Ahora, Señor, ahora,
Que la inexorable Parca
Quiere aplicar á mi vida
Los filos de su guadaña.
Ahora, ahora, Señor,
Que, postrado en esta cama,
Me siento tal, que no sé
Si he de llegar á mañana.
havria bastantes sylvos para él en la mosquetería? No agotaria todas las peras, manzanas, y tronchos de la cazuela? El Alcalde de Corte, que fuesse semanero, no daria pronta providencia para que llevassen á aquel pobre hombre á la Casa de la Misericordia? Sí. Pues, á mal dar, tan loco es un Capuchino que representa en el Púlpito, como un Comediante que hace Mission en el Theatro. Y lo mismo se debe entender de qualquiera Predicador, sea de la profession que se fuere; pues el haver puesto el exemplar en un Capuchino, es por la especial disonancia que hace esta ojarasca y vana frondosidad en aquel trage.» Hasta aquí la substancia de dicho Ilustríssimo; pero qué substancia tiene todo esto? El maligno cotejo, que hace entre el Predicador y el Comediante, no viene al caso, por mas que parezca convincente; porque, si en las Tablas se representan Vidas de Santos y Autos Sacramentales en verso, por qué no se podrán predicar en los púlpitos relaciones y jácaras en prosa? Que me respondan! que me respondan á esta retorsioncilla!»
17. «Otro estilo hay, que, sin ser elevado en la expression, es de gran gusto en el sonsonete, y son pocos los Auditores, que no se alampan por él. Este es el cadencioso, diga Longino lo que quisiere, y digan lo que se les antojare todos los descendientes por linea recta de los Sayones, que dieron muerte al Salvador. El estilo cadencioso es de dos maneras: una, quando la cadencia es de verso, ya lýrico, ya heróyco; otra, quando consiste en cierta correspondencia, que tiene la segunda parte de la cláusula con la primera, como si la primera acaba en onte, que la segunda concluya en unte; si la caída de una es en irles, la de la otra sea precisamente en arles; si aquella termina en Tamborlan, esta termine en Matusalen. Los exemplos te pondrán esto mejor delante de los ojos.»