18. «Cadencia de verso lýrico. Fuera del divino exemplar, que ya te puse en el famoso Sermon, intitulado: Parentacion dolorosa, Oracion fúnebre, Epicedio triste, oye otro sacado de cierto Sermon, que se predicó con extraordinario aplauso en una Cathedral, donde hervian los hombres doctos como los garbanzos en olla de potage, y todo él fué por el mismo estilo, sin perder siquiera pié ni sílaba. Asustada mi ignorancia,... confuso mi encogimiento,... ni sé si atribuya á dicha,... ni sé si desgracia sea... la que busco en mi eleccion,... para tanto desempeño,... mil assuntos al sonrojo,... mil materiales al susto... Pues, si balbuciente el labio... se esfuerza á articular voces,... es seguro el desacierto. Dat, lingua nesciente, sonos: Y si abysmado en mí mismo,... á impulsos de conocerme,... busco en el silencio asylo,... ó es silencio irreverente,... ó es sospechoso el silencio. Silentium mihi ignaviæ tribuisti: Pero entre estos dos escollos... tenga paciencia el Scyla,... y toléreme el Carýbdis,... que por no estrellarme ingrato,... en peñas de desatento,... escojo naufragar triste... contra rocas de ignorante. Y assí va prosiguiendo sin perderle pizca hasta el mismo quam mihi. No te puedo ponderar, quanto se celebró este Sermon: en el mismo Templo resonaron mil vítores y vivas, y despues hasta las mismas Damas compusieron décimas en elogio del Predicador. Por merecer esta dicha, y por lograr esta gloria, no se pueden llevar en paciencia todas las lanzadas de esse Longino ó Longinos de mis pecados, que tan mal está con este bellíssimo estilo?»
19. «Cadencia de verso heróyco. Un Sermon al glorioso San Ignacio de Loyola comienza de esta manera: Al Marte mas Sagrado de Cantabria;... al que en las venas del nativo suelo,... para morrion, espada, peto, y coto,... forma encontró, y materia inaccessible... A la bomba, al cañon, al rayo ardiente,... al que nació Soldado, mal me explico,... al que nació Alexandro de la gracia,... y desde que dexó el materno alvergue,... con una Compañía y con su brazo,... aspiró á conquistar á todo el mundo,... juzgando (y no tan mal) que le sobraba,... la mitad de la tropa, y mucho aliento... Al grande Ignacio, digo, de Loyola,... reverentes consagran estos cultos,... émulos de su fuego sus Paysanos, etc. Asseguróme uno, que se halló presente, quando se predicó este gran Sermon, que, no obstante de ser immenso el Auditorio, no se oyó en todo él ni siquiera un estornido. Tanta era la suspension de los ánimos, y el embeleso con que todos le escuchaban. Pues, qué caso hemos de hacer de quatro carcuezos, que, porque ellos tengan ya el gusto destituído del calor natural, nos vengan á jerobear la paciencia, y á decirnos que este estilo y modo de predicar no es de Oradores, sino de Orates?»
20. «Finalmente, hay cadencia, que, sin ser de verso lýrico ni heróyco, es de correspondencia de períodos, y no hay duda, sino que es una belleza. Admirable exemplo en un Sermon predicado con sobrepelliz y bonete, á la Canonizacion de San Pio Quinto. Su principio era este: «Ya, ya sé á quienes intima fatales sobresaltos el eco de estos sonoros universales cultos. Ya, ya sé que el apothéosis del Máximo Pontífice Pio Quinto inquieta, alborota, turba sus erizadas olas al Lepanto. Ya, ya sé que el eco del sonoro clarin del Vaticano desmaya, estremece, atemoriza el orgulloso corazon del Agareno.» Y assí va prosiguiendo, sin que en todo el Sermon (que no es corto) se encuentre media docena de cláusulas, que no medien y no terminen en este ayrosíssimo sonsonete. Díme, amigo Fray Gerundio, no te embelesan estos diferentes géneros de estilo? No te hechizan? Y no es menester, que tengan unos oídos con todo el órgano al revés, aquellos á quienes disuenan?» Ibale á responder Fray Gerundio, á tiempo que llegó á ellos corriendo y exhalado un mozo de la Granja, diciendo, que el Padre Maestro los llamaba, porque el Arcipreste havia hecho su visita, acabado su consulta, y se havia vuelto á su casa.
21. No es ponderable quanto sintieron uno y otro, que se les interrumpiesse la conversacion, porque havia tela cortada para muchas horas. Pero, no pudiendo escusarse de acudir al llamamiento de nuestro Padre, tuvieron que volverse á la Casa, dexando dentellones de la obra para proseguirla en mejor ocasion. No obstante, por el camino, en que no aceleraron mucho el passo, Fray Blas volvió á repetir brevemente las mismas lecciones á su discípulo, para que se le imprimiessen mas en la memoria, y añadió, que todavía tenia que darle otras reglas muy importantes acerca de las partes mas essenciales de que se compone un Sermon, como de las entradillas, ó de los arranques, de las circunstancias en la Salutacion, que, diga nuestro Padre, ni un Capítulo entero de Padres nuestros, lo que se les antojare, son la cosa mas necessaria, la mas oportuna, la mas ingeniosa, y la que mas acredita á un Predicador; del elogio de los otros Predicadores, en funciones de Octava ó fiestas de Canonizacion, quando han precedido ó se han de subseguir otros Sermones; del modo de disponer y de guisar estos elogios; de la clave para encontrar en la Sagrada Escritura y en las letras profanas el nombre ó el oficio de los Mayordomos, y muchas veces todo junto; del uso de la Mythología, de las Fábulas, de los Emblemas, y de los Poetas antiguos, cosa que ameniza infinitamente una Oracion; de los assuntos figurados ó metaphóricos, tomándolos ya de los Planetas, ya de los metales, ya de las plantas, ya de los brutos, ya de los peces, ya de las aves. Como v. gr. llamar á Cristo en el Sacramento el Sol sin Ocaso, ó el Sol que nunca se pone; á San Juan Chrysóstomo el Potosí de la Iglesia, aludiendo á las minas del Potosí, y á que Chrysóstomo quiere decir Boca de Oro; á Santo Domingo la Canícula en su tiempo, con alusion al Perro que le figuró en el seno materno, y á que la fiesta del Santo se celebra en la Canícula; á Santa Rosa de Lima la Rosa de la Passion; á San Francisco Xavier el Eleutropio Sagrado, ó el divino Girasol, porque siguió con sus passos al Planeta, que, dicen, sigue esta planta con su vista, y assí de los demas.
22. — «Estas y otras mil cosas tenia que decirte, pero lo que se dilata no se quita, y los mismos Sermones, que vayas predicando, me irán dando oportunidad para decírtelas. Lo que ahora te encargo es, que no hagas caso de las maximotas de nuestro Padre Maestro Fray Prudencio, ni de las de otros de su calaña, porque estos hombres tienen tan arrugado el gusto como la piel, y solamente les agradan aquellos Sermones, que se parecen á los de los Theatinos, infierno por delante, y Christo en mano.» Dióle palabra Fray Gerundio, de que no se apartaria un punto de sus consejos, de sus principios, y de sus máximas; y con esto entraron en la Granja, donde passó lo que dirá el capítulo siguiente.
CAPITULO III.
Lee el Maestro Prudencio el Sermon de Santa Orosia; da con esta ocasion admirables instrucciones á Fray Gerundio, pero se rompe inútilmente la cabeza.
No era tan temprano, quando los dos volvieron á la Granja, que no hallassen al Maestro Prudencio con el belon encendido, montados los anteojos en la punta de la nariz, con el Sermon de Santa Orosia delante de sí, un polvo en una mano, reclinada la cabeza sobre la otra, la caja abierta encima de la mesa, y el gesto un si es no es avinagrado. Y fué assí, que, como el Predicador Fray Blas le havia dicho, que llevaba el Sermon de Santa Orosia en las alforjas, y se le havia ofrecido, él, luego que montó el Arcipreste, y apénas acabó de rezar Maytines y Laudes para el dia siguiente, quando con la licencia de anciano y con la autoridad de Padre Maestro registró las alforjas, dió con el tal Sermon á poco escrutinio, y se puso á leerle. Pero á la primera cláusula fué tal el enfado que le causó, que, á no haverle contenido su genio blando y apacible, le huviera hecho pedazos.
2. Apénas avistó en la sala á los dos passeantes, quando, encarando con Fray Blas, le dixo, no sin alguna colerilla: «Dígame, Padre Predicador, y es possible, que me alabasse tanto este Sermon de Santa Orosia? Ya por su misma relacion sospechaba yo lo que seria; ya me daba el corazon, que no havia de encontrar en él mas que necedades y disparates; pero confiesso, que nunca creí encontrar tantos. Yo no sé, por qué motivo no le predicó el Orador; solo sé, que, si yo huviera de dar licencia para predicarle, tarde le predicaria.» — «Padre Maestro, respondió el Predicador, entre entonado y desdeñoso, alabé esse Sermon, y vuelvo á alabarle, y digo, que son pocos todos mis elogios para los que él merece.» — «Pues dígame, pecador de mí, le replicó el Maestro Prudencio; no basta la primera cláusula para calificar al Autor de un pobre botarate? Señores, estamos en Jaca, ó en la Gloria? Todo el chiste de esta pueril y ridícula entradilla consiste en que es muy parecida á aquella vulgaridad de chimenéa y bodegon: Señores, estamos aquí, ó en Jauja? Miren por Dios, qué arranque tan oportuno para dar principio á una Oracion Sagrada, y en un Theatro tan sério! Vamos adelante. Pero quien duda estamos en la Gloria, estando en Jaca? Porque, si el sitio de la Gloria es el Cielo, hoy es un Cielo este sitio. Puede haver retruecanillos mas insulsos, ni paloteado de voces mas insubstancial?»