3. Pero me dirán, que, aunque no hay ley escrita, que arregle estas divisiones, las regla y como que las dicta la misma ley natural: esto es, el syndéresis y la razon de los Escritores methódicos, claros, y de buena economía. A esso respondo, que en esto de syndéresis y de razon natural cada qual tiene la que Dios le dió, y que los entendimientos son tan diferentes como las caras. A tal le parece, que escribe y que habla con el mejor méthodo del mundo, y al otro, que le lee ó que le oye, le parece un eterno embrollador y una confusion de confusiones. Vaya un exemplo. Díganle al autor del Verdadero méthodo de estudiar, que es un embolismo todo lo que escribe; que en muchas partes apénas se perciben las reglas prácticas que da, y que las que se perciben, ó es impossible ó sumamente dificultoso practicarlas, y consiguientemente, que por ellas ninguna facultad se aprenderá. Se espiritará de cólera, se pelará las barbas al quitar con que quiso engalanarse, y á qualquiera que le vaya con esta embaxada, le dará una rociada de parvoices, de ridicularias, y de crasas ignoranzas, con que le haga retirar mas que de passo.
4. Vaya otro exemplo. No ha muchos años, que cierto Cirujano Latino, (assí decia él que lo era,) hombre boníssimo, imprimió un libro con este título: Méthodo Racional y Govierno Chirúrgico para la curacion de los Sabañones. Quien no creeria, segun el epígrafe de la Obra, que esta se reducia á dar reglas prácticas y methódicas para curar estas bachillerías de la sangre, que dan tan malos ratos á la gente de poca edad, y tal vez á hombres barbudos, y aun canosos? Pues no señor; de los trece capítulos, á que se reduce todo el librete, solo el último tiene algun tastillo de methódico ó de práctico; los otros doce, sobre ser impertinentíssimos para el assunto, tienen tanto de méthodo y de govierno chirúrgico como de oportunidad. Empeñóse en hacérselo conocer al Autor un tal Juan de la Encina, Escritor desalmado de tres Cartas, asaz bien escritas, en que esgrimió sobre las costillas del pobre Cirujano toda la pujanza de su postizo apellido; y, aunque con efecto le hizo evidencia, de que el nombre de Méthodo solo podia ponérsele á la obrilla por mote, ó por antíphrasis, el bonazo del Autor se fué á la otra vida muy persuadido á que no se havia escrito en esta cosa mas methódica ni mas gubernativa. Véngansenos ustedes ahora, con que el syndéresis y la razon natural dictan á cada Autor el méthodo, que debe observar en el económico repartimiento de sus escritos.
5. Pero al fin, qué nos estamos quebrando la cabeza? Note el curioso Lector, que en el primer párrafo ó número del capítulo último del Libro antecedente, quedó nuestro Fray Gerundio Presbýtero in facie Ecclesiæ, y Predicador Sabatino en toda propiedad; y respóndame en Dios y en su conciencia á esta preguntilla. Seria bien parecido, que aquel capítulo no se compusiesse mas que de un solo párrafo, y que se presentasse en el Libro como un capitulillo de teta ó de miñatura, siendo assí que los otros pueden passar por capítulos generales, aunque sean de la Religion mas numerosa, por la multitud de especies y de números que concurren á componerlos? Haga justicia el prudente y equitativo Lector, y, si en medio de esso no me concediere la razon, pacencia Calros, pacencia![33]
6. Hecha esta digression, tan necessaria como impertinente y molesta, volvamos á atar el hilo de nuestra historia. Es tradicion de padres á hijos, que estaban acabando de comer el Maestro Prudencio y nuestro Fray Gerundio, por señas que les servian de postre unos caracoles de alcorza y algunas bellotas de mazapan, con que havia regalado al Padre Maestro cierta Monja de la Orden, confessada suya, quando comenzaron á llamar con grande fuerza á la puerta de la Granja. Salió al ruído de los golpes el Lego, que cuydaba de ella, y encontróse (quien tal imaginara!) no ménos que con el Padre Predicador mayor de la Casa, el incomparable Fray Blas, y con un Labrador guedejudo, fornido, rechoncho, y de pestorejo, que venia en su compañia; cavallero el Padre Predicador en un rocin acemilado, tordo, sútil, zanqui-largo, y ojeroso; y montado el paysano en un pollinejo rucio, aparrado, estrecho de ancas, rollizo, oreji-vivo, y andador. Era el caso, que en una Aldéa, presumida de Lugar, dos leguas distante de la Granja, que se llamaba antiguamente Jaca la Chica, y ahora, ó porque se corrompió el vocablo, ó por reducir á una sola voz el diminutivo, se llama Jacarilla, havia fundado pocos años ántes una Cofradía, dedicada á Santa Orosia, el Cura del Lugar, que era Aragonés y muy devoto de la Santa. El Mayordomo de aquel año, que era el Labrador, que venia acompañando á Fray Blas, le havia echado el Sermon; y, aunque este no valia mas que quince reales, dos libras de turron, y un frasco de vino de la tierra, Fray Blas le havia admitido; porque en materia de Sermones llevaba la opinion de los Mercaderes, que muchos pocos hacen un mucho, y recibir á todo pecador como viniere. Algo se rodeaba por la Granja; pero, por comer en Casa de la Orden y, sobre todo, por ver Fray Blas á su querido Fray Gerundio, aunque havia tan poco tiempo que se havian separado, quiso hacer este rodéo.
7. Tanto como se alegró Fray Gerundio con la vista de su amigo, tanto sintió el Maestro Prudencio aquella importuna visita, temiendo, que, si los dexaba hablar á los dos á solas, echaria á perder el aturdido del Predicador todo lo que, á su modo de entender, havia adelantado él por la mañana. Hizo, pues, ánimo á no perderlos un punto de vista hasta que marchasse Fray Blas, suponiendo que lo haria despues de comer; y, para que lo executasse quanto ántes, dió órden al Lego para que los calentasse á toda prisa lo que havia sobrado de la comida, añadiendo algunos torreznos fritos, que es el agua de socorro para huéspedes repentinos, quando llegan al levantar de los manteles.
8. Miéntras se aderezaba la comida, no los divirtió poco el Labrador, que, aunque zafio de explicaderas, grosero de persona, y no muy delicado de crianza, era bastante ladino y un si es no es socarron. Ya sabia, que el Maestro Fray Prudencio era hombre de mucho respeto en la Orden, porque se lo havia prevenido Fray Blas en el camino; y assí, luego que entró en la sala donde estaba, le hizo una grande reverencia, escarbando hácia atras con el pié y pierna izquierda, tanto que faltó poco para hincar una rodilla, pero sin quitarse el monteron perdurable, que tenia calado hasta las cejas, y saludando al Maestro le dixo: Tenga su Eternidad güenas tardes, endíssimo Padre Fray Maestro, y güen provecho haga su essencia: prega á Dios que todo se le convierta en unjundia; y diciendo y haciendo, sin esperar á que nadie se lo rogasse, echó mano de uno de los vasos de vino, que estaban sobre la mesa en una salvilla, para echar á la que llaman de San Vitoriano, y con despejo patanal añadió sin detenerse: A la salud de su Trinidad muy raborenda, y tambien á la de mi Padre Perdicador Fray Bras, que es la frol de los Perdicadores de chapa, y tambien á la de esse Flayre mozico, que mal año para quien me quiera mal, si no tiene pergeño de ser con el tiempo otro Padre Flay Bras; y tambien á la de mi amigo el Padre Granjero Flay Grigorio, que aunque no es de missa, tampoco lo fué su Padre, Dios le bendiga, pero en una feria de Carneros, que se venga á emparejar con él un atajo de Padres Persentados; porque, por fin y por postre, de todo se sirve Dios. Acabada esta letanía, echóse á pechos el vaso, que era de mediano portante, y, bolcándole boca á baxo sobre la salvilla, él se dexó caer en un banco, repantigándose en él con mucha autoridad.
9. Cayó muy en gracia al bueno del Maestro Prudencio toda esta introduccion, y, como era de genio bondadoso y tan apacible, le dixo con mucho agrado: Buen provecho, Tio; como se llama? — Bastian Borrego, para servir á su ausencia, respondió el Labrador (y al decir esto, hizo ademan de levantarse un poco la montera). — «Por muchos años, en vida y salud de su muger y de sus hijos, si los tiene,» continuó Fray Prudencio. — Y como unas froles, aunque parezca mal que yo lo diga, replicó el Tio Bastian, especialmente uno que tengo vestido con el Habitico de San Juan de Dios, de estos que llaman Flayres Gaspachos,[34] déxelo su usandíssima, esso es bobada. — «Con que el Tio Bastian, prosiguió el Padre Maestro, es Mayordomo de Santa Orosia?» — Y tambien lo juí, respondió Borrego, de la Cofradía del Santíssimo, y serví la de la Cruz, y la de las Animas, y ahora solo me falta, que me echen á cuestas la de San Roque, que no dexarán de hacerlo, porque para los probes se hicieron los trabajos. — «Segun esso, tiene por trabajo el servir á los Santos», replicó el Padre Maestro. — A los Santos, Padre nuestro, güeno es servirlos; pero el caso es, que, segun mi corto maginamiento, en estas Mayordomías de mis pecados se sirve poco á los Santos, y mucho á los Cofrades. Y si no, dígame su Reverencia: se servirá mucho á los Santos, en que un probe como yo gaste en cada una de estas Mayordomías sesenta rales en vino, veinte en tortada, diez en avellanas, todo para dar la charidad á los Cofrades; sin contar la cera, ni la comida á los Señores Sacerdotes, ni la limosna del Padre Perdicador; que todo junto hace subir la roncha á mas de ciento y veinte rales? Ya la cera, la limosna del Sermon, y aunque digamos tambien la comida de los Curas, passe, porque todo esto parece cosa de Igresia; pero el vino de los Cofrades, que hay hombre que se mama dos quartillas! la tortada, y las avellanas para yesca! Y añada su Trinidad el bayle por la tarde á la puerta del Mayordomo, que dura hasta muy entrada la noche; y mas, si toca el tamboritero el son, que se llama el espanta-pulgas. Querráme decir su Usandíssima, que de esto se sirve Dios, ni los Santos?
10. — «De esso no creeré yo, que se sirvan mucho, respondió Fray Prudencio, y por lo mismo estoy tambien mal con ello. Pero, si el Tio Bastian conoce, que las Mayordomías y las Cofradías se vienen á reducir á essas borracheras, para qué entra en ellas?» — Para qué entra en ellas? güena pregunta! Bien se conoce, que su Ausencia está metido allá con sus libros, y no sabe lo que passa en el mundo. Padre nuestro, en los Lugares es preciso entrar en todas las Cofradías, porque es preciso, y no digo mas, que al güen entendedor pocas palabras. Juera de esta razon, que pesa un quintal, viene un Flayre, y pondera tanto las undulgencias de una Cofradía; viene otro, y perdica tantas cosas sobre los suflagios, que hace la otra por sus defuntos, que, si un hombre no los cree, le llevan, qué sé yo adonde? y, si los cree, y no lo hace, le tienen por Judío.
11. — «Pero, aunque entre en las Cofradías, replicó Fray Prudencio, no le pueden obligar á que sea Mayordomo.» — No me pueden obligar? respondió el Tio Borrego: Si usa Charidad no sabe mas de Tulugía que de Cofradías, no trueco mi cencia por toda la suya. Qué razon avrá divina ni humana, para que, haviendo yo bebido el vino y comido el turron de los demas Cofrades, no beban y coman ellos el mio? Amen de esso, si entro á la parte en los suflagios y en las undulgencias, tambien tengo á entrar en los gastos. Pues qué? no hay mas que entrar uno Cofrade, morir bien ó mal, como Dios le ayudasse, irse al Pulgatorio, y salir luego de él de mogollon y, como dicen, de bóbilis bóbilis, sin que le cueste tanto como á qualquiera otro probe? A buen bocado buen grito; lo que mucho vale mucho cuesta, donde las dan las toman, y donde no las toman no las dan.
12. — «Pero si el Cofrade se va al Infierno, replicó el Padre Maestro, de qué le sirven los sufragios, ni las indulgencias?» — Ahora sí, respondió el Tio Bastian, que su Eternidad muy Reverenda dió en el punto, y se conoce que es Tiólogo. Sin serlo yo, he puesto essa enfecultá á muchos Padres Perdicadores, y en verdad que no han sabido desenredarse bien de ella. Las Cofradías, que se reducen todas á suflagios y á undulgencias, solo sirven para los que están en gracia; mas para ponerse en ella no sirven, sino que sea por muchos arrudéos. Pues aquí de Dios y del Rey, digo yo ahora: quanto mas valen aquellas Cofradías, que llaman Conjuraciones? — «Congregaciones querrá decir, Tio Bastian», le interrumpió Fray Prudencio. — Su Usandíssima no repare en venablos ó en vucablos, prosiguió Bastian Borrego, que en entendiéndonos nos entendemos, y cada probe estornuda como Dios le ayuda. Digo, que quanto mas valen aquellas Conjuraciones ó Congrigaciones, ó lo que jueren, que obligan á escobijar la concencia, confessando y comulgando á menudo, como si dixéramos cada mes, ó los dias de las fiestas recias, que dan regras para vivir un Christiano honradamente, en las quales no hay Mayordomías, ni estos embelecos ó dimonios de charidades, y que en fin son medios para librarle á un hombre del infierno, que las otras, que lo mas mas á que tiran, es á sacarle á uno del Pulgatorio? A esso digo yo, Padre nuestro, que, una vez metido en el Pulgatorio, tarde ó templano yo saldré de él, pero in Enferno mula es enrentio, y en verdá, que no me han de sacar de él los oficios de Animas, que hace la Cofradía por los Cofrades enfuntos.