este empeño? Fuera de que, viéndote encaprichado en no seguir los Estudios y que echabas los bofes por aplicarte á esta otra carrera, quise ver si podias servir de algo en la Religion, especialmente que los Predicadores Sabatinos apénas son mas que aprendices de Predicadores, porque solamente se les encargan algunos Sermoncillos domésticos de poco ó ningun concurso, para que se vayan ensayando; y me pareció, que en este tiempo podria suplir el arte lo que faltaba al estudio y á la edad.»
12. — «Con que, el arte ya puede suplir esso?» replicó Fray Gerundio. — «Enteramente no lo puede suplir, respondió el Padre Maestro, pero de alguna manera sí.» — «Por Dios, dígame V. Paternidad, como podrá suplirlo?» — «Leyendo con cuydado buenos originales, respondió el Maestro Prudencio, esto es, los Sermonarios de los mejores Predicadores, que han florecido en España, y procurando imitarlos, assí en la substancia como en el modo.» — «Pero, quales tiene V. Paternidad por los mejores Sermonarios?» preguntó Fr. Gerundio. — «Toda comparacion es odiosa, respondió el Padre Maestro; y assí, no metiéndome por ahora en calificaciones respectivas, te digo, que los Sermones de Santo Thomas de Villanueva, en la naturalidad, en la suavidad, y en la eficacia, son un hechizo del entendimiento y del corazon. Los de Fray Luis de Granada, á quien llamaron con razon el Demósthenes Español, en el nervio, en la solidez, y en aquella especie de eloquencia vigorosa, que á guisa de un torrente impetuoso todo lo arrastra tras de sí, acaso tendrán pocos semejantes. La novedad de los assuntos, la ingeniosidad de las pruebas, la delicadeza de los pensamientos, la oportunidad de los lugares, la viveza de la expression, la rapidez de la eloquencia, que reynan en los mas de los Sermones del Padre Antonio Vieyra, quizá le merecieron el epítheto, que le dan muchos, de Monstruo de los ingenios y Príncipe de nuestros Oradores.»
13. — «En verdad, replicó Fray Gerundio, que entre essos muchos no tiene V. Paternidad que contar al Autor del Verdadero méthodo de Estudiar, el qual dice, que en sus Sermones no se hallará artificio alguno rhetórico, ni una eloquencia que persuada... Que, por haverse dexado arrebatar del estilo de su tiempo, tal vez fué aquel, que con su exemplo dió materia á tantas sutilezas, que son las que destruyen la eloquencia... Que sus Sermones están llenos de galanterías que divierten, pero que no persuaden... Que los que le aplican aquellos grandes epíthetos de Maestro del Púlpito, Príncipe de los Oradores, Maestro universal de todos los Declamadores Evangélicos, Aguila Evangélica, ó no lo entienden, ó hablan apassionados... Finalmente, que era un hombre estimado en Portugal, pero no en Roma, como se lo oyó el Autor á muchos Jesuítas, que tenian de él perfecta noticia.»
14. — «Tambien yo la tengo, respondió el Maestro Prudencio, de esso y de todo lo demas, que dice el Barbadiño,[32] Autor de essa Obra, que me citas, contra este insigne hombre. Debiera este quejarse, si le tratara á él de otra manera, que trata á casi todos los hombres grandes, que florecieron en todas las Facultades, siendo su empeño conocido dar á entender, que todo el mundo tenia los ojos cerrados, hasta que él vino á abrírselos por charidad, haciéndoles ver, que eran unos pobres idiotas los que él calificaba por Maestros. Nada se le dará al Padre Antonio Vieyra, ántes le estará muy agradecido de que en materia de Eloquencia Christiana le lleve á él por el mismo rasero, por donde llevó en materia de Theología á Santo Thomas, San Buenaventura, Suarez, Vazquez, y á todos los Escolásticos en materia de Philosophía á todos quantos no la escribieron à la dernière; et sic de reliquis. No obstante, si su crítica no fuera tan universal, tan despótica, y tan indigesta; si se huviera contentado con decir, que el Padre Vieyra, especialmente en algunos de sus Sermones Panegýricos, se dexó llevar con algun excesso, y aunque dixesse con mucho, de aquella especie de enthusiasmo, que arrebataba á su fogosa imaginacion, y que rompia en las primeras idéas, que le ocurrian á ella, las quales eran por lo comun sutilíssimas, agudíssimas, pero ménos sólidas, adelante: yo por lo ménos no me opondria á esso, porque estoy persuadido á que muchos de sus Sermones, singularmente de los panegýricos, adolecen de este achaque. Por esso pudiste notar, que yo no te le propuse por modelo en todos, aun en aquellas determinadas cosas de que le alabé, sino en los mas. Pero pronunciar en cerro, y como dicen, á red barredera, que en sus Sermones no se hallará artificio alguno rhetórico, ni una eloquencia, que persuada, no fué tirar la barra de la crítica hasta mas allá de lo justo, fué propiamente tirar á desbarrar.»
15. «En quanto al artificio rhetórico, ni uno solo se señalará de sus Sermones, que no esté dispuesto con el mas perfecto, con el mas vivo, con el mas natural, y al mismo tiempo con el mas dissimulado: si es que efectivamente hay otro artificio rhetórico que un entendimiento bien lleno de su assunto, una imaginacion fecunda, viva, espiritosa, y animada, con una facundia natural, pronta, abundante, y expressiva. El que estuviere dotado de estas prendas, como lo estaba el Padre Vieyra en superlativo grado, hará sin pretenderlo, y aun sin advertirlo, unas composiciones tan rhetóricas, que el mismo Tulio las admiraria, y colarán naturalíssimamente de su boca y de su pluma no solo aquellos tropos y figuras, que hizo advertir la observacion, sino otras muchas, que no se havian observado, y que quizá son mas enérgicas, que las ya sabidas. Quien no descubriere este artificio en qualquiera de los Sermones del Padre Vieyra, no entre á leer los libros sin Lazarillo.»
16. «Por lo que toca á la eloquencia, que persuada (que es la única, que merece el nombre de eloquencia castiza y de ley), quisiera yo me señalasse con el dedo el Barbadiño otra mas activa, mas vigorosa, mas triunfante, que la del Padre Antonio Vieyra, singularmente en todos los Sermones puramente morales, y tambien en muchos panegýricos. Lea con reflexion los capitales assuntos, que trata en los Sermones de Adviento y de Quaresma, donde desmenuza los Novíssimos y promueve las verdades mas terribles de la Religion; y dígame, qué Orador antiguo ni moderno trató jamas estos puntos con mayor viveza, con mayor solidez, con mayor valentía, ni con mas triunfante eficacia? Es un Rhódano, es un Danubio, es un Tekesel, que quiere decir Espantoso, Rio de la Ethiopia, llamado assí por su assombrosa rapidez: todo lo lleva tras sí, todo lo arrastra, todo lo arrebata. No hay entendimiento, que no se rinda á la convincente solidez de sus razones, y apénas hay corazon, que resista al rápido vigoroso impulso, con que le combate: tanto que oí decir á un célebre Missionero Jesuíta, que, si se formasse un cuerpo de mission de los Sermones del Padre Vieyra, entresacando los que corresponden á los assuntos que se suelen predicar en esta sagrada batería, con dificultad havria otros, que conquistassen mas almas, especialmente en auditorios cultivados y capaces. Y con efecto consta de la vida de este hombre prodigioso, que no hizo ménos fruto en los corazones con sus Sermones Morales, que causó admiracion en los entendimientos, assí en España como en Italia, con la mayor parte de los Panegýricos.»
17. «En Italia, vuelvo á decir, por mas que el cetrino Barbadiño nos quiera persuadir, que oyó á muchos Jesuítas Italianos, que el Padre Antonio Vieyra era un hombre estimado en Portugal, pero no en Roma; á qué Jesuítas pudo oír semejante despropósito, sino que fuesse á los Cocineros de las muchas Casas, que tiene la Compañía en aquella Corte? Estoy por decir, que aun estos no ignoran el gran ruído, que hizo en ella, quando fué llamado de su General, por haverle significado el Papa Alexandro VII, muchos Cardenales, y la famosa Reyna Christina de Suecia, la gana que tenian de oírle, por lo mucho que havia publicado de él la fama en toda Europa. No ignoran, que, despues de haver predicado varias veces en presencia del Sacro Colegio, convinieron todos en que era aun mucho mayor que su fama. No ignoran, que, haviendo predicado, digámoslo assí, á competencia con el mayor Orador que tuvo la Italia en aquel Siglo, el Reverendíssimo Padre Juan Paulo Oliva, Predicador Apostólico de tres Sumos Pontífices y General de toda la Compañía; no obstante el elevado mérito de este hombre verdaderamente grande; no obstante el estar reputado, y con razon, por el Evangélico Demósthenes de Italia; no obstante la passion natural, con que necessariamente le havian de mirar todos los patricios; no obstante el peso que havia de hacer en la balanza ó el respeto, ó la dependencia, ó la adulacion, ó todo junto, viéndole Cabeza suprema de toda su Religion, y con una autoridad casi despótica en la Corte de Roma, por la grande estimacion que hicieron de él los tres Sumos Pontífices, que le alcanzaron: no ignoran, vuelvo á decir, los Jesuítas, que no obstante todo esto, en los dos Sermones, que en la Fiesta de San Estanisláo de Koska predicaron el General y el Súbdito, el Italiano y el Portugués, los extraños y los domésticos dieron al de este la preferencia.»
18. «No ignoran, que el mismo General, en una Carta que le escribió despues, desde Roma á Lisboa, le llama Intérprete verdadero de la Escritura, singular Organo ó Arcaduz del Espíritu Santo, Modelo de Oradores, y Padre de la Eloquencia; siendo assí, que los Superiores de la Compañía, y especialmente el supremo de todos, en las cartas que escriben á sus súbditos, aunque no les escaséen las expressiones paternales, los dispensan con mucha circunspeccion y con grande economía los elogios. Estos, que el Reverendíssimo Oliva dedicó al Padre Vieyra, no solo no los ignoran los Jesuítas de Roma, pero pudiera y debiera no ignorarlos el mismo Barbadiño, pues se hallan estampados en uno de los dos tomos de Cartas de dicho General, que se dieron á la luz pública. Finalmente, no ignoran los Jesuítas, que el mismo Papa Alexandro y la Reyna Christina desearon con ansia, que se quedasse en aquella Corte; el uno para Oráculo de su Capilla Pontificia, y la otra para ornamento de su Real discretíssimo y doctíssimo Gavinete, donde concurrian los hombres mas sabios y mas eminentes de la Europa toda, que eran los que principalmente componian la Corte de aquella extraordinaria Princesa, por lo que dixo de ella con singular discrecion Samuel Bochart, haciendo el cotejo entre la Reyna de Sabbá, que fué á conocer y á consultar á Salomon, y la Reyna Christina:
Illa docenda suis Salomonem invisit ab oris;