13. Grandíssimo gusto le daba al bueno del Padre Maestro la conversacion del Tio Bastian, porque, en medio de sus charras explicaderas, descubria, que era hombre de humor y de entendimiento. Assí pues, deseoso de oírle hablar mas, le preguntó, quien havia fundado en Jaca la chica, ó en Jacarilla, la Cofradía de Santa Orosia, porque le parecia cosa extraordinaria; puesto que, aunque havia visto muchas Cofradías del Sacramento, de las Animas, de San Roque, y de San Blas, y de algunos otros Santos, pero que de Santa Orosia nunca la havia visto ni oído, atento á que esta Santa, aunque tan grande, era poco conocida en Castilla. A esso responderé, Esentíssimo Padre, dixo el Tio Bastian, (y á este tiempo tomó un polvo de la caxa que á tal punto abrió el Padre Maestro,) que en cada Villa su maravilla, y cada ladron tiene su Santo de devocion. El Cura de mi Lugar es Aragonés, nacido y bautizado en la Zuidá de Jaca, que dicen está allá junto á tierra de Moros y de camino quiero, que sepa su Ausencia, que no quiere, que le llamemos Señor Guillen (que este es el apellido de su alcurnia), sino Mosen Guillen, porque dis q’así s’usa en su tierra; y al enprencipio cierto que todos nos riamos muchíssimo, porque esto de Mosen nos olia á cosa de Moyses. — «No (le interrumpió el Padre Maestro): es voz muy antigua de la Lengua Castellana, tomada de la Arábiga, para explicar mi señor, y se ha conservado en Aragon, como por distintivo y mayor respeto de los Señores Sacerdotes.» — Pues, este tal Cura (prosiguió el Tio Borrego) es un Santo (assí lo juera yo delante de la cara de Dios), y, porque dizque en la Zuidá de Jaca, donde él nació, tienen grandíssima devocion con Santa Orosia, que es su Patrona, él tambien se la tiene; y, como mi Lugar se llama Jaca la chica, nos perdicó en un Sermon (válgame Dios, y qué Sermon nos perdicó!), que seria güeno, que tuviesse la misma Patrona, que Jaca la grande, porque Dios y los Santos no reparan en estaturas; y para esto me acuerdo, que traxo allá un tiesto de Isabel, quando unció por Rey á David. — «Samuel diria el Cura», interrumpió el Maestro Prudencio. — Samuel ó Isabel, que para lo de Dios todo es uno, prosiguió el Tio Borrego, á quien dixo su Magestá, que no mirasse en su estatura si era grande ó chica, y luego lo dixo en latin tan craro y tan clavado, que lo entendió hasta la mi Coneja, que assí se llama mi muger Barthola Conejo, para servir á Dios y á su Eternidad. En fin, tantas y tales cosas nos dixo de la groriosa Santa, que se juntó aquel mismo dia el Concejo, y allí encontinenti votamos todos, que havia de ser Patrona del Lugar; y de mas á mas fundamos una Cofradía, en que entraron casi todos los vecinos; y por fin y por proste hicimos todos obrigacion ante el Fiel de Fechos de hacer todos los años á la bendita Santa una fiesta, que, déxelo señor, no la hay mas célebre en toda la redonda; y, como digo, cada Mayordomo se esmera en traer el Perdicador mas famoso de toda la tierra; y ansí en los tres años c’a que se fundó la Cofradía, el primero perdicó un Padre Enfinidor, que se perdia de vista; el sigundo uno de estos Padres gordos, que se llaman... que se llaman... válate Dios, como se llaman! se llaman Padres... Padres... es ansina una cosa á manera de gubilete. — «Padres Jubilados», dixo el Maestro Prudencio. — Sí, un Padre Jibalado, continuó el Tio Borrego, y en verdá que era una Aguila: y este año, que es el tercero y á mí me ha tocado ser mayordomo, luego puse los ojos en nuestro Padre Fray Bras, porque, desde que le oí el Sermon de San Benito del Otero en Cevico de la Torre, al memento le eché el ojo, y dixe acá para mi sayo: ya te veo que eres Garza, y, como yo sirva alguna Cofradía, no se me escapará este pájaro.

14. A este tiempo entró el Granjero con la comida, y ya le pesaba al Maestro Prudencio haverle dado tanta prisa para que los despachasse, porque iba tomando gran gusto á la conversacion del Tio Bastian. No obstante, como le hacian mayor fuerza los inconvenientes, que temia, de que el Predicador mayor y Fray Gerundio hablassen á solas y despacio, llevó adelante su primera idéa, de que comiessen presto y despedir á los huéspedes luego que comiessen; y assí dió órden al Lego, para que, miéntras ellos tomaban un bocado, echasse un pienso á las Cavallerías.

15. Durante la comida, preguntó el Padre Maestro al Tio Borrego, como se entendian los Predicadores para predicar de una Santa, de quien havia tan pocas noticias en Castilla? A esso, Padre nuestro, respondió el Tio Bastian, ya nuestro Cura da providencia; porque ha de saber su Excelentíssima, que le umbiaron de Jaca un rimero de Sermones como assí, (y levantó la mano derecha como media vara), todos imprimidos, que es un pasmo. Parece á ser que estos Sermones todos son exemprales, ó como se llaman, de uno que compuso un Flayre á la Señora Santa Orosia, para predicarle en la Zuidá de Jaca, y que al cabo no le perdicó allá, no sé por qué tracamundanas, y corre ve y díles, que dubió de haver habido. En fin el Flayre, que dicen era hombre encercunstanciado y de los mas guapos Perdicadores que havia en aquellas tierras, aunque no perdicó el Sermon, le imprimió, y, porque tiene grande amistad con el señor Cura, le umbió el rimero que dixe; y el señor Cura, luego que sale Mayordomo de la Cofradía, le da un exemprar, para que se lo entregue al Perdicador que nombrare, y le sirva, como dicen, de pautero. Pero á la salú de su ausencia, esentíssimo Padre, y mojemos la palabra; y echóse á pechos un vaso de á quartillo.

16. — «Buen provecho, Tio Bastian, respondió el Maestro Prudencio, y continuó diciendo: Sin duda que esse Sermon debe ser muy especial, y que traherá grandes noticias de Santa Orosia.» — Yo, Padre nuestro, prosiguió el buen Borrego, limpiándose los vigotes y relamiéndose el trago, soy un probe simpre, que no sé leer ni escribir, y no lo entiendo; pero un hijo mio, que es un lince, pues no tiene mas que diez y ocho años, y ya anda por processo, nos le leyó una noche á la mi Coneja y á mí, y nos pareció que decia unas cosas muy hondas. Ello es empusible de Dios, que no sea uno de los mas estupendíssimos Sermones, que se han perdicado en el mundo; porque vea usa Trinidad, sobre que anda de letra de molde y se ha empremido! Pero, si su Caridá gusta de leerle, dexe, que yo pediré uno á Mosen Guillen, y se le traeré, quando guelva á dexar en su Convento nuestro Padre Perdicador mayor.

17. — «No es menester, replicó Fray Blas, que yo daré á V. Paternidad el que me presentó el señor Mayordomo, que ahí le traigo en la alforja, porque me embelesa tanto su lectura, que no acierto á dexarle de la mano, y de puro leerle casi le he aprendido de memoria. Es de los grandes Sermones que he leído en mi vida.» — «Y toca todas las circunstancias?» preguntó entónces Fray Gerundio. — «Déxame echar un trago á la salud de nuestro Padre Maestro, y despues te responderé.» Bebió Fray Blas otro vaso de vino, que estaba á nivel con el de su Mayordomo, limpióse con sosiego y con autoridad, y prosiguió diciendo: «qué llama si toca todas las circunstancias? No dexa una, que no toque; pero como? Toca el sitio donde está fabricada la Iglesia de Jaca; toca su Escudo de Armas; toca el del Señor Obispo, que era á la sazon; toca el número de los Regidores de la Ciudad, toca el de las mugeres, que en otro tiempo la defendieron contra los Moros; y, aunque es verdad, que ninguno oyó el Sermon, porque no se predicó, pero, como le compuso para que le oyessen, toca el número sin número de los que pudieran oírle; y finalmente toca hasta el de los que llevaban el palio, que eran ocho. Y todo con unos textos tan oportunos, tan adequados, y tan literales, que no hay mas que pedir, y parecia impossible, que ingenio mortal pudiesse llegar á tanto. Esto es predicar, ó esto es componer Sermones! que todo lo demas es paja.» Y casi fuera de sí dió una palmada en la mesa, tan recia que faltó poco, para que vasos, salvilla, y jarro diessen en tierra; y lo que es el jarro, assegura un Autor fidedigno, que huviera caído al suelo, á no haverse abrazado prontamente con él, al tiempo de bolcarse, el vigilantíssimo Sebastian Borrego.

18. Siglos se le hacian al bendito Fray Gerundio los instantes, que tardaba en leer un Sermon, que ponderaba tanto un hombre como el Padre Fray Blas, á quien él tenia por el mayor espanta-pueblos, que conocian los Púlpitos de aquel Siglo. Rebentando estaba por pedírsele, y ya tenia en el borde de los labios las palabras, quando le contuvo el respeto del Padre Maestro, á quien ya el otro se le havia ofrecido; y tambien fué parte para detenerle un poco de miedo que le havia cobrado, hasta saber qué dictámen formaba del tal Sermon su Paternidad, y mas que le notó no sé qué gestos displicentes, miéntras Fray Blas estaba ponderando el primor y la menudencia, con que se tocaban en él todas las circunstancias.

19. Con efecto, al machucho del Padre Maestro Fr. Prudencio le havia dissonado tanto esto, que prorrumpió diciendo: «Aceto el Sermon, que me ofrece el Padre Predicador, no mas que para divertirme con él y compadecerme del que le compuso; pues por lo demas, supuesto lo que el Padre Predicador dice, no necessito leerle para juzgar desde luego, que será un texido de despropósitos, de disparates, y de puerilidades, sin que tenga de Sermon mas que el título y el thema. Sermones de circunstancias, y de tales circunstancias! No se ha inventado locura mayor, mas torpe, mas indigna de la Cáthedra del Espíritu Santo, ni que mas acredite la mala cabeza del Predicador, el depravado gusto de los oyentes, y la lastimosa ignorancia, que hay en unos y en otros, de lo que es verdadera eloquencia. Solo en España se estila esta vergonzosa necedad; y aun en España no se introduxo hasta mas de la mitad del Siglo passado, en que comenzaron á profanar el Púlpito con estas ridículas indecencias unos títeres ó unos Poetuelas en prosa, á quienes la ignorancia del vulgo aclamó por grandes Predicadores. No se me señalará ni un solo Sermon de estos, que se llaman circunstanciados, que sea de data mas antigua. Todas las Naciones extrangeras hacen una gran burla de nosotros, (y lo peor del caso es, que la tenemos bien merecida,) por esta impertinente, loca, y pueril extravagancia.»

20. «Sermon de circunstancias! Pues, acaso hay otra circunstancia en el Sermon, que la de predicar del Santo, del mysterio, ó del assunto de que se habla? Qué conexion tiene con las virtudes de Santa Orosia, que la Cathedral de Jaca esté en este sitio ni en el otro, y se llame assí ó asá? que las armas del Obispo sean un Leon ó un Abestruz? que la Iglesia Cathedral tenga por escudo dos llaves con dos puertas ó dos arcas sin cerradura? que los Regidores sean nueve, ó sean veinte? que lleven el palio ocho ni ochenta? y finalmente, qué arte ni parte tuvo Santa Orosia, ni qué gloria se la sigue, de que las mugeres Jaquetanas huviessen defendido la Ciudad contra los Moros, quando esta hazaña sucedió muchos años ántes, que huviesse Santa Orosia en el mundo? Conduce nada de esto para formar un gran concepto del mérito de la Santa, una grande idéa de su poder, una viva confianza en su proteccion, ni para alentar á la imitacion de sus heróycas virtudes, que es ó debe ser todo el empeño de los Sermones Panegýricos?»

21. «Los Maestros de la Eloquencia Sagrada, ni aun profana, usaron jamas estas impertinencias? Hállase por ventura ni un remoto rasgo de ellas en los Sermones, en las Homilias, en los Panegýricos de los Santos Padres? Ciceron y Quintiliano hicieron nunca assunto de semejantes vagatelas? Si un Abogado se introduxesse en Estrados públicos á hablar en un pleyto, haciendo circunstancia de las armas del Presidente, de los Escudos de los Jueces, del Dosel de la Sala, del artesonado de la pieza, y de otras necedades semejantes, habria paciencia para dexarle acabar su harenga? y no dispondrian luego que fuesse á concluírla á los Orates? Pues aquí de Dios y de la razon: como se sufre esto en los Predicadores? como se les aplaude? como se les celebra? como no se convierten en sylvos los elogios? y como no vuelan contra ellos los sombreros y las monteras, á falta de tronchos? Pero esto era para mas despacio, y tampoco es para aquí. Ahora, pues, ustedes han acabado ya de comer, y tienen que andar cinco leguas hasta Jacarilla; Fray Gregorio saca las Cavallerías; Fray Blas, déxeme esse Sermon para entretenerme, y no hay que perder tiempo, que se va haciendo tarde.»

22. Por mal de sus pecados, al querer levantarse de la mesa el bueno del Mayordomo, no pudo, porque le pesaba mas la cabeza, que lo restante del cuerpo. Era el caso, que, miéntras el zeloso Fray Prudencio havia estado tan enardecido predicando contra los Predicadores, que perdian neciamente el tiempo en hacerse cargo de ridículas circunstancias, el Tio Bastian no le havia perdido, y menudeando los tragos, que todos eran de á folio, el vino hizo su oficio; y, quando quiso ponerse en pié, cayó entre la mesa y el banco, teniendo la desgracia de tropezar con la cabeza en la esquina de este, y se hizo una herida, que parecia una espita. No huvo mas remedio, que aplicarle una estopada, llevarle entre quatro Mozos de la Labranza á la cama, y darle tiempo hasta el dia siguiente para que volviesse del rapto.