11. En esto salieron los postres, un queso y un plato de aceytunas. Aquí le pareció á Fray Blas, que sin duda alguna se le havia acabado la talega á Fray Gerundio, porque qué Poeta se havia de poner á tratar de aceytunas y de queso? Pero le engañó su imaginacion, y quedó gustosamente sorprehendido, quando vió que, tomando el queso en una mano y un cuchillo en otra para partirle, recitó con mucha ponderacion este par de coplitas:

Caseus, Etruscæ signatus imagine lunæ,

Præstabit pueris prandia mille tibi.

Y sin detenerse añadió esta traduccion, que tambien havia leído:

Con un queso, parecido

A la Luna de Toscana,

Hay para dar de almorzar

A los niños mil mañanas.

— «Esso lo mismo será, glossó Fray Prudencio sonriéndose, aunque se parezca á la Luna de Valencia; pues no sé, que para el caso, ni para el queso, tenga mas gracia una Luna que otra. Y qué? no dices algo á las aceytunas?» — «Allá voy, Padre Maestro,» respondió Fr. Gerundio, y tomando media docena de ellas, dixo:

Hæc, quæ Picenis venit subducta trapetis,