7. «Bien sé, que algunos monos condenan mucho en la prosa esta especie de cadencia, y mucho mas quando se junta la asonancia, queriendo persuadirnos, que tanto disuena el verso en la prosa, como la prosa en el verso. Citan para esso, entre otros muchos, á no sé qué Longino, Autor allá del Siglo de Oro, que trata de pueriles, de insensatos, y aun de rudos á los que usan de este estilo: Puerile est, imo tardi rudisque ingenii, solutam orationem in amœna versus harmonia contexere. Pero, qué importa que lo diga Longino? Ni qué caso hemos de hacer de un hombre, que acaso seria tercero ó quarto nieto del que dió la lanzada á Christo? Fuera de que Longino escribió en Griego; y los que le traduxeron en Latin y en Francés, le pudieron haver levantado mil testimonios. Finalmente, lo que á todo el mundo suena bien, por qué ha de ser disonante? Pero vamos prosiguiendo con los títulos y assuntos de Sermones.»

8. «Muger llora, y vencerás: sermon á las lágrymas de la Magdalena. Qué cosa mas divina que haver acertado á representar el amargo llanto de la muger mas penitente, con el título, y aun con los amatorios lances, de una de las Comedias mas profanas? Estos primorcillos no se hicieron para ingenios ramplones y de quatro suelas. El Lazarillo de Tormes: sermon predicado en la Domínica quarta de Quaresma, llamada comunmente de Lázaro, á cierta Comunidad Religiosa; en el qual apénas hay travesura, enredo, ratería, ni truhanada de aquel famoso Pillo, ó idéa fingida de un famoso salteador de figones y mal-cocinados, que no se acomode con inimitable propiedad á la resurreccion de Lázaro, de la que hizo assunto el Predicador, dexando el propio de la Domínica, y predicando solo del nombre que se daba á aquella semana. Lo Máximo en lo Mínimo: sermon predicado á San Francisco de Paula, sin salir de este oportuno retruecanillo, que parecia nacido para el intento.»

9. «El particular in essendo, y universal in prædicando: sermon famoso al célebre Confalon de cierta Ciudad, que es el Lydius Lapis de los Predicadores de rumbo, y los Sermones suelen ser unas bellas corridas de Toros, ingeniosamente representadas desde el Púlpito, sacando á plaza todos quantos Toros, Novillos, Bueyes, y Bacas pacen en los Campos de las Letras Sagradas y profanas, y convirtiéndose el Estandarte ó Vandera del Confalon en vanderilla, que comunmente clava el auditorio al Predicador, porque no ha dado en el chiste. En fin, porque ya me voy dilatando demasiado en esta regla, si quieres tú dar en el chiste de los assuntos, no tienes mas que imitar los del celebérrimo Florilegio Sacro, que debe ser tu pauta para todo. Allí encontrarás los siguientes: Gozo del padecer, en el padecer del gozar, á los Dolores gozosos de la Vírgen. Real estado de la razon, contra la chimérica razon de estado: Viérnes de enemigos. Luz de las tinieblas, en las tinieblas de la luz, al Santíssimo Sacramento. Dicha de la desgracia, en la desgracia de la dicha, al entierro de los huessos de los difuntos; y assí de casi todos los assuntos de aquel nunca bastantemente alabado ingenio y verdaderamente monstruo de Predicadores. Si algun hombre de genio melancólico, indigesto, y cetrino quisiere persuadirte, como muchos han intentado persuadírmelo á mí, que esta especie de assuntos ó de títulos, sobre no tener sal, gracia, agudeza, ni rastro de verdadera ingeniosidad, son pueriles, alocados, y muy agenos de la seriedad, gravedad, y magestad, con que se deben tratar todas las materias en el Púlpito; nunca te metas á disputar con ellos, déxalos que abunden en su opinion, házlos una grande cortesía, y sigue tú la tuya. Porque, aun dado caso que ellos tengan razon, los que la conocen son quatro, y los que se pagan mucho de estos sonsonetes, epíthetos cómicos, antíthesis, y bocanadas, son quatrocientos mil.»

10. — «Quarta regla. Sea siempre el estilo crespo, hinchado, herizado de Latin ó de Griego, altisonante, y, si pudiere ser, cadencioso. Huye quanto pudieres de voces vulgares y comunes, aunque sean propias; porque, si el Predicador habla desde mas alto y en voz alta, es razon que tambien sean altas las expressiones. Insigne modelo tienes en el Autor del famoso Florilegio, y solo con estudiar bien sus frases harás un estilo, que aturrulle y atolondre á tus auditorios. Al silencio, llámale taciturnidades del labio; al alabar, panegirizar; al ver, atingencia visual de los obgetos; nunca digas habitacion, que lo dice qualquier payo, dí habitáculo, y déxalo por mi cuenta; existir es vulgaridad, existencial naturaleza es cosa grande. Que la culpa original se deriva por el pecado, á cada passo lo oímos; pero, que se traduce por el fómes del pecado, si no fuere mas sonoro, á lo ménos es mas Latino y mas obscuro; y acaso no faltará algun tonto, que juzgue, que el primer pecado se cometió en Hebréo, y que un Escritor ó Literato llamado Fómes le traduxo en Castellano. Algun escrupulillo tengo, de que la proposicion (salvo la hermosura de la frase) es disparatada, porque la culpa no se deriva ó no se traduce por el pecado, sino por la naturaleza, que quedó infecta con él. Pero al fin, la verdad de esto quédese en su lugar; porque, como soy poco Theólogo, no me quiero meter en lo que no entiendo.»

11. «Guárdate bien de decir nunca la Vara de Aaron, porque juzgarán, que es la vara de algun Alcalde de Aldéa; en diciendo la Aaronítica Vara se concibe una vara de las Indias, y se eleva la imaginacion. Cecuciente naturaleza es claro que suena mejor, que naturaleza corta de vista, porque esta última expression parece que está pidiendo de limosna unos anteojos de vista cansada. Sobre todo, ignitas aras del deseo, por deseo ardiente y encendido, es locucion que embelesa. Basten estos verbi-gracias, para que sepas las frases que has de estudiar, ó á lo ménos imitar, en el Florilegio Sacro, y con esto solo harás un estilo cultíssimo por el camino mas fácil. Para que comprehendas mejor, qué cosa tan bella es esta, oye una cláusula en el mismo estilo, formada casi solamente de los propios términos: Quando la cecuciente naturaleza, superando los ignitos singultos del deseo, erumpe del materno habitáculo, y presenta su existencial ser á las atingencias visuales, aunque con la lare original traducida por el fómes, los circunstantes se erigen, qual Aaronítica Vara, ansiosos de conspicirla. Dígote de verdad, que un Sermon en este estilo, no hay oro en el mundo para pagarle.»

12. «Hay otro estilo tambien muy elevado, aunque por diferente rumbo, el qual no consiste en frases peregrinas ó latinizadas, sino en una junta y harmoniosa mezcla de voces, que, siendo cada una de por sí natural, llana, y sencilla, las da la colocacion no sé qué ayre primoroso, que hechiza, suspende, y arrebata. Esto mejor se explica con exemplos: supongamos, que me huviessen encargado un Sermon de Honras, y que, para explicar mi dolor por la muerte de la persona, á quien se dedicaba la Oracion fúnebre, diesse principio á ella de esta manera: Hay de mí! no sé qué siento en el alma: parece que esta se me arranca, ó forceja por salirse del cuerpo. El corazon quiere seguirla: la garganta se me añuda; la voz no acierta con los labios. A no suplir un precepto la falta del espíritu, no seria possible hablar. Los suspiros se atropellan en la boca, y al salir de tropel, mezclándose con las lágrymas, turban la vista, sin dexarla percebir mas que obgetos melancólicos y tristes. No te parece, que seria esta una grandíssima frialdad, y que á lo ménos qualquiera simple vejezuela entenderia lo que queria decir? Pues oye como explicó este mismo concepto un venerable Varon en el Exordio de aquella Parentacion dolorosa, Oracion fúnebre, y Epicedio triste, de que te hablé en la segunda regla.»

13. «Hay de mí! qué pavor recibe el alma! qué desmayo el corazon asusta! El alma fugitiva de sí misma, aun de sí misma no acierta á dar noticia; el corazon saliéndose del pecho apénas late, porque á penas de essa tumba solo pulsa; anudada la garganta, es áspero cordel el mismo aliento; desmayada la voz, halla un cariño, que las ausencias supla del espíritu, porque se ve animada de un precepto; árbitro este del balbuciente labio, confundiendo los atropellados suspiros del pecho con la copiosa lluvia de los ojos, solo libres para atormentarse con tristezas. Qué te parece? no es este un encanto? Y qué importará, que el Ilustríssimo Señor Valero, en aquella su célebre Carta Pastoral (que no sé cierto por qué la han alabado tanto los hombres mas doctos de la Monarchía), haga una sangrienta sátyra contra el estilo elevado en los Sermones, especialmente quando le usan unos hombres, que, por su profession austera y penitente, y por su trage de mortificacion, menosprecio del mundo, mortaja, y desengaño, parecia que ni en el Púlpito ni fuera de él havian de abrir la boca, sino para pronunciar huesos, calaberas, juicio final, y fuego eterno? No me acuerdo de sus palabras formales; pero bien sé que son muy semejantes á estas:»

14. «Qué es ver subir al Púlpito á un Predicador, amortajado mas que vestido, con un estrecho saco, ceñido de una soga, de que hasta el mismo tacto huye ó se retrahe; calado un largo capucho pyramidal hasta los ojos, con una prolongada barba, salpicada de canas cenicientas; el semblante medio sorbido de aquel penitente bosque, y lo demas pálido, macilento, y extenuado al rigor de los ayunos y de las vigilias; los ojos hundidos hácia las concavidades del celebro, como retirándose ellos mismos de los obgetos profanos, y gritando mudamente: apartadnos, Señor, de la vanidad del mundo! Qué es ver, digo, á este animado esqueleto en la elevacion de un Púlpito, asustando con sola su vista aun á los que no son medrosos, proponer el thema del Sermon con magestad, arremangar el desnudo brazo, mostrar una denegrida piel sobre el duro hueso, hasta el mismo codo, y dar principio al Sermon de esta ó de semejante manera:»

15. «Bizarro propugnáculo de España, célebre Colonia Latina, idéa de Cónsules claríssimos, y gloria de los Pueblos Arévacos, qué es esto?... Qué es esto, bella emulacion del Orbe, jurada Reyna de los Carpentanos montes, en cuya ilustre falda, si la vista de dos profundos Valles te ciñe, el murmuréo de Eresma y de clamores te acompaña?... Qué es esto, Arco de paz peregrina, donde los ciento y cinquenta y nueve de tu Puente son trophéos gloriosos del que ostenta Millan en este dia, por Real florido Iris de su Cielo? Et reliqua.»

16. «No quedaria escandalizado el Auditorio (prosigue la substancia de dicho melancólico Prelado) al oír aquel viviente cadáver prorrumpir en unas voces tan pomposas, tan hinchadas, tan floridas; y, quando esperaban escuchar de unos labios emboscados en la espesura de aquella penitente barba, ó desengaños que los aterrassen, ó inflamados afectos que los encendiessen, hallarse con una relacion crespa, sonora, retumbante, la mitad en prosa, y la mitad en verso, que no pareceria mal en unas tablas? Si saliesse al Theatro un Comediante con su peluca blonda y empolvada, sombrero fino de plumage, y por cucarda un lazo de diamantes, chupa de riquíssima tela, casaca correspondiente á la chupa, medias bordadas de oro, zapatos á la gran moda, con dos lazos de brillantes por evillas, espadin de puño de oro, baston del mismo puño, camisola y vueltas de Paris, bordadas con exquisito primor; y él de estatura heróyca, de semblante grato y señoril, de talle ayroso, de bizarra planta, de noble y desembarazado despejo; y, puesto enmedio del Tablado, componiéndose las vueltas, dando dos golpecillos alhagueños hácia las caídas del peluquin ó de la peluca, proporcionando la postura, hecha una ayrosa cortesía al silencioso concurso, y calado garvosamente el sombrero, rompiesse en esta relacion: