2. Con este pensamiento se entró en el quarto, donde estaba el Maestro Prudencio todavía recogido, porque con la conversacion de sobre-cena se le havia encendido la cabeza, y havia passado mala noche. Dióle parte de la carta, con que se hallaba del Prelado, el qual le havia embiado mula al mismo tiempo, para que se retirasse, y díxole, que si mandaba algo para el Convento. El Maestro, puesto que no dexó de sentir este incidente, porque havia consentido en que, ya que no le quitasse del todo la bodoquera, podria quitarle algunos bodoques en los passéos y conversaciones de la Granja; pero al fin, viendo que no tenia remedio, huvo de conformarse, y solamente le previno, que tratasse de platicar con juicio y con piedad, porque el assunto lo pedia, advirtiéndole que, mediante Dios, esperaba oírle. «Bien está, Padre Maestro, le respondió Fray Gerundio; pierda cuydado V. Paternidad, que por esta vez pienso, que he de acertar á darle gusto»; y con esto se despidió.
3. Dice una leyenda antigua de la Orden, que en todo el camino que havia desde la Granja al Convento, que no era ménos que de quatro leguas largas, iba nuestro Fray Gerundio tan pensativo y tan dentro de sí mismo, que no habló ni siquiera una palabra al mozo, que iba delante de la mula, y lo que mas admiracion causó á todos los que le conocian, fué, que no solo no se paró á echar un trago en una Venta, que havia en la mitad del camino, pero que ni siquiera reparó en ella. Esto consistió, como él mismo lo confessó despues, en que iba totalmente preocupado en hacer apuntamientos mentales, y en buscar especies y materiales allá dentro de su memoria, para disponer una Plática de rumbo, que diesse golpe y que de contado le acreditasse.
4. Desde luego se le ofrecieron á la imaginacion, como en tropel, las confusas idéas de esterilidad, Rogativa, Cofradía, Cruz, Penitentes, pelotillas, ramales, sangre, Penitentes de Luz, etc.; y todo su cuydado era, como havia de encontrar en la Mythología ó en la Fábula algunas noticias, que tuviessen alusion con estas especies, pues, por lo que toca á la coordinacion y al estilo, esso no le daba maldita la pena, pues siguiendo el mismo, que havia usado en el Sermon de Santa Ana, y procurando imitar el inimitable del Florilegio, estaba seguro del aplauso del Auditorio, que era el único obgeto, que por entónces se le proponia.
5. Para hablar de la esterilidad, al instante se la ofreció la edad de plata y la edad de hierro; porque hasta la primera los hombres eran unos Angelitos, y la tierra producia por sí misma todo género de frutas y de frutos para su sustento y regalo, sin necessitar de cultivo, el que enteramente ignoraban; pero, como en la edad de plata comenzassen á ser un poco bellacos, tambien la tierra comenzó á escasearles sus frutos, y se empeñó en que no les havia de dar alguno, sin que les costasse su trabajo. Mas aquí estaba la dificultad; porque los pobres hombres, acostumbrados á la abundancia y al ocio, no sabian como havian de beneficiarle, hasta que compadecido Saturno baxó del Cielo y los enseñó el uso del azadon y del arado, para que en fin, costándolos su trabajo y sudor, la tierra los sustentasse. Pero luego le ocurrió, que esto no venia muy á quento, porque aquí no se trataba de esterilidad nacida de falta de cultivo, sino de falta de agua, y para esta havia de menester una Fábula, como el pan para comer.
6. Dichosamente se le vino en aquel punto á la memoria la edad de hierro, en la qual nada producia absolutamente la tierra, ni cultivada ni por cultivar; y es que los Dioses la negaron enteramente la lluvia, en castigo de las maldades de los hombres, que se havian hecho muy taymados y solo trataban de engañarse los unos á los otros, como dice el doctíssimo Conde Natal. No se puede ponderar la alegría que tuvo, quando se halló, sin saber como, con una introduccion tan oportuna; y, apuntándola allá en el desenquadernado libro de su memoria, passó á revolver en su imaginacion algunas especies de Mythología, que se pudiessen aplicar á cosa de rogativa.
7. A pocas azadonadas se le vino oportunamente á ella aquel famoso caso de Bacco, quando, hallándose en la Arabia desierta, por donde caminaba á cierto negocio de importancia, y muriéndose de sed, por no encontrar una gota de agua enmedio de aquellos adustos arenales, juntó los pastores de la Comarca, y, formando en ellos una devota Procession ó rogativa en honra del Dios Júpiter, ofreció que le fabricaria un Templo, si le socorria en aquella necessidad; y al punto se apareció el mismo Júpiter en figura de un Carnerazo fornido y bien actuado de puntas retorcidas, que, escarvando con el pié en cierta parte, brotó una copiosa fuente de agua dulce; y Bacco agradecido cumplió su voto, edificando al Dios Carnero el primer Templo, con el título de Júpiter Amon. Dióse mil parabienes por este hallazgo, especialmente quando supo despues, que el Mayordomo de la Cofradía de la Cruz en aquel año se llamaba Pasqual Carnero, y propuso en su ánima hacerle Júpiter Amon, con lo que le pareció haver encontrado un thesoro, para tocar la circunstancia principal, y tuvo por sin duda allá para consigo, que desde aquel punto no havria Sermon de Cofradía, que no le pretendiesse con empeño.
8. Remachóse en este buen concepto que hizo de sí mismo y de su grande suficiencia, quando, para hablar de la misma Cofradía, compuesta por la mayor parte de Labradores, se le vinieron al pensamiento los Sacrificios Ambarvales, que se hacian en honor de la Diosa Céres, Tutelar de los Campos y de las Cosechas; á los quales sacrificios presidia cierta especie de Cofradía, compuesta de doce Cofrades, que se llamaban los Hermanos Arvales, esto es los Cofrades del Campo, derivando su denominacion de arvus arvi, que le significa; porque, aunque es verdad, que estos no eran mas que doce, y los Cofrades de la Cruz passaban de ciento, esse le pareció chico pleyto, pues, si el número siete en la Sagrada Escritura significa multitud, mas significará el número doce en la Mythología.
9. Donde se halló un poco apurado, fué en tropezar con alguna erudicion de buen gusto, que pudiesse aludir á Cofradía de la Cruz; y despues de haverse aporreado por algun tiempo la cabeza, sin encontrar cosa que le satisfaciesse, su buena fortuna le deparó una admirable especie, que á un mismo tiempo le sirvió para cumplir gallardamente con la circunstancia agravante de la Cruz y con la de los Penitentes de Sangre, que no le daba ménos cuydado que la otra. Acordóse haver leído en un extraordinario libro, que se intitula: Idéa de una nueva Historia general de la América Septentrional, como en honor del Dios Izcocauhqui, que era el Dios del Fuego, iban los Indios al monte por un grande árbol, que con mucho acompañamiento, música, y aparato conducian al patio del Templo: allí le descortezaban con extraordinarias ceremonias; le elevaban despues á vista de todo el Pueblo, para que constasse á todos que tenia la altura, que prescribia la ley; despues le baxaban, y cada uno le adornaba con ciertos papeles teñidos en sangre propia; hecho lo qual, volvian á levantarle con gran tiento, devocion, y reverencia. Entónces los Amos tomaban acuestas á sus Esclavos, y, baylando al rededor de una grande hoguera, que estaba encendida junto al árbol, quando los pobres esclavos estaban mas descuydados, daban con ellos en las llamas, y se hacian ceniza.
10. No cabe en la imaginacion, quanto se regocijó el bendito Fray Gerundio con este, á su parecer, felicíssimo y oportuníssimo hallazgo, porque en solo él tenia quanto havia menester para lo que le restaba que ajustar. Havia árbol trahido del monte con mucho acompañamiento, y elevado con grande devocion en el patio del Templo. Qué sýmbolo mas propio del Arbol de la Cruz? Y mas que, por descortezarle despues, no perdia nada para el intento. Havia papelitos teñidos en sangre de los Cofrades, que levantaban el árbol; cosa ajustadíssima y pintiparada á los Penitentes de Sangre, pues, que esta tiñesse papeles ó tiñesse faldones, es question de nombre, particularmente quando ya se sabe, que de los faldones se hace el papel. Havia Amos, que baylaban al rededor del árbol y de la hoguera con los Esclavos acuestas, á los quales echaban despues en la lumbre, y ellos se quedaban riendo; metáphora muy natural de los Penitentes de Luz, que son como los Amos de la Cofradía, los quales se contentan con alumbrar á los Penitentes de Sangre, para que estos se quemen y se abrasen á azotes, ya entre los manojos de los ramales, ya entre las ascuas de las pelotillas.
11. Mil parabienes se dió á sí mismo por haver encontrado con una provision de materiales, los mas exquisitos y mas adequados para el intento, que, á su modo de entender, se podian juntar; y ya quisiera él, que la Plática fuesse el dia siguiente, para darse quanto ántes á conocer, pues, una vez juntos los materiales, en dos horas le parecia que podria disponerla, particularmente haviéndose de reducir á una exhortacion muy breve, como él mismo lo havia observado en las Pláticas de aquella especie, que havia oído, por quanto se comenzaba á platicar al mismo tiempo que se iba ya formando la Procession; y en órden á tomarla de memoria, esso le daba poco cuydado, porque realmente era de una memoria feliz y, como dicen, burral.