Inchoat atque eadem finit oliva dapes.
Que uno construyó assí:
Esta, que no fué al Molino,
Para que no fuesse aceyte,
Unas veces es principio,
Y tambien postre otras veces.
— «Qué dices, borracho? le preguntó Fray Blas en tono de zumba: quando sirvieron de principio las aceytunas?» — «Quando? respondió Fray Gerundio, quando se comenzaba á comer por donde ahora se acaba, y quando las lechugas servian de postre, juxta illud:
Claudere quæ cœnam lactuca solebat avorum, etc.
Y si no, acuérdese Vm. de lo que dixo al principio de la cena, que nosotros comenzamos por donde acabaron nuestros Abuelos.»
12. Halló bastante gracia el Maestro en esta reconvencion, y se confirmó en su antiguo dictámen de que á Fray Gerundio no le faltaba cantera, y que solo le havia hecho falta el cultivo, la aplicacion á facultades sérias y precisas, la crítica, y el buen gusto. Pero al fin, con no poco se acabó la cena, se dieron gracias á Dios, y se levantaron los manteles; despues de lo qual tomó la mano Fray Blas, y dixo: «Padre Maestro, acabemos de evacuar el punto de las Censuras de los Libros, que nos interrumpió Fray Gregorio, porque, á lo que veo, me parece que V. Paternidad es del mismo dictámen, que aquel famoso Censor del segundo tomo del Theatro Crítico Universal, que, huyendo el cuerpo á la censura del libro, se metió á censurar á los Censores; pero en verdad que llevó brava tunda en cierta Aprobacion del tercero tomo.» — «En la substancia, respondió el Maestro, del mismo parecer soy, y hallo, que tiene mucha razon en lo que dice: el modo puede ser que no huviesse agradado á todos, porque le oí notar de pomposo, arrogante, y satisfecho; y á algunos tampoco les pareció bien, que reservasse esta crítica para aquel lugar, en que no venia muy al caso, adelantándose tal qual á argüirle de ménos consiguiente, pues, protestando en la misma Censura, que no se hallaba con ánimo de ayudar fructuosamente al Autor del Theatro en el arduo y mal recibido oficio de Desengañador, él mismo le está exercitando en la misma Censura: con esta diferencia, que el Autor del Theatro exerce el officio de Desengañador de Sabios y de ignorantes, pues á todos comprehenden los errores comunes; pero el Censor exerce el de Desengañador únicamente de Sabios, porque á solos estos, ó en la realidad, ó en la estimacion, se fian por lo comun las Aprobaciones de los Libros.»