22. «En esse caso reñiremos; porque, siendo tan erudito el señor Arcediano, como ciertamente lo es, no puede ignorar, que, quando nació el Padre Vieyra, ya estaba el mundo atestado de libros de Conceptos predicables, assí en Portugués, como en Castellano, en Italiano, en Latin, y aun havia algunos en Francés, que tenian desterrada de los Púlpitos la eloquencia verdadera, y la genuína y literal explicacion ó aplicacion de la Sagrada Escritura. Dexo aparte el reynado del sentido alegórico, que, aunque propio, es el mas arbitrario, y consiguientemente el mas expuesto á desbarrar, si no se maneja con mucho pulso y con gran tiento, el qual se apoderó de todo el siglo decimo-sexto y de mucha parte del decimo-séptimo, en que nació el Padre Vieyra. Ya encontró este muy celebradas en los Púlpitos las sutilezas de Mendoza, las metaphýsicas de Silveyra, los arrojos de Guevara, los reparillos de Fr. Felipe Diez; y tambien en Italia, y aun en Francia havian hecho grandes estragos en la Eloquencia Sagrada las delicadezas de los Berninis, de los Maronis, y de los Mercenieres.»
23. «Basten estos exemplares para probar, que no fué el Padre Vieyra el inventor de las sutilezas del Púlpito, y para que no se le recargue con que tal vez fué aquel que, con su mal exemplo, dió materia para que estas se introduxessen, en perjuicio de la verdadera Eloquencia. No por esso negaré, que los Sermones Panegýricos con especialidad están demasiadamente cargados de ellas, y por esso no te los propongo absolutamente por modelo; pero los Morales, con toda seguridad, pueden servirte de exemplar, aunque se encuentre en ellos tal qual agudez, ó pensamiento no tan sólido; pues morales, y muy morales, son todas las Homilias de San Juan Chrysóstomo, y, no obstante encontrarse en ellas uno ú otro pensamiento, que no parezca tan cimentado, no hay en la Iglesia de Dios modelo de eloquencia mas acabado ni mas perfecto.»
24. Insensiblemente fueron caminando cerca de una legua en esta conversacion el Maestro Prudencio y nuestro Fray Gerundio, el qual daba muestras de oírla con atencion y con gusto, tanto que rogó al Padre Maestro, que tuviesse la bondad de irle instruyendo poco á poco en aquellas materias, y aun le suplicó, que le diesse unas reglas breves, claras, y comprehensivas para componer todo género de Sermones Panegýricos, Morales y tambien las que se llaman Oraciones fúnebres, á cuyas tres clases pueden reducirse todas las especies de Sermones, que se predican. Pidióle mas, que no solo le diesse reglas para componerlos, sino tambien para el modo de predicarlos, descendiendo hasta las mayores menudencias del gesto de la persona, de la decencia del trage, del juego de la voz, y del movimiento y decoro de las acciones. Todo se lo ofreció el bueno del Maestro Prudencio, bañándose, como dicen, en agua rosada, y rebosando en el semblante una suma complacencia, por parecerle, que le iba saliendo bien su traza, y muy persuadido ya á que havia de sacar en Fray Gerundio un Predicador de gran pro, con desempeño de la fianza, que havia hecho, no sin acreditar en ella la bondad de su corazon mas que la bellaquería de su buen juicio; pero, como el passéo havia sido largo, era hora de comer, y los ácidos hacian su oficio en los estómagos de los dos, especialmente en el del robusto Fray Gerundio, se limitó la session para ocasion mas oportuna, y se retiraron á la Granja á acallar las justas quexas de las túnicas estomacales.
LIBRO TERCERO.
CAPITULO PRIMERO.
De un Enredo de Barrabas, que hizo el mal Dimoño, para acabar de rematar á Fray Gerundio.
Havrá notado acaso el muy crítico y muy curioso Lector, (y tambien es muy natural, que no lo haya notado,) que la division y comenzamiento de este Libro tercero no está segun arte; porque, haviendo acabado el primero con las niñeces, primeras letras, y estudios pueriles de nuestro incomparable Fray Gerundio, hasta dexarle en el Noviciado con el Hábito de la Religion, parecia, que el segundo Libro se havia de cerrar con los estudios, pocos ó muchos, que tuvo en ella, y que debiera comenzar el tercero desde que se halló ya Sacerdote de Missa y con el nombramiento de Predicador Sabatino; por quanto el nuevo estado y assimismo el nuevo empléo eran una época de su vida natural, oportuna y propia para esta tercera division. De donde acaso el mismo Lector querrá poner pleyto al pobre Libro segundo, sobre su capítulo décimo, diciendo, que este toca de justicia al Libro tercero, y que ha sido usurpacion y tiranía privarle de él.
2. Yo no juraré, que no tenga vislumbres ó apariencias de razon el que hiciere este reparo. Pero, sobre que hasta ahora no se ha publicado alguna Pragmática-sancion, que dé reglas fixas, ciertas, y universales para el amojonamiento, término, límites, ni cotos de los párrafos, capítulos, ni libros; pues hasta en las lindes de los puntos, que son mas necessarias, para que no hayga pleytos en la jurisdiccion é inteligencia de las cláusulas, sabe Dios y todo el mundo los trabajos que hay, por no haverse recibido alguna ley obligatoria, que ligue y cause entero perjuicio á los Escritores y á los Escribientes: como esta costumbre de la division de capítulos y libros, dicen que se ha introducido en el mundo literario, para que descansen y tomen huelgo assí los que escriben, como los que leen; en assegurando yo, que no me cansé, hasta que dexé á Fr. Gerundio no solo con el título de Predicador Sabatino, sino con los primeros crepúsculos de la instruccion del Padre Maestro Prudencio, paréceme que, por lo que á mí toca, tapé la boca al crítico Reparador. Si mis Lectores se cansaron ántes, esso no debe ser de mi cuenta. Quítoles yo por ventura, que cierren el libro quando les diere la gana, y se echen á dormir hasta que despierten, con lo qual no solo dividirán, sino que podrán hacer gigote los capítulos y los libros, siempre y quando les pareciere puesto en razon?