3. «Y como probará, que la Iglesia de Jaca se equivoca con el Cielo? Valiéndose de un embrollo de embrollos, sin atar ni desatar, y confundiendo el Cielo material con la Gloria, como á él le parece, que le viene mas á cuento. Dice, que es un Cielo aquella Iglesia, lo primero, porque la Gloria se llama Iglesia Triunfante, y es Iglesia Triunfante la de Jaca, porque en el sitio que ocupa se ganó una victoria contra los Moros, y desde entónces se llamó el Campo de la Victoria. Por esta cuenta, tambien la famosa Mezquita de Damasco se pudiera llamar Mezquita triunfante, pues en ella ganaron los Moros una victoria contra los Christianos. Despropósito ridículo, y extravagante acepcion de la Iglesia Triunfante! Que no se llama assí, porque huviesse sido Campo de batalla ni de victoria de los Santos, que la componen, sino porque triunfan allí de lo que pelearon acá. Y no ha dexado de caerme muy en gracia, que, para probar la trivialíssima vulgaridad, de que el Cielo se llama Iglesia Triunfante, embarra la márgen con una prolixa cita de Silveyra, notando el tomo, el libro, el capítulo, la exposicion, y el número, muy parecido al otro tontarron de Predicador, que decia: Humilitas llamó profundamente mi Padre San Bernardo á la humildad, como lo puede notar el curioso en sus Libros de Consideracion al Papa Eugenio.»
4. «La segunda prueba de que la Iglesia de Jaca es un Cielo, es, porque el Sol es Presidente del Cielo, al Sol le llaman Mytra los Persas, el domicilio del Sol es el Signo de Leon, y el Señor Obispo de Jaca tiene Mitra, y un Leon por Escudo de Armas. Por esta regla, mas Cielos hay de tejas abaxo que de tejas arriba, porque de tejas arriba solo se cuentan once, y acá podremos contar mas de once mil, siendo cosa averiguada, que todas las Iglesias Cathedrales tienen Obispo, todos los Obispos tienen Mitra, y, si el Persa llama Mitra al Sol, tenemos acá abaxo tantos Soles como Obispos, y tantos Cielos como Iglesias Cathedrales. Vamos claros, que la prueba es ingeniosa, sútil, y terminante. Y qué nos querrá decir el Padre Doctor Predicador, en que el Signo de Leon es el domicilio del Sol? Si quiere decir, que aquella es su casa propia ó alquilada, donde vive de assiento, que esso significa domicilio, es un despropósito, de que se reirá qualquiera Ventero, que tenga en el portal de la Venta, junto al papel de la tassa, un miserable almanak. Si le llama domicilio del Sol, porque este brillante Postillon del Cielo, en su jornada anual, hace mansion por algunos dias en la Venta, ó en la Casa imaginaria de este Signo, para dar cebada de luz á sus Caballos: tan domicilio del Sol es el Signo de Cabra, como el Signo de Leon, y qualquiera de los otros onze Signos, donde descansa este Planeta, tiene el mismo derecho para llamarse su domicilio.»
5. «Tercera prueba. La Iglesia de Jaca es Cielo, porque el Cielo se llama Tyara, y Cartario dice, que tiene dos puertas con dos llaves: Las Armas de la Cathedral de Jaca son dos Llaves y una Tyara: pues aquí, qué tenemos que hacer, para declararla por Cielo con autoridad de Cartario? Pobre monigote? Todas las Iglesias, que no tienen Escudo de Armas particular, usan el de la Iglesia de Roma, que es una Tyara con dos Llaves, en significacion de su jurisdiccion, ó potestad Espiritual y Temporal, y para significar dichas Iglesias particulares, que no tienen otro Patrono que al Pontífice, y que son de la Comunion Cathólica, Apostólica, Romana. Pues étele, que por esta razon tanto derecho tiene á ser Cielo la mas pobre Iglesia Rural, como la Cathedral de Jaca, y queda muy lucido el Padre Doctor con su impertinente cita de Cartario. Pero donde está mas donoso es en las otras tres razones de congruencia, que añade, para que la Iglesia de Jaca tenga las mismas Armas que la de San Pedro en Roma, Cabeza de todas las Iglesias. Dice, que esto será, ó porque ni la Cabeza del Orbe, Roma, puede gloriarse de mayor nobleza, que la insigne Cathedral de Jaca (hicieron bien en no dexarle predicar este Sermon, porque tengo por cierto, que solo por esta proposicion aquel Ilustre y cuerdo Cabildo le huviera echado el Organo, los Perreros, y aun los Perros); ó porque parece debia estar la Cabeza de la Iglesia en Jaca, á no haverla colocado San Pedro en Roma (ya escampa, y llovian necedades); ó porque el Cielo, hermosa República de tanto brillante zafiro, es solo condigna imágen de Cabildo tan respetoso. (Y suponiendo, que su Cartario habla del Cielo formal, que es la Gloria, porque de esta dice, que tiene dos puertas con dos llaves; afirmar, que la Gloria solo es condigna imágen de la Iglesia de Jaca, no merece una coroza y una penca, ó á lo ménos ménos un birrete colorado?)»
6. «Déxolo, que no tengo ya paciencia para leer tanta sarta de despropósitos. Y este Sermon se imprimió! Y en su elogio se compusieron décimas, octavas, y sonetos! Y el buen Cura de Jaquetilla ó de Jacarilla se le presenta por modelo á los Predicadores de Santa Orosia! Y el Padre Predicador alaba tanto este Sermon!» — «Lo dicho dicho, Padre Maestro, respondió el Predicador, le alabo, y le alabaré, porque, si todos los Sermones se huvieran de examinar con essa prolixidad, y si en ellos se huviera de reparar en essas menudencias, allá iba á rodar toda la gala y toda la valentía del Púlpito.» — «Qué gala, ni qué valentía de mis pecados! exclamó el Maestro Prudencio. Es gala el decir tantos disparates como palabras? Es valentía el pronunciar á cada passo heregías, blasfemias, ó necedades? y dígame, P. Fr. Blas, qué tiene que hacer nada de esto con las heróycas virtudes de Santa Orosia, con el poder de su patrocinio, ni con la imitacion de sus exemplos, que son los tres únicos fines, que puede y debe proponerse en su Panegýrico un Sagrado Orador? Qué conducirá para la grandeza de la Santa, que el Sol entre por el mes de Junio en el Signo de Cáncer, ni que este Signo se componga de nueve estrellas, las quales, en sentir de nuestro Reverendíssimo Orador, representan los nueve Senadores ó los nueve Regidores, que constituyen el Ayuntamiento de aquella Ilustríssima Ciudad? Y qué sabemos, si esta se dará por ofendida, de que para su elogio huviesse buscado un sýmbolo encancerado, que cierto la hace poquíssima merced? y qué tendrá que ver el martyrio de Santa Orosia con que en las Estrellas hayga machos y hembras, disparate de á quintal, de que debiera reírse el Padre Maestro, aunque le leyera en todos los libros de la Bibliotheca Bizantina, quanto mas en las Tautologías de Villarroel, y no traherle á colacion en el Púlpito, para que el Auditorio imaginasse, que las estrellas procreaban y se propagaban por via de generacion?»
7. — «Padre Maestro, replicó el Predicador Fray Blas, hágase V. Paternidad cargo de que todo esso se dice en la Salutacion, la qual se destina únicamente para tocar las circunstancias, y no tiene conexion con el cuerpo del Sermon, que es donde corresponde el elogio del Santo ó de la Santa.» — «Téngase, Padre Predicador, repuso con alguna viveza el Maestro Prudencio, esso es decir, que la cabeza no ha de tener conexion con el cuerpo; que el principio no la ha de tener con el medio, ni con el fin; y que el cimiento ha de ir por un lado, y el edificio por otro. La Salutacion es parte del Sermon, ó no lo es? Si no lo es, para qué se gasta el tiempo en ella? Si lo es, porque no ha de tener conexion, órden, y trabazon con todo lo demas? Y en donde ha leído el Padre Predicador, que la Salutacion ó el Exordio de los Sermones se hizo para lisongear á los Cabildos, para disparatar á costa de los Mayordomos, para engaytar á los Auditorios, para passearse por los retablos, para correr Toros y Novillos, para tocar el son á las danzas, y para otras mil necedades é impertinencias como estas, de que se ven atestadas las mas de las Salutaciones?»
8. — «Yo no sé, Padre Maestro, si lo he leído, ó no lo he leído, respondió el satisfechíssimo Fray Blas; solo sé, que lo que se usa no se escusa, que esse es el estilo general de España, y que á los Oradores se nos encarga estar al uso, segun aquella reglecita, que saben hasta los niños: Orator patriæ doctum ne spreverit usum.» — «Bien se conoce, replicó el Maestro, que el Padre Predicador entiende todas las cosas no mas que por el sonido, y de essa manera no es de admirar, que forme tan extrañas idéas de ellas. Lo primero, essa regla no se hizo para los que llamamos Oradores ó Predicadores, sino para aquellos que hablan ó pronuncian el latin en prosa, la qual se llama Oracion, para distinguirla del verso. A estos se les previene, que, quando encontraren algun acento, que en verso no tiene cantidad fixa ó determinada de breve ó larga, sino que unas veces se pronuncia largo, y otras breve, en prosa le pronuncien siempre como acostumbran los inteligentes y eruditos de su País, y que no presuman hacerse singulares, despreciando essa costumbre. Lo segundo, aunque la regla hablara con los que llamamos Oradores, que son los Predicadores, tampoco favoreceria su intento, porque no dice ó encarga, que el Predicador siga, y no desprecie qualquiera uso, sino el uso docto, doctum ne spreverit usum, esto es, el arreglado, el puesto en razon, el que acostumbran los hombres universalmente reputados por doctos y por inteligentes en la Facultad. Este es el que propiamente se llama uso, que los demas son abusos y corruptelas. Pues ahora, señáleme un solo Orador de España, de estos que la gente cuerda tiene por verdaderos Oradores, y no por Orates; de estos que no los buscan para títeres de los Púlpitos y para dominguillos de las festividades; de estos que logran y merecen general reputacion de hombres sabios, cultos, bien instruídos, y circunspectos: señáleme, vuelvo á decir, uno solo de estos, que siga esse mal uso, que no le desprecie, que no le abomine, que no se compadezca de los que le practican y le aplauden, ó que no haga burla de los unos y de los otros; y despues hablarémos.»
9. «Por el contrario, yo estoy pronto á mostrarle muchos Sermones impressos y manuscritos de insignes Oradores modernos de nuestra España, que, haviendo predicado las mismas Festividades, y con las mismas llamadas circunstancias, sobre las quales bobearon y desbarraron sin tino otros Predicadores, que los precedieron; ellos ó las despreciaron todas con generosidad, sin tomarlas siquiera en boca; ó, si las tocaron, fué con un ayre de burla y de desprecio, que hizo visible y aun risible á todo el Auditorio la ridiculez de esta costumbre. Algunos Sermones de estos tengo en la Celda, pero por casualidad traxe conmigo uno, cuya Salutacion le he de leer, que quiera, que no quiera, y aquí le tengo debaxo del atril, porque estaba en ánimo de leérsele á Fray Gerundio. El Padre Predicador debe oírla con particular cariño, por lo que se toca en ella de su Santo S. Blas, de quien se hace tambien particular circunstancia. Es la Salutacion de un Sermon, que se predicó á la Purificacion de nuestra Señora en el dia de San Blas, y en la Iglesia de los Niños de la Doctrina de Valladolid, cuya Ciudad es su Patrona, juntamente con la Real Congregacion de la Misericordia. Todas estas teclas dicen, que se han de tocar, y el Predicador, de quien voy hablando, todas las tocó, pero de una manera, que debia llenar de provechosa vergüenza á todos los que las tañen. Despues de hacer reflexion á que en el Mysterio de la Purificacion la Vírgen hizo á Dios dos grandes sacrificios, el primero el de la reputacion ó concepto de su Virginidad, pues se purificó, como si necessitara de purificarse; el segundo el de su Unigénito Hijo, pues se le ofreció aquel dia al Eterno Padre, con pleno conocimiento de todo aquello, para que se le ofrecia; y despues de reflexionar con juicio, con solidez, y con piedad, que en estos dos grandes sacrificios padeció quanto podia padecer como Vírgen y como Madre, concluyó, que, de qualquiera manera que se considerasse el Mysterio, se debia convenir, en que el Mysterio de la Purificacion de la Vírgen era el Mysterio de su dolorosa Passion. Y, propuesto este devotíssimo assunto, prosiguió de esta manera:»
10. «Pues ahora, hablemos sin preocupacion, y discurramos con serenidad. Será bien parecido, que en un Sermon tan sério como el de la Passion de la Vírgen, me dexe yo llevar de la passion de la vanidad, acomodándome con una vergonzosíssima costumbre, que ha introducido la total ignorancia de lo que es eloquencia verdadera? Será bien, que, por no parecer ménos que otros, haga traycion á mi sagrado ministerio, pierda el respeto á esse gran Dios Sacramentado, en cuya presencia estoy, profane la Cáthedra del Espíritu Santo, y prácticamente me burle de un Auditorio tan numeroso, tan grave, tan piadoso, tan docto, tan acreedor á todo mi respeto y á toda mi veneracion? Y no haria yo todo esto, si practicasse lo que altamente abomino, lo que abominan todas las demas Naciones del mundo, y lo que no cessan de llorar, con lágrimas de sangre, quantos hombres de verdadero juicio y de verdadera crítica hay en la nuestra?»
11. «Llamado y trahido aquí por la Real, por la gravíssima, por la piadosíssima Congregacion ó Cofradía de la Misericordia, para predicar del tierno, del doloroso, del instructivo Mysterio de la Purificacion de la Vírgen, un Sermon digno de un Orador Christiano; no haria yo todo lo dicho, si, en el Sermon ó en el Exordio, me entretuviesse puerilmente en hacer assunto de la misma Cofradía, y del título que da razon de su misericordioso instituto? si levantasse figura sobre la accidentalíssima circunstancia, de que la fiesta no se celebre en el dia propio, sino en el siguiente, dedicado á San Blas Obispo de Sebaste, y de que se celebre en una Basílica consagrada tambien al mismo Santo Prelado y Mártyr? Si, finalmente, hiciesse mysterio de la educacion de essos Niños de la Doctrina, que están en primer lugar al amparo de la Vírgen y de San Blas, y despues baxo la caritativa proteccion de esta noble y leal Ciudad, y de esta Real Cofradía, no me direis: qué conexion tienen con la Purificacion de la Vírgen unas circunstancias tan distantes del Mysterio, y tan fuera del assunto? Puede haver texto en la Sagrada Escritura, que las ate ni las comprehenda, sino que sea desatando de su lugar al mismo texto, arrastrándole por los cabellos, violentándole, y profanándole, contra lo que tan severamente nos tiene prohibido á los Predicadores y á todos la Santa Iglesia?»
12. «Si yo quisiera hacer esto, como regularmente se estila, no seria una cosa muy fácil para mí? Para unir la Purificacion con la Misericordia, solo con prevenir que esta fiesta se llamó antiguamente en la Iglesia Latina, y todavía se llama hoy en la Iglesia Griega la Fiesta del Encuentro, venia clavado el textecito de misericordia et veritas obviaverunt sibi, saliéronse al encuentro la misericordia y la verdad, pero vendria clavado con toda propiedad, esto es, taladrado de parte á parte. Para la circunstancia de celebrarse la fiesta, no en el dia propio, sino en el siguiente, no tenia que salir del Evangelio del dia. Observaria el modo, con que se explica el Evangelista: Postquam impleti sunt dies, despues que se cumplieron los dias de la Purificacion: notaria con muchas recancanillas, que el Evangelista no dice, quando se cumplieron, sino despues que se cumplieron, postquam impleti sunt, y concluiria muy satisfecho de mi trabajo, que esta proposicion no se verifica rigorosamente en el dia en que se cumplen, sino en el dia despues. Y consiguientemente, que el dia propio de celebrar esta fiesta es aquel, en que la celebra esta Real Cofradía. Pero esto, qué vendria á ser en conclusion? Querer corregir la plana á la Santa Iglesia, y merecer, que me quitassen la licencia de predicar.»